galardonado josé kózer con el premio pablo neruda 2013
JOSÉ KOZER.

José Kozer
JOSÉ KOZER.
El horizonte****.
(5 Jul 2013 – 7:44 am.)
(Con inmensa alegría hemos conocido que el gran poeta cubano José Kózer ha sido galardonado con el Premio “Pablo Neruda” de 2013. Para sus lectores y admiradores, insertamos aquí un trabajo de Pablo de Cuba y un texto del poeta.)
…Estoy frito./ Esto se acaba. Ni puedo/ volver a la Isla ni hay/ manera de regresar a/ la terraza de baldosas/ rojas a desayunar. Vete,/ Tiempo. Déjame hueste/ de promesas perlada.
Para Abilio Estévez.
Salía, me refiero a mí y no a una tercera persona,
a la terraza: baldosas
rojas, poyetes encalados,
un foco empotrado a
la pared con la puerta
ventana de cristal
esmerilado que abría
(yo la abría) cada
mañana (alba de
albas cada mañana)
a las seis.
De kimono carmelita, pantalón de lona, alpargatas
blancas (se me ve el
dedo gordo del pie):
moño samurai. Y eso
que me había quedado
calvo hace años. Y no
por haber muerto, ni
alopecia ni tiña, ni por
razones genéticas: un
buen día va y amanezco
calvo, lo único que al
respecto me intriga es
averiguar lo que soñé
aquella noche.
La salamandra en el muro junto al banco de azulejos
gualda me mira con
grima, imagino al bicho
como reencarnación.
¿De mí? Llegan los
primeros aromas: el
aroma a frío matutino,
y al rato un aroma
a tomillo (empieza a
calentar): y por fin el
olor a yodo y al salitre
que viene, de esto sí
que estoy seguro, de
allende. La Isla. La
Concha, en Marianao.
Y la luz saltimbanqui
de un trópico, huso de
luz del que huir o nos
eclipsa. A sabiendas
de que con los años,
calvo, pies desnudos,
kimono desteñido,
última vuelta de luz
del mismo huso, iré a
desaguar en la terraza
de las dos sillas de
enea, el balcón que
diera al tendido
eléctrico, gorriones,
a la tarde totíes, a un
lado y otro yo ladear la
cabeza y ver surgir un
rosal y una efigie. Tengo
once años en efigie y
me pongo a conversar
conmigo (no doy ni di
sombra) en catorce
idiomas que conozco,
según mi madre, mujer
distinguida (no me
escucha) a la perfección.
¿Y el rosal? Eso viene después. No me voy a precipitar.
¿O no he de controlar yo,
el Contumaz, mi acabóse?
De momento, las seis.
Vista al Mediterráneo. Un
valle poco profundo. El
riachuelo de las adelfas
blancas. La sierra. Ahí
en lo alto, sépase, vivió
la familia de Fenollosa,
aquél que tanto influyó
la visión de Pound.
Signore sterlina lo
llamaban los hijos de
Joyce.
Y sépase que esta mañana oí tres veces desgañitarse
al gallo de Chuang Tzu.
Oí asimismo rebuznar.
Ahí pasa sentada a
horcajadas, retecómoda,
la Virgen: palmas y la
estípula a la sombra de
unas torres a la entrada
de Jerusalén. Estoy frito.
Esto se acaba. Ni puedo
volver a la Isla ni hay
manera de regresar a
la terraza de baldosas
rojas a desayunar. Vete,
Tiempo. Déjame hueste
de promesas perlada.
Ni un solo papel que
rellenar. A lo sumo
desayunar callado,
gacho y callado, café,
dos galletas de burda
harina, canta gallo,
gallo trepana, las
amasa Guadalupe
con unas trufas de
algarroba.
(José Kozer nació en La Habana, en 1940. Autor de una extensa obra poética, acaba de recibir el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda. Este poema pertenece a un libro inédito.)
José Kozer: Pablo de Cuba Soria | College Station | 4 Jul 2013 –
Lo judío, lo centroeuropeo y lo cubano, con sus respectivas mixturas y lenguas, marcan decisivamente la poesía del Premio de Poesía Pablo Neruda 2013.
Hijo de padres judíos —padre polaco y madre checoslovaca— exiliados en La Habana durante las postrimerías de la década de 1920, José Kozer (La Habana, 1940) creció, como testimonia uno de sus poemas, escuchando balbucear “verbos de/ yiddish a español”. Esto es, justo en ese espacio de lindes, donde ni siquiera el idioma materno se muestra estable o definido.
Luego de una niñez y primera juventud vividas también en las lindes: entre el castellano insular y la ascendencia judía-centroeuropea legada por los padres (“Yo me presento colérico y arrollador ante/ este libro anguloso,/ yo me presento como un rabino a bailar una/ polca soberana”), la familia Kozer se tiene que exiliar en 1960 nuevamente a raíz del triunfo de la Revolución cubana de 1959, esta vez en los Estados Unidos. Los padres y hermana se radicaron en Miami —con intervalo de unos pocos años en México—, y en el caso de José, en la ciudad de Nueva York.
Ya instalado en Nueva York, Kozer experimenta el choque con otra lengua (el inglés), y por ende la adaptación a otros códigos de convivencia, las mil y una labores para buscarse el pan, un primer matrimonio que fracasa, los hijos, un segundo matrimonio con Guadalupe (la esposa que lo acerca nuevamente al castellano), el oficio de profesor de literatura y lengua españolas en Queens College, la decisión de vivir para (en) los poemas.
