ala décima con jorge adrián betancourt
Jorge Adrián Betancourt Quintana. (1964) Santiago de Cuba. Radicado en Guisa, Provincia Granma. Poeta y trovador. Miembro de La UNEAC y del Grupo A...

Jorge Adrián Betancourt Quintana. (1964) Santiago de Cuba. Radicado en Guisa, Provincia Granma. Poeta y trovador. Miembro de La UNEAC y del Grupo Ala Décima. Ha obtenido los premios 20 de Octubre, Nacional de Glosas, Premio Iberoamericano Cucalambé, Premio colateral Célida Cortina en el Ala Décima, Premio Iberoamericano de la Décima Humorística entre otros. Tiene publicados los libros: “Diálogo inconcluso con una muchacha que sonríe”, “La red y el cardumen”, “Nosotros los cobardes”.
Está en proceso de edición su cuaderno de poesía para niños. “Viajero y yo”.
Trabajos suyos aparecen en revistas y antologías.
**CRÓNICA LA HABANA
**
Hoy la ciudad huele a cobre,
a sudor fresco, a mampara,
hoy estrenan en el Yara
un filme de cine pobre.
Leo un titular salobre
En torno a José José,
madre vuelve de un bembé
y con aire virginal
pone un vaso espiritual
ante una foto del Che.
En la tele hablan del cese
inminente del bloqueo
y de un cartel de boxeo
contra Rusia me parece.
Bola de Nieve envejece
encima del viejo piano
y al tiempo que Feliciano
muerde histérico la copa
alguien se bebe la sopa
del perro del hortelano.
Velan en Arroyo Arena
al loco que en un esquife
sobrepasó el arrecife
que limita tierra buena.
Carilda se desordena
de nuevo en Radio Progreso
y un trovador sin regreso
discurre por Malecón
con una mala versión
de La leyenda del beso.
En Playa hay fiesta notoria
pues regresa el hijo pródigo
que un día violara el código
penal sobre migratoria.
Un reglano entra en la historia
de las lides estivales
y hablan los cinco canales
de duelo capitalino
porque anoche en El Latino
perdieron Los Industriales.
En El Cerro un estudiante
confiesa no estar seguro
de cómo será el futuro
si hoy está al duro y sin guante,
dormito pero al instante
llega padre hecho un despojo
de la taberna y me enojo
cuando se pone a cantar
el como habrá de acabar
Don Luís Macarena el cojo.
Cerca de La Catedral
un agente sermonea
al borrachín que se mea
sobre una ofrenda floral.
Sorprenden a un marginal
cartereando en 23,
no finaliza este mes
pienso y rompo la alcancía
que al menos por este día
me salvará del estrés.
Por fin llega la divisa
que prometió Rosa Luna,
la parda que hizo fortuna
a unas horas de La Lisa,
río en mangas de camisa
ante un pargo a la cubana,
madre evoca a Santa Ana
y luego del breve rito,
con verdadero apetito
comienza a cenar La Habana.
VÍA CRUCIS
Quien me presta una escalera.
Antonio Machado
Hoy he venido a ti después de misa
y a dos pasos estoy del presbiterio.
No traje la escarcela, y mi salterio
bosteza mutilado en la repisa.
Hoy te dedico un palmo de mi prisa,
la prisa inmemorial de quien soy reo
como tu, de esa cruz donde te veo
de nuevo agonizante, escarnecido,
porque el hábil cincel que te ha esculpido
parece ser de un gremio fariseo.
Estoy aquí, de pie, donde se sienta
el credo feligrés, que tras la excusa,
te pide la cabeza de Medusa
para engordar sus vienes y su renta;
donde la puritana a los 90
te pide una oración para su anestro,
el exegeta el arca de un ancestro,
en fin mi buen Jesús, ese cardumen
de tórridos sofistas que resumen
su gratitud citando El Padre Nuestro.
Mas yo que no me escondo tras telones
y que exhibo mi lastre en pleno día,
que esquivo abiertamente la homilía
y agoto mi moral por los mesones.
No he venido a pedir que me perdones,
ni a que vuelvas un hecho mi quimera.
No he venido a pedirte ni siquiera
el sacrosanto pan de mi sustento.
Para librarte Cristo del tormento
vengo a pedir también una escalera.
PRIMER MOVIMIENTO DEL ESPÍRITU POR EL VALLE DE LOS ELFOS.
Otra vez me ven pasar los óleos empobrecidos de la niñez, los latidos de mi sombra contra un mar xenofóbico, el errar de los elfos tras sus diosas adúlteras, las mucosas dilatadas por la fiebre de los siglos, y el orfebre de mis cumbres borrascosas también me hace un guiño. Todo huele a primavera pero es otra estación, prefiero no saber cual por el modo en que me hiere. Acomodo los insomnios en un banco virtual pues mi pueblo blanco hoy es solo un estribillo vulgar, y sin lazarillo discurro por un barranco de ciegos. También Virgilio me mira pero declara que su anuencia es solo para Dante Alighieri y su idilio con Beatriz, luego el concilio de almas muertas que también me evade, y como rehén del azar en la tertulia fantasmal, rumio mi abulia y mi tedio en el andén de Macondo. Bebo el lodo de sus charcos donde un pez aun palpita después de cien años y eso es todo. A lo lejos Cuasimodo sube al campanario y mece el péndulo cual si odiara el pobre vestiglo, las campanas que hace un siglo y medio doblan por mí.
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