el turno del ofendido: jotamario arbeláez
I.

I.
El profeta en su casa
(Prólogo a la edición de 1966)
Me llamo Jotamario y pertenezco a esa clase de poetas que todavía escriben versos. Pero lo hago de una manera honesta, para hacerle caso a una musa insaciable que me mantiene despierto y, además, porque son mi única arma para matar el tiempo, la única arma que me impide el suicidio.
Nací como un césar en una ciudad de polvo y de sol, de violentos claveles y cintas azules, de sexo y socialismo, la mejor del mundo porque en ella vivo, porque en ella se hicieron el espejo en el que me miro, la silla en la que me siento y la mujer en la que me acuesto. Llevo la ciudad en la sangre con sus parques y rascacielos, con sus bulliciosos bares nicotinados, con sus ascensores celestes, con sus lujosos clubes de invierno y de vergüenza, con sus alcantarillas subterráneas donde los fetos y las ratas combaten por la supervivencia, con sus locomotoras trepidantes y el hollín de sus fábricas, con el pito de sus serenos y sus sirenas industriales, con sus tres cruces y sus profilácticos, con sus ríos y con sus maricas.
Crecí en medio de atracadores y tahúres; entre tormentosas nubes de marihuana aspiradas en las esquinas de mi barrio por aspirantes al delito, entre frenéticos golpes de taco y bolas de billar-pool rodantes como radio-patrullas; sin papeles de identidad ni de sanidad, sin siquiera un níquel para las radiolas, oyendo el ritmo trastabillante de las baterías y los tango de la barriada, bailando como loco con angélicas prostitutas músicas del Caribe y rock and roll, visitando lupanares inverosímiles exhibiendo mi juventud y mis patillas y zapatillas de apache, luchando por la supervivencia con hermosos puñales de botella, ebrio y amanecido rumbo al colegio a escuchar las falsas verdades del profesor, enfermado de purulencias y curaciones clandestinas, testigo del crimen amparado por el hampa, el hampa que limpia sus cuchillo y duerme hasta el atardecer.
Conviví con los ángeles asesinos y con los ángeles pederastas y con los ángeles escritores de mi generación, todos ellos podridos en tugurios ingiriendo pastillas, reventando de amor sobre los diferentes objetos de su deseo, zanjándose las cañerías de la sangre, compartiendo un pan duro, una hoja de afeitar oxidada, la tinta de un bolígrafo, los capítulos descuadernados de la muerte en el alma.
Pero compartí también con ellos admiradores y miradores, paseos en cadillacs interminables a lo largo de las autopistas, y fuera de las autopistas hacia donde comienza la montaña, pic-nics en faldas de ninfómanas, hostigantes menús preparados en las cocinas de la plutocracia, trajes de paño inglés e interiores galeses, cartas de adoración y amenazas de muerte, delirantes aplausos y bofetadas.
Estos monjes nerviosos aún viven, beben, venden su alma al diablo por 3 $, se consumen entre las calles de tu país, ahora más denigrados que nunca, ahora más ofendidos que nunca, con su sangre más barata que nunca, con las cárceles más duras que nunca, más frustrados que nunca, más miserables que nunca, más desesperanzados y sin embargo más paranoicos que nunca. Nunca tuvieron nada, y el Nadaísmo les impidió que pudieran gozarlo. Asaron al ángel de su guarda y lo devoraron en una bacanal troglodita. Renegaron de las divinidades. Rechazaron el cielo pero no pudieron detener la lluvia con el bastón. Se sentaron entonces, en su isla de nada, a esperar que alcanzaran sus codos las dos orillas del diluvio.
Soy un santo de nuestro tiempo, un apóstol apocalíptico en el acorazado Potemkin, navío ebrio del siglo XX, vagando a la deriva vigilado por un millón de periscopios, sin más defensas contra la bomba atómica que la dureza de mi cráneo y mi sexto sentido del humor.
No le pongo fe a nada, ni a la felicidad. Mi mayor admiración está dirigida a aquellos que, sin merecerlo, logran colarse en el infierno. Un paralítico que me tiende su mano me sobresalta tanto como los versos de Vallejo, como los cuadros de Picasso. Me levanto muy tarde, atribución de poeta atribulado. No necesito trabajar, no porque tenga dinero, sino porque tampoco necesito dinero. Los días me siguen pareciendo muy largos. Y, como no tengo fe, nadie tiene fe en mí.
He amadohasta el delirio y lo he sacrificadotodo por el amor, hasta los amores anteriores.Soy un amasijo de carne de diversión, cabello negro, luz del aire, lociones mentoladas, paranoia, gafas oscuras, pereza, sangre caliente,avenidas inundadas deneón, envidiables complejos, caspa, ateísmo recalcitrante, indiferencia, dos y dos cinco, las películas de BrigitteBardot. Admiro a los poetas surrealistas porque dijeron cosas que yo hubiera queridodecir,y que diréde todas formas. No le pido nada al pasado, sino que no se interponga entre mis nervios y la conquista del porvenir, perovivo como unmonje zen para quien la conquista del porvenir puede depender del hecho de levantar una cuchara.
Así es este poeta nadaísta a quien después de saludar nos miramos las manos para ver si no han tomado la forma de sus manos, a quien miramos con desilusión cuando se pone una corbata, cuando se peina los cabellos, a quien brindamos ron y putas para que se enloquezca en las noche, a quien publicamos un poema de vez en cuando quitándole las partes lacerantesporque en este país,como llora X-504, donde matan 50 campesinos diariamente, no soportan un poema donde se haga el amor humanamente una solavez, y a pesar de verlo tan embarazado no le damos el asiento en el bus, porque como él no trabaja, porque como no le reza las oraciones al Señor, porque como no enriquece el asaltado fisco nacional ni saluda a la bandera en el campamento, porque como se ríe del político, porque como no mira la televisión, porque como es tan inocente que la candela no quiere jugar con él, porque como cambia de estilo con la misma facilidad con que un sueño cambia de almohada, con que el amor cambia de sábana, porque como se sube a los árboles y suena sus cláxones en la mitad de la ciudad para que tú lo mires y le des testimonio de su existencia, por eso lo desprecias o, cuando más, le dedicas una sonrisa taciturna.
Mi literatura no sirve para nada. Por eso he decidido escribir para las clases menos favorecidas por el infortunio. El perseguir ser bella acentúa su inutilidad. Pido perdón al obrero y al desocupado pero notengo vacantes en mi poesía. ¿De quépuede servirles cohabitar con la Venus de Milo, cuando son masoquistas y no pueden imaginar el goce morboso de sus bofetadas?
Escribo porque soy mecanógrafo y. además, porque tengo máquina de escribir.
Si yo no escribiera, sería la misma noche sobre el mundo, las mismas luces de neón comenzarían a salir por el oriente, los mismos mensajes trotarían por las cuerdas del telégrafo, los mismos aviones transportarían los mismos contrabandos, los mismos estadistas secretarían idénticos decretos. Pero no estarían ustedes leyéndome, estarían en sus apartamentos adoptando las múltiples formas del amor; estarían en sus fábricas donando su sangre a las máquinas; estarían en los bares emborrachando hasta el último gusano de su aparato digestivo; estarían en su casa de campo mirando salir el cielo de la mañana; estarían en el restaurante chorreando salsa por las comisuras; estarían en el baile de grado de la sobrina que sacó 5 en biología y todavía no sabe para qué sirven sus órganos; estarían leyendo la revista Luz o Sexo y Saxofón, convencidos de que Gonzalo Arango es el mejor escritor de Colombia y los nadaístas de Cali unos degenerados exhibicionistas.
Como esto no sucede, entonces este libro es un gran acontecimiento histórico.
Estos poemas son ternura, tortura, liberación. Pero nunca tuvieron alergia a la alegría. Estos poemas son protesta, inconformismo desencadenado. Pero nunca tuvieron oídos para el odio. Son un canto a mí mismo. A mi condición de hombre en la tierra. Tal como soy. Son ante todo poesía. Poesía absurda y bella como una marciana embarazada. Poesía nadaísta que vive y hace vibrar el corazón de nuestro tiempo, aunque su compromiso no sea de este mundo. Poesía nadaísta que se confunde con el misterio y hace que el hombre deje de ser un ángel lleno de piojos, una caña que piensa luego existe, una huella de la yema de un dedo, una firma, una lápida.
Jotamario, Cali, 1966
II
(POEMAS DE JOTAMARIO ARBELÁEZ)
ENTERREMOS EN PAZ A LA GUERRA
En la mano la gravedad no se siente
Vienes de países lejanos
Gravitas sobre la tierra como los otros seres
Se malogra tu cuerpo con el ímpetu de la caída
Te maravillaste al encontrar mi pie jugando a la pelota
En esta región de creciente botánica
(¿Habitarías una cabaña exótica
A la orilla de una piscina
Donde vinieran a beber gerifaltes?
Tus trajes extranjeros te tiraron a mi lado humeando
A un paso de tu cuerpo viene a morir la guerra
Una bandada de lisiados te agita las muletas en el aire
Llamas a larga distancia para pedir la hora
De tu muerte
Te comunican del consejo de guerra
Que tu amante naufragó hasta encontrar los puertos submarinos
Una llave es lo que necesitamos
Llora hasta que se te derritan las gafas
La pelota de golf se elevó hasta el satélite
El padre de familia derrotado por los bombarderos
Sus puños de mártir parecen ojeras
Pierdes tu mano apostando en la ruleta del casino
No bebas de esa manera
Gira y el color negro se detiene en la suerte
Muerto a más no poder
Y con las manos cruzadas sobre el pecho
El hombre bueno
Tengo la seguridad de que los llantos funerales
Fueron muchos y muy sinceramente vertidos
Cantabas de tal manera que tu pelo se resistía a caer
Te llenabas la boca de sangre con el lápiz
Soñabas con la luna en las aguas de otro país
Vienen
Pero no suenan las sirenas
Busca mi pierna en los escombros
LOS HOMBRES ESPACIALES EN LA TERRAZA DEL RASCACIELOS MÁS ALTO
Al Director del Observatorio
de Monte Palomar
y señora.
I
Los cosmógrafos accedieron a reunirse en la terraza del rascacielos
más alto que el hombre había construido con sus manos y con sus máquinas
Vivían todos ellos en diferentes planicies
y tenían costumbres y enfoques particulares sobre las cosas de este mundo.
Instalados a su confort entre aparatos pertinentes
discutieron siglos sobre el misterio de las órbitas abandonadas
por los satélites artificiales y los descabellados cometas,
sobre la luz atravesando las distancias.
Dijeron algunos
(los de las regiones australes)
que la aurora boreal perjudicaba la piel de los caracoles
que se alejaban de sus conchas;
y los cosmógrafos del Ártico
no pudieron articular defensa alguna de su maravilloso amanecer
porque allí estaba la evidencia:
sobre una placa de vanadio
el cuerpo desnudo de un caracol muy blanco
se iba volviendo transparente.
Luego discutieron sobre la posición de las constelaciones.
Andrómeda por supuesto les pareció la mejor ubicada
pero todos convinieron en que Orión aparentaba más tristeza
Sobre las estrellas Aldebarán era la preferida
salvo por dos de ellos que preferían a Danébola (2,2 magnitud aparente).
Y los altos cosmógrafos de lácteas barbas observaban hacia mucho más
arriba de la terraza del rascacielos
con sus astrolabios íntimos y portátiles
el desencadenamiento del misterio del día.
Sobre las nebulosas
no hubo forma de ponerse de acuerdo.
II
Al descender la noche bajan los astronautas
de sus cohetes aún manchados de la hemoglobina espacial.
Bajan de sus cápsulas rescatadas de lo más profundo de la ola.
Bajan de sus satélites anaranjados buscando hielo para el detonante.
Suben en ascensores que dan risa
hasta la terraza del rascacielos más alto.
Los astronautas con sus cabezas llenas de cosmético,
con sus espaldas esplendentes que soportaron todo el peso del orbe,
con sus mujeres y sus hijos que ya tienen estrellas en los ojos
y codician el pastel de la galaxia.
Llegan al rascacielos de la terraza más alta
donde suena una música que parece la atmósfera de Casiopea,
donde la aguja del tocadiscos señala el centro del universo.
Inundan de licores volátiles el cielo de sus paladares.
Cantan borrachos más tarde como simples marinos.
(Seguramente dejan en cada astro un amor).
Son bellos y voluminosos frente a los mapas de colores
que señalan las rutas oficiales del universo.
III
El astrónomo.
Se le ha caído una lágrima por el tubo del telescopio.
Ese día hace mal tiempo.
DAME TU AGALLA PEZ
Pez.
Pez introducido a la fuerza entre las rejas del acuario ejecutado en esa
cámara de aire.
Disécate.
Olvídate de aquella humedad que tomaba la forma de tu cuerpo.
Pez engañado pez asfixiándote entre los espejos.
Pez que ayer no más sabías volar mordedor de astrolabios con un pez rosa marchito entre los pliegues magnate del caviar en el delta muriente
de los grifos caudalosos turistas del interior del continente.
Pez luna eclipsado por el movimiento rotatorio de los escollos el navío
cargado de sedantes tirando el ancla al cielo para evitar el
hundimiento.
Pez espada atravesando la dimensión afilándote contra los cables oceánicos sacando chispas al mensaje.
Pez globo a punto de estallar a causa de la intensidad del otoño submarino.
Pez erizo pez heridor lamentándote por la presión de la más débil alga
alborada salada enfermizo contra la pata descalza del buzo buscador
de ostras burbujas pérlicas por cada una de sus heridas heridor.
Pez álvaro.
Pez johnny a quien llaman también el tuerto.
Pez esponja queriendo absorber el océano sintiéndote el centro del
universo. Pez henchido de orgullo.
Pez zeppelin nueva york londres aprovechando la corriente del golfo por
propia cuenta y riesgo con combustible comestible.
Pez zen inmóvil en lo más profundo del estuario.
Pez destruido por la peste radioactiva radiante panzarriba varios miles de
peces radiantes panzasarriba en las inmediaciones de la fiesta de
hécate quebradas también cañas de pescadores huesos de pescadores
comidos por la furia del elemento y quebrados sus botes.
Pez natal de los esplendores.
Pez del diluvio devorando la tierra poniendo su victorioso pie sobre ella
antes firme mirándola abarcándola punto de observación cuarenta
codos de la cima más alta.
Pez asado en el infierno para el festín de los concilios.
Pez. Pez multiplicado por pez igual Pez Uno.
Pez hijo de dios y de una ostra venido a los océanos para redimirnos.
Tápate con escamas pero mantén los ojos bien abiertos a la manera
de dios en el día aquel de las criaturas.
Pez perseguido por el caballo del César el centurión con su atarraya pez
asqueroso devorado por los leones el gran pez crucificado en los
hoteles entre tenedores de plata con guantes de piel de verdugo.
Pez inteligente echando patas echándote a andar a la orden de Darwin a la
voz del tosco naturalista.
Pez civilización cambiando de corbata. Pez triste, pesadumbre. Pez que le
dicen pez, pez.
Dame tu agalla, pez.
LOS INADAPTADOS NO TE OLVIDAMOS, MARILYN
Ahora que los gusanos han echado sobre tu cuerpo la primera palada de
olvido
ahora que vives debajo de Los Ángeles sin necesidad de psiquiatras
ahora que el hueso altivo de tu cadera es puro polvo en una caja
y puro polvo son tus nalgas diseminadas por el suelo de raso de tu tumba
ahora que la totalidad de tu cuerpo cabe en la más pequeña de tus polveras
ahora que las uñas de tus pies yacen a tus pies disgregadas como planetas muertos y los tacones de platino de tus zapatillas de gala se doblan
entre canastas de champaña bajo el peso terrible de la ausencia de
tu talón de Aquiles
ahora que en tu ropero las polillas han hecho lo propio con tus trajes
olorosos a fiesta en Beverly Hils a Chanel número 5 a los cinco
dedos de una mano
ahora que el millonario excéntrico que alquiló la mansión que habitabas en Brentwood ha dejado de buscar tus axilas en los rincones de la sala y organiza con sus invitados un safari de rinocerontes en el Perú
ahora que el psiquiatra que te atendía se ha declarado en quiebra y para
pagar sus impuestos está escribiendo tus ‘memorias’ y además porque
a sus tres esposas les hacen mucha falta los doce mil dólares
mensuales que le entregabas de honorarios
ahora que las pastillas soporíferas que tomaste se agotan rápidamente en las farmacias como canciones de cuna definitivas
ahora que hasta en las cintas viejas de celuloide se están cerrando tus ojos cansados de soportar tanta pestaña tanta vigilia tanta viga
ahora que ya nadie sabe quién era norma jean baker porque las Baker
norma jean abundan en los directorios telefónicos
ahora que los 188 mil millones de psicópatas ya no te ven en sus sueños en inglés con leyendas en castellano como una bruja de salem volando
sobre un bate de béisbol
ahora que la obra dramática de tu exmarido sobre tu vida ha quedado en
tablas ante los críticos de Broadway
y ha dejado para siempre de alumbrarte el sol de los fotógrafos
oh gata llena de misterio sobre el mercedes benz del olvido
en este pequeño país latinoamericano que se llama Colombia
vivimos varios poetas inadaptados que no queremos olvidarte
(tú Marilyn fuiste más importante para nosotros que la doctrina Monroe)
y que nos acordamos de ti cuando sale la luna sobre los ‘jaguares’
cuando bajamos deslizándonos por las pasarelas del jet
cuando leemos en la prensa que Dalí ha hecho de tus senos una escultura de gavetas
cuando pasa por nuestro lado veloz como una sirena una ambulancia blanca de dos pisos
y nuestras mujeres gritan en lo más alto de los ascensores
A veces como ahora te elevamos una oración por qué no te elevamos en
una oración
en un réquiem en un anti-réquiem en un responso qué sabemos nosotros de esos nombres
sólo que cada hombre ora a lo que más ama
sobre todo si lo que más ama está muerto
y es entonces cuando queremos acostarnos boca abajo en el cementerio de Westwood
para sentir en nuestros poros púbicos las lanzas de hierba que crecen desde tus ingles norteamericanas
ahora que estás muerta y reposas sin muchas esperanzas en la resurrección de los cuerpos
en ese pequeño lugar que es como el ombliguito de América
luego de haber vivido entre reflectores y niebla
entre almacenistas y magnates
entre dramaturgos y policías
entre los espejos y el espejismo
del amor
III
JOTAMARIO ARBELÁEZ.
Nació en Cali en 1940, en el barrio de San Nicolás. Su padre fue un sastre de Rionegro, Antioquia. Su madre hija de sastres de Ambato, Ecuador. Hizo su bachillerato en el colegio de Santa Librada, donde lo sorprendió el advenimiento del Nadaísmo, movimiento insurgente fundado por el antioqueño Gonzalo Arango en 1958. No recibió su cartón de bachiller en 1959. Lo recibiría, como “bachiller honoris causa”, en acto solemne, 15 años más tarde, en una ceremonia de desagravio a su madre, con
misa en la biblioteca e imposición de la placa de Ilustre Egresado.
Todo por la presea ganada por el poema punitivo Santa Librada College, escrito en 1960. Hacía parte del libro Mi reino por este mundo, que mereció en 1980 el Premio Nacional de Poesía Oveja Negra y Golpe de Dados. En 1966 había publicado su primer libro, El profeta en su casa, en ediciones Triángulo, de Medellín. En 1970 tomó las de Bogotá. Ingresó al hippismo, en protesta contra el consumo, y a la publicidad, a incitar al consumismo mismo. Hizo las campañas de varios políticos candidatos a alcaldías y a la presidencia de la república.
En 1995 ganó el Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura, con La casa de memoria. En 1999 el Premio Nacional de Poesía del Instituto de Cultura y Turismo de Bogotá con El cuerpo de ella. En 2002 Aguilar publicó Nada es para siempre. Antimemorias de un nadaísta. En 2008 ganó el Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora, de la Fundación Rómulo Gallegos, con Paños menores, publicada originalmente en México por Alforja. Fue Secretario de Cultura de Cundinamarca con dos gobernadores sucesivos. Recibió la Orden del Congreso de Colombia en el grado de Comendador. Es columnista de El Tiempo y El País. El Auditorio de su colegio fue bautizado Arbeláez Jotamario.
IV
PROGRAMA DE JOTAMARIO ARBELÁEZ EN CUBA
Jueves 4 de diciembre: llegada:
Domingo 7. —11 am: UNEAC, 17 y H: Participación en el Homenaje por el 80 aniversario de Frank País, líder en el interior de Cuba del M-26 durante la preparación de la lucha insurreccional.
Anfitrión. César López, Premio Nacional de Literatura.
Martes 9. —4 pm: Centro Cultural Dulce María Loynaz:
Conversatorio sobre el nadaismo. Lectura de poemas
Anfitriones: Basilia Papastamatiu y Jesús David Curbelo, Director del Centro.
Jueves11: –3 pm: Sede de la UNEAC en Pinar del Río: Lectura.
Anfitrión: Juan Ramón de la Portilla, Presidente de la UNEAC
Viernes 12 — 4 pm: Sala Rubén Martínez Villena, UNEAC, 17 y H, La Habana.
Lectura en “Poesía en movimiento”.
Anfitrión: Alex Pausides.
Lunes 15: Sede de la UNEAC de Sancti Spiritus:
Lectura de poemas y conversatorio.
Anfitrión: Marco Antonio Calderón.
Martes 17: Santa Clara;
Visita al Memorial del Che.
Anfitriones: Arístides Vega Chapú y Sergio García Zamora.
Miercoles 17, 3 pm: Sede de la UNEAC en Cienfuegos:
Lectura de poemas y conversatorio.
Anfitriona:
Jueves 18 4 pm. Casa del Alba Cultural
Tertulia “Gracias a la Vida”
Anfitriona: Lina de Feria.
Viernes 19 — 6pm: Sala Rubén Martínez Villena, UNEAC, 17 y H, La Habana.
Participación en la entrega del Premio UNEAC, 2014
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el silencio de los excluidos
Por Graziella Pogolotti En homenaje a Roberto Blanco