De 1972 a 1999 alternaría la vida neoyorkina con estancias de verano en España, para entonces establecerse en Hallandale Beach (Florida), donde radica en la actualidad, y donde día a día hace un poema:
Ahí, desde mis cuarenta años de edad, y hasta la fecha, me comenzó a ocurrir: en lugar de buscar al poema, el poema me empezó a buscar a mí, y, digamos, en vez de ser yo su amanuense, el escritor de su escritura, pasé a ser su alfarero, el oficiante de su arcilla (Einstein repite varias veces en sus breves diarios: “Ahora la inspiración ha venido a mí”).[i]
Como bien ha descrito el ensayista Carlos A. García en su artículo “Este puente hecho a base de juntar palabras”, en el caso de Kozer “se trata de un poeta que, por hábito, enfermedad, juego y religión a un tiempo, a contrapelo de las supuestas lentitudes del oficio, vive en estado de constante creación o —como él mismo ha dicho— segregación de escritura, estallido diario en el poema”[ii].
Este multiculturalismo que marca la biografía de Kozer se inserta y repercute de manera determinante en su escritura poética. Este amplio espectro de ascendencia cultural: lo judío, lo centroeuropeo y lo cubano, todos con sus respectivas mixturas, y esta vasta amalgama de idiomas que se cruzan, yuxtaponen y confunden van a marcar decisivamente (tanto a niveles inconsciente como racional, emocional e intelectual) su poesía.
El tupido pasado genealógico resulta para Kozer uno de los móviles de sus poemas, su modo feliz y doloroso de inventarse una existencia, ya que para él esa genealogía es confusa, inestable, “mentirosa” como él mismo la nombra:
El pasado en mí es un vacío y ese vacío se convierte en lo que quisiera llamar una realidad mentirosa. Cierro los ojos, procuro verme y no veo absolutamente nada: cierro los ojos, procuro ver el lugar, La Habana, ver qué o quiénes me rodean: no veo. Lo que veo son palabras, veo aquello que invento en un momento presente. ¿Hay pasado? Hubo pasado, pero no sé si hay pasado, no sé si exista. Esa realidad mentirosa es compleja porque está hecha de planos superpuestos; esa realidad mentirosa contiene la realidad mentirosa de mi padre, la de los ocultamientos de mi madre, la del desconocimiento de quiénes fueron ellos, quiénes fueron mis abuelos, lo que vi y los que no vi (los que murieron en la vieja Europa). No los veo. Se trata de una realidad auditiva, se me cuentan cosas y esas cosas que se cuentan se perciben de una manera especial, a través de transformaciones intelectuales, emotivas. Hay toda una criba de la información que hace de lo real algo irreal, poético, y creo que a una edad temprana […][iii]
Para Kozer la genealogía familiar queda para siempre incompleta, dispersa y fragmentada en el campo de batalla de la memoria. Por ello, la memoria inventa. Le obsede al poeta remedar los pedazos dispersos, por lo que construye sobre la oquedad. Esta ausencia o presencia de confusiones (laberinto genealógico, embrollos y palimpsestos idiomáticos) devendrán catarsis en Kozer a través de sus poemas. Esta ausencia llevará al poeta a edificar un universo que rivalice con el mundo, con el Todo. Pero esa rivalidad en su poesía irá desde el microcosmos (el hogar, la familia, la infancia, el país natal) hasta el macrocosmos (la literatura, otras culturas y saberes, el exilio, el idioma mismo), y viceversa.
Debido a este afán belicoso (desde un punto de vista artístico), derivado de esos vacíos vitales, la poesía de Kozer se sostiene en un operar barroquizante, o, como el mismo poeta y la crítica han rotulado, en una estética neobarroca. Esto es, en palabras del propio Kozer, un quehacer literario sostenido en un “lenguaje hendidura, cicatriz; lenguaje orificio, por el que salen expelidas las palabras, renovadas, fétidas, insolentes, desesperadas”[iv].
En el “Prólogo” a la primera edición (1954) de Historia universal de la infamia, Jorge Luis Borges, con su mordacidad característica, dijo que el “barroco es aquel estilo que deliberadamente agota (o quiere agotar) sus posibilidades y que linda con su propia caricatura”. La poesía de Kozer echa por tierra la sentenciosa frase de Borges, ya que su concepción barroca de la poesía no parte de un agotamiento, sino de una oquedad, de un vaciamiento. El neobarroco kozeriano es una necesidad expresiva, y no estilo impuesto.
Notas:
[i] José Kozer, De donde son los poemas, 36.
[ii] En Carlos A. García, “Este puente hecho a base de juntar palabras”. Matanzas, VIII , 2007, p. 4.
[iii] En Jacobo Sefamí, De la imaginación poética (Monte Ávila Editores, Caracas, 1996, p. 232).
[iv] En “Sobre el neobarroco. Fragmento de una entrevista de Josely Vianna Baptista a José Kozer”.
(Fragmento del tercer capítulo (dedicado a la obra poética de Kozer) de la tesis de doctorado del autor: “La usina del lenguaje (Teoría de la poesía neobarroca)” (2013), aún inédita.)
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