homenaje a stefanía mosca: bordes

por Enrique Hernández D´Jesús.

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por Enrique Hernández D´Jesús.

Fragmento tomado de Unión Libre.

Hace 9 años Stefania Mosca partió a buscar el mismo sueño en otros paraísos. Nombrar a Stefania es        atravesar todo aquel territorio que necesita penetrar hasta lo más profundo del ser humano. Su manera de encontrar las cosas  terribles y esplendentes, porque allí anida  un secreto suyo que transforma los puntos           cardinales  en presagios y por supuesto más allá de los fantasmas que cercan a la escritora poeta, nos      conduce también  a precisar el objeto que es norma vital de la prosa  inteligente.

Es  necesario llamarla para que escuche su propia y definitiva oración, oración que tiembla con el pulso a          todo riesgo. De dónde descubrir tantas y  profundas heridas, todas  multiplicadas por el espectro de la         inteligencia de la sin razón. Hay que leer a Stefania para relatarse uno mismo el fin de  una jornada            iluminada y terrible, pero que, como  águila  solitaria todo lo que dice crea la  altura  del homenaje  que le  rendimos. Ella lo es todo, la brisa que pasa, apenas se sostiene de un lado a otro del espejo.Y aquí si vamos a    precisar que  el espejo es una cuestión de honor, honor que  pisa más lejos de lo que uno se imagina, porque    detrás de cada uno de nosotros siempre habrá un pájaro vigilante.

                                                                                                      En realidad, no sabemos nada:           

                                                                                         no  podemos decir qué es la materia ni el espíritu; 

                                                                                    no  somos capaces de  explicar qué es el movimiento,  

                                                                                          qué  es el espacio o qué es  el  tiempo; inclusive  

                                                                                         las      verdades      de       las      matemáticas  

                                                                                  se        reducen        al        principio      de       identidad”  

                                                                                                 Denis Diderot 

Borde      1      

Qué pudiera padecer afuera. Lo real me dirán ustedes, pues  afuera está el mundo.Reproducciones,  manipulaciones, interpretaciones, valoraciones, ilustraciones. Imagen como sentido sustituto de la        experiencia. Si salgo, sin embargo,  veo signos que figuran  cierta identidad: un mismo lenguaje, un mismo  territorio. Aún el territorio no ha desaparecido, y el apego de la memoria es el espacio, allí están las  huellas,    los signos, los parentescos. Se trazan surcos en la tierra, se la habita.Hay un mapa cultural,una nación            cultural que persiste en la ilusoria unidad del mundo a través de la globalización, del mercado y la nueva            horizontalidad  de las  comunicaciones.

¿Desde dónde nace la voz que enuncia? Los parentescos atan a una genealogía, pese a la aluvionalidad en       la población del territorio. Seis millones de caraqueños viendo el Avila  todas las mañanas  crean un vínculo.        Allá está el secreto de mis ojos cuando niño,  cuando estaba contigo,  y ahora y mañana.

Borde      2  

Si eres mujer estás  afuera. Si has nacido en el tercer mundo estás  afuera. Si vives “por   debajo del paralelo treinta y cinco”[1]  estás  afuera.  Si eres latino estás  afuera, si eres hispanoamericano estás  afuera. Si eres   venezolano estás  afuera. Estamos  afuera.

Pero  he  allí  los  dolores que  proporciona vivir  en  la imagen, no puedo sino percibir al todo. Al  planeta.  Y es  cosa   harto sabida que desde Irene Saez, todas las Miss Universos han sido   venezolanas. El  mundo         existe y  yo  lo veo desde el borde. Pertenezco a una    periferia. Una periferia  como la  nuestra  que tiene  la        cruel  particularidad  de no  verse a  sí  misma. Ni apreciarse   ni protegerse. Cuidar es  querer  decía la        campaña  famosa  de Petróleos de  Venezuela   abriendo las puertas  de los ochenta.Cuidar  es querer. Y         cuidar es  apreciar, respetar, valorar, ver.  El que    mira  tiene  el  atributo de totalizar  la conciencia   del      cuerpo.  Y el  cuerpo  es el primer territorio que  debemos  ocupar.

[1] Milán Kundera.  Los testamentos traicionados.  Tusquets editores,

Borde      3      

La carne no tiene  ruido

Carlos  Contramaestre

El  cuerpo  se  extiende  sin ruido aparente  pese a la atareada labor de las vísceras. Propone la caricia o su       olor sin mediación. Mudo su transcurso, el silencioso obrar de sus músculos,la elasticidad  imperceptible       de  los huesos…

El  cuerpo abre los  ojos y todo se distorsiona. Cuando el cuerpo ve lo que percibe,la conciencia activa el  mecanismo de la historia, el lenguaje,la  interpretación  y  otro  río de ese flujo inmenso de la expresividad: la memoria. Me detengo  en el  borde. Vienen las palabras, viene el pensamiento a tergiversar estas  meras           percepciones. Y rodamos encantados, ciegos  del mundo, a favor de esa historia que se impone al  silencioso    obrar del  cuerpo y  lo excluye de la naturaleza.

En mi cuerpo  se halla  ese misterio, esa imposibilidad de decir, de narrar, de agotar  lo que en el cuerpo         vive. Sin  cuerpo no tendríamos lugar, sin territorio  no tendríamos pertenencia. El  cuerpo se define           justamente por los límites de tiempo  y de espacio en los que  se manifiesta,  es un  tiempo finito y  su       espacio  lo  ocupan los bordes de  la carne, la  piel, el límite que todo   lo percibe.

A  través  del cuerpo- como señala  Descartes-   entendemos todo aquello que puede  ser   definido con  cierta figura: algo que puede  confinarnos a cierto lugar, que puede sentir y darnos espacio, del mismo modo que    los  otros  cuerpos  que    están excluidos de  él.  Sin embargo, concluye  el  mismo  Descartes[1]  “Todas  esas   imágenes,  y  discursos  generalmente, todas las cosas que    relatan la naturaleza  del cuerpo  son     nada, sólo    sueños  (y        quimeras)”¿Dónde  está   mi  cuerpo, los pliegues  que contienen mi  efervescencia.              Las reacciones  del  animal  que  siempre me  salva  por  el  camino más    corto?  Veo mi cuerpo y  me      consuela mantenerme  en  este  efímero  envoltorio  que demarca  mi  nacimiento,mi pérdida original  y         mi  muerte, sin que  mi  voluntad ni mi espíritu ni la memoria logren suplir o desplazar su presencia. Busco mi cuerpo y  encuentro otro,  reducido a  su apariencia, cosificado,   cosa   entre las cosas. El   cuerpo como afuera, como fachada,  fuera de mí,el  cuerpo  como  la imagen,  como veía  el Príncipe Myshking a Aglaya, en una    foto. El cuerpo quiere ser un cuerpo soñado  por  otro. En el mercado,el deseo no  tiene  espacio fuera de       la   carne, fuera de su  cultivada  elasticidad, su firmeza. Hemos hecho del  cuerpo el territorio de la Barbie. Los     hombres lo buscan  en  el  centro  de  su cacería  congénita. Y las mujeres, persiguiendo  El eco del goce ajeno (Ana  Teresa Torres),  en el gimnasio, sudorosas, o abochornadas  y amoratadas en las mesas  quirúrgicas. Para   soportar el vaciado de los contenidos reales,  los  cuerpos han cultivado esta minuciosa   indolencia: la  ausencia de  sí..

[1] Rene Descartes.  Meditationes de prima philosophia.

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