la carta abierta de jay-z
Alfredo Prieto

Alfredo Prieto
De regreso a los Estados Unidos, Jay-Z escribió “Open Letter” (“Carta Abierta”), un rap de respuesta a todo el revoloteo. Producido por Timbaland y Swizz Beatz, se colocó el 11 de abril en SoundCloud.com. A las 24 horas ya tenía 500 000 entradas, un indicador del impacto social del problema, casi compulsivamente presente en los planos estelares de los principales medios de difusión norteamericanos, del New York Times a ABC y NBC. Cuba estaba, de nuevo, en lugares protagónicos en la mirada pública, como cuando Elián González, esta vez debido al viaje de dos superestrellas y a la política vigente.
Se trata de un nuevo etno-texto que contiene una mixtura de posiciones y combina dos mundos: por un lado, sus reacciones y actitudes ante los cuestionamientos de los políticos cubano-americanos y sus alrededores, y, por otro, la reafirmación de su pertenencia al mundo del poder, los mega-negocios y el dinero.
“Welcome to Havana smoking cubanos with Castro in cabanas”, había rapeado con Kanye West en “Otis”, una tonada del disco a cuatro manos Watch the Throne (2011). Según se ve, aquí se está en presencia de la visión clásica del imaginario popular norteamericano sobre Cuba, compuesta por habanos (cubanos), turismo de sol y playa (cabañas en las piscinas de los hoteles) y la figura de Fidel Castro: solo se echan de menos los sempiternos carros americanos viejos y las no menos sempiternas mulatas.
Con esa misma fascinación Jay-Z entró dos años después a la isla prohibida, lo cual explica el tabaco en mano que exhibe en muchas fotografías –desde la caminata por la Plaza de Armas hasta el balcón del hotel Saratoga–, toda vez que representa un consumo/actividad de blancos ricos y poderosos frecuentemente retratados en la portada de la exclusívisima revista neoyorkina Cigar Aficionado, en la que marcas como Romeo y Julieta, H. Uppman, Cohiba, Punch Churchill, y otras, figuran con las más altas puntuaciones, pero con una sigla al lado (N.A.: Non Available, no disponible en el mercado) debido al bloqueo. Aunque siempre a uno le queda la duda sobre la procedencia de los que Jay-Z consume al otro lado del Estrecho, de acuerdo con las imágenes donde aparece echándose perros tabacones vistiendo una T-shirt con la imagen de Jesucristo y su cadenona de cinco kilos, junto a otros colegas del gremio.
Según el testimonio de Swizz Beatz, el número fluyó muy rápido: “tenía la caja de ritmos conmigo, entonces nos fuimos al 40/40 (Club) para ver el partido (de basket). Timbaland llegó con este loco ritmo. La mañana siguiente Jay-Z me llamó con los versos” agresivos, como de pantera acorralada. Y de una violencia verbal que acude a las armas de fuego, una manera característica de ciertos estilos del género. Su autodefensa empieza por dejar claro que cuando lo amenazan, él dispara devolviendo sin vacilación el golpe (“You know whenever I´m threatened, I start shooting”). En primer lugar, a los políticos a lo Ileana-Ross Lethinen, Mario Díaz-Balart y Marco Rubio:
Politicians never did shit for me
Except lie to me, distort history
Wanna give me jail time and a fine
Fine, let me commit a real crime
.
(Los políticos nunca hicieron ni mierda por mí
Excepto mentirme, distorsionar la historia
Me quieren mandar a la cárcel y ponerme una multa
Bien, déjenme cometer un verdadero delito).
El referente del tercer verso es obvio: las leyes vigentes castigan, por lo menos en su letra, con diez años de prisión y 250 000 dólares de multa a quienes viajen a Cuba como turistas, a contrapelo de derechos civil-constitucionales de larga data en la cultura norteamericana, una guillotina que algunos estaban deseando dejar caer sobre dos cabezas millonarias. De eso se trata, pero a continuación Jay-Z saca su credencial de enfant terrible y hala de nuevo el gatillo, desafiante, como levantando hacia arriba el dedo índice: en todo caso, el crimen por el que habría que juzgarlo sería por comprar un kilo de marihuana (“I might buy a kilo for Chief Keef”) y por inundar las calles con la hierba, un tema por lo demás grato al gangsta rