girón, una epopeya entre versos y canciones
por María de los Ángeles Polo Vega.

por María de los Ángeles Polo Vega.
La epopeya cubana en las arenas de Playa Girón, donde el imperialismo yanqui sufrió la primera derrota militar en América Latina es uno de los momentos históricos mejor recreados en diversas manifestaciones artísticas.
El cine, la literatura, la música, la plástica, dan fe de esta proeza en la que la Mayor de las Antillas , tal cual hizo el bíblico David ( Cuba) cuando derrotó al poderoso Goliat ( Estados Unidos), el país que financió y apoyó aquella invasión.
Este episodio lo encontramos recreado en canciones emblemáticas como Girón: Preludio, de Silvio Rodríguez, y Girón: La victoria, de Sara González, pero también en libros de testimonio: Girón en la memoria (1970), de Víctor Casaus, y Niños héroes de Playa Girón (1983), de José Mayo, y en deslumbrantes carteles que reviven momentos de la epopeya , así como en sentidos versos de varios poetas cubanos, de los que hoy les traemos una breve selección.
El Poeta Nacional Nicolás Guillén nos dejó entre otros, La sangre numerosa, sobre un joven miliciano Eduardo García Delgado, que tenía solo 16 años y antes de morir, acribillado por las bombas mercenarias, escribió con su propia sangre el nombre de Fidel.
Cuando con sangre escribe
Fidel este soldado que por la Patria muere,
No digáis miserere:
esa sangre es el símbolo de la Patria que vive.
Cuando su voz en pena,
lengua para expresarse parece que no halla,
no digáis que se calla,
pues en la pura lengua de la Patria resuena.
Cuando su cuerpo baja
exánime a la tierra que lo cubre ambiciosa,
no digáis que reposa,
pues por la Patria en pie resplandece y trabaja.
Ya nadie habrá que pueda
parar su corazón unido y repartido.
No digáis que se ha ido: su sangre numerosa junto a la Patria queda.
También Fayad Jamís, dejó como testimonio de aquellos sucesos, el poema titulado:
El pueblo anuncia
Donde cayó mi hermano se levanta la patria.
Donde cayó mi hermano se levanta el futuro.
Del puño de mi hermano saldrá un árbol
y en ese árbol cantarán los días
y junto a su tronco crecerán los niños,
los invencibles héroes del futuro.
Del pecho de mi hermano saldrá un río
y en su humedad florecerá la tierra
y en su espejo los pájaros y el cielo
se fundirán en un chorro de luz.
Donde cayó mi hermano se levanta la patria.
Donde cayó mi hermano se levanta el futuro.
De la frente de mi hermano surgirá la aurora
serena, fuerte, roja,
con rumor de mandarria que golpea
y de libro que se abre.
De los ojos de mi hermano brotará la llama inextinguible de esta vida nueva
que nos arrastra en su carroza ardiente
mientras nos canta su himno inmortal la primavera.
Virgilio Piñera lo hizo en Los muertos de la patria
Vamos a ver los muertos de la Patria.
En la pradera del silencio
los árboles, las aves, los saludos
son también muertos que a muertos corresponden.
Fusiles, metralletas y las manos empuñadoras
son sueños arrugados que soñara
un muerto nacido al mundo de los muertos.
Vamos a ver los muertos de la Patria.
En el montón ilustre nadie espera
recompensas ni títulos y ni siquiera tierra;
podrían recabar monumentos, mármoles, honores
pero escogieron ser muertos de la Patria.
Nuestro llanto no moja,
nuestra manos no tocan,
nuestros ayes no gritan,
la voz es una impotencia enlutada
que se quiebra en círculos de mudas abstracciones.
Vamos a ver los muertos de la Patria.
Sin embargo, hay que verlos…
Verlos con nuestros ojos dilatados por la vida;
hay que tocarlos con nuestras manos
como pájaros posados en el árbol terrible
donde el viento no suena,
y en donde la misma Noche
se aleja vencida por la Nada.
Vamos a ver los muertos de la Patria.
¡Ay! -diría yo a este muerto
en quien quedó un asomo de sonrisa indestructible
¿cómo se muere en el momento en que
la bala se funde con la risa?
Y tú -muerto tirado en esa zanja
con un zapato, como casco guerrero
en tu cabeza, magnífico e inútil-
¿qué mago consultaste para estar ahora
de cara al Tiempo y con la Patria adentro?
Vamos a ver los muertos de la Patria.
La tragedia sucedida a Nemesia Rodríguez Montalvo, una niña de 13 años, inspiró a Jesús Orta Ruiz para escribir uno de los poemas más estremecedores de aquella, tal vez el más conocido de todos:
Elegía de los zapaticos blancos...
Vengo de allá de la ciénaga,
del redimido pantano.
Traigo un manojo de anécdotas
profundas, que se me entraron
por el tronco de la sangre
hasta la raíz del llanto.
Oídme la historia triste
de los zapaticos blancos…
Nemesia -flor carbonera-
creció con los pies descalzos.
¡Hasta rompía las piedras
con las piedras de sus callos!
Pero siempre tuvo el sueño
de unos zapaticos blancos.
Ya los creía imposibles.
¡Los veía tan lejanos!
Como aquel lucero azul
que en el crepúsculo vago
abría su flor celeste
sobre el dolor del pantano.
Un día, llegó a la ciénaga
algo nuevo, inesperado,
algo que llevó la luz
a los viejos bosques náufragos.
Era la Revolución,
era el sol de Fidel Castro,
era el camino triunfante
sobre el infierno de fango.
Eran las cooperativas
del carbón y del pescado.
Un asombro de monedas
en las carboneras manos,
en las manos pescadoras,
en todas, todas las manos.
Alba de letras y números
Sobre el carbón despuntando.
Una mañana… ¡Qué gloria!
Nemesia salió cantando.
Llevaba en sus pies el triunfo
de sus zapaticos blancos.
Era la blanca derrota
de un pretérito descalzo.
¡Qué linda estaba el domingo
Nemesia con sus zapatos!
Pero el lunes… ¡despertó
bajo cien truenos de espanto!
Sobre su casa guajira
volaban furiosos pájaros.
Eran los aviones yanquis,
eran buitres mercenarios.
Nemesia vio caer muerta
a su madre. Vio
sangrando a sus hermanitos.
Vio un huracán de disparos
agujereando los lirios
de sus zapaticos blancos.
Gritaba trágicamente:
¡Malditos los mercenarios!
¡Ay, mis hermanos! ¡Ay, madre!
¡Ay, mis zapaticos blancos!
Acaso el monstruo se dijo:
Si las madres están dando
hijos libres y valientes,
que mueran bajo el espanto
de mis bombas. ¡Quién ha visto
carboneros con zapatos!
Pero Nemesia no llora.
Sabe que los milicianos
rompieron a los traidores
que a su madre asesinaron.
Sabe que nada en el mundo-
-ni yanquis ni mercenarios-
apagarán en la patria
este sol que está brillando,
para que todas las niñas
¡tengan zapaticos blancos!
Roberto Fernández Retamar por su parte, reflejó aquellos momentos
**Epitafio
**
Abandonado el sembradío o el beso
O el monte del oscuro carbón,
Avanzamos sobre los invasores que armara
el extranjero miserable.
Defendimos con nuestros pechos trabajadores
No solo este territorio mitad tierra mitad agua,
Sino la isla toda, y más allá de sus costas
El inmenso mundo que confiaba en nosotros
-Hasta caer, agujereadas las camisas azules y verdes-.
Viajero: ve a decir a nuestros hermanos vivos
Que aquí sigue flameando la bandera de Cuba
Y da sombra a la fértil cosecha de nuestros huesos.
Por los caídos en Playa Girón se titula otro excelente poema del santiaguero Jesús Coss Cause
Ellos no podrán tocar la guitarra, compartir
la esperanza con una mujer, o sencillamente soñar.
Entonces están muertos.
Y ahora solo tienen la estatura de las palmas
y andan de prisa como entre las ráfagas de la guerra.
Izan la bandera, entonan el himno.
A veces, sobresaltados estremecen la tierra.
Vigilan nuestras escuelas, los parques de los niños,
las jornadas jubilosas, el futuro.
Están muertos, y sin embargo, qué bien abiertos
Tienen los ojos.
La victoria cubana en las arenas de Playa Girón perdurará por siempre en la memoria del pueblo porque es una página gloriosa de nuestra historia, pero es también poesía y es canción.
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Artículo recuperado del archivo histórico.