juan manuel roca: el poeta del mes en cubapoesía

Tomado de Unión LIBRE. No. 321. 29 de Diciembre de 2016.

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Tomado de Unión LIBRE.
No. 321.
29 de Diciembre de 2016.

Juan Manuel Roca, poeta hermano colombiano entró en la madurez de la vida al estar cumpliendo hoy 29 de diciembre 70 años. Nació en Medellín. De niño vivió en México y París. Fue Director por más de 10 años de el Magazín Dominical de El Espectador, en donde se dieron a conocer muchos poetas latinoamericanos. El escritor y poeta Germán Espinosa, manifestó que Roca “posee la primavera perpetua de todo creador”. Pues este perpetuo creador lo celebramos hoy y siempre por su poesía y vida con estas ocho fotografías que le hice en muchos años, 7 por cada década y una de regalo por la amistad con Jotamario Arbeláez.

Editorial La Draga y el Dragón Colección El Pulpo de la distancia
Curandero y fotografías Enrique Hernández-D’Jesú
Asistente Fabiola Palomares
Relaciones Públicas Alessandra Coronel.

Poemas de Juan Manuel Roca.

CONFESIÓN DEL ANTIHÉROE

Nunca llegué a sitio alguno.

Cuando los altos viajeros

Se deslizaban en un hondo silencio

Y veían la tierra como una aldea perdida,

Yo miraba en la oscuridad de los armarios

Pequeñas lunas de alcanfor.

Muchos impacientes caían en combate

Cuando era humillado en oscuras oficinas.

Los inventores de la máquina de sueños

Cenaban con mujeres más bellas que sí mismas.

Una ración de orfandad me era servida

Bajo techos que dejaban caer migajas de yeso

/en el mantel.

Nunca llegué más allá de la próxima esquina.

No fui el boxeador que sonríe a la penumbra

Cuando en el altar del cuadrilátero

Parece llamar a la oración la última campana.

No tuve agallas para disparar contra el tirano,

No monté en pelo el brioso caballo de la guerra

Ni atravesé campos minados para salvar una aldea.

Me dediqué a masticar el pan sin levadura

/de todas las derrotas.

Algunas noches me pregunto dónde andarán

Los que cambiaron de piel o de país

Mientras oigo una canción que habla de visitar

/la lejanía.

ANTIORACIÓN

(Un reclamo por los poetas)

Ni aunque me dotaras con la lengua

Y el tacto del Rey Salomón,

Ni aunque me dictaras un bello Cantar

Que abreve en labios de alguna moabita,

Ni recibiendo en dádiva a la hija

/del Faraón,

Ni por un caballo negro

Que chapotee en la lluvia

Y piafe bajo un cielo de olivos,

Ni por la dignidad del viento

O de un gran señor en las viñas de Baal,

Ni a cambio de un próspero comercio

De toneles de vino y bosques de olor,

Lograré entender, Señor,

Que en la lengua de John Donne,

En la misma de tu hijo William Blake,

Se sigan ordenando las matanzas.

EL HOMBRE DEL PROYECTOR

(Un réquiem por el cine)

En los barrios

El cine nunca fue mudo. En corrillo,

El hombre del proyector

Contaba películas de Chaplin,

Le daba a sus gestos una voz.

Afirmaba que los soldados nunca vencieron

A Jerónimo

Y que tras la función de matinée

Se levantaban los apaches heridos,

Se sacudían el polvo,

Montaban sus caballos de viento

Y se iban a galopar por la llanura

En la función de vespertina.

No así los blancos, que caían flechados para

/siempre

Cuando quería meter

Su mano vengadora en el guión.

El hombre del proyector

Juraba que al cerrar el telón

Billy the Kid seguía entrando y saliendo

En los salones de Texas

Hasta hacerse un viejo bonachón

Y todos los alguaciles morían abatidos

En un río de hiel.

LAS ENFERMEDADES DEL ALMA

Me da luna

Verte cruzar por una esquina

Cuando se enciende el faro de la isla

Y se apagan los barcos del contrabando.

Me da río

Ver los muertos en los trenes desbocados

Que viajan hacia el mar de las Antillas.

Me da nube

Mirar cómo trepan por el aire

Las calladas catedrales.

Me da barca

Cuando cruzas, sonámbula,

Como si empujaras al viento.

Me da libro

El tren que parece la cremallera de la noche,

La poderosa maquinaria

Que rebana dos tajos de oscuridad.

Me dan buitres

Las noches góticas

Que se pueblan de cirios y cilicios.

Me da puerto

Cuando el río sestea al mediodía

Entre bosques de pimienta

O bajo los brazos de un samán.

Me da Sur,

Mucho Sur, oír tu silencio

Que acompasa la música

Con su discreta percusión.

Me da aguja

La sombra cimbreante

Que vive cosida a tu belleza.

Me da bar

Cuando escucho en la madrugada

El taladro de la lluvia.

Me da nieve

El llanto de una niña

Que rompe el silencio del vecindario.

Me da cafetal

El nombre de mi país

Pronunciado en el exilio.

Me da lunes

Pensar en la molienda

De caña o de maíz.

Me da arcángel

El viento que llena de hojas secas

Los patios de la aurora.

Me da nardo

Tu aliento que florece

En la penumbra del cuarto.

Me da noche

La tinta derramada por descuido

En el mantel de la tarde.

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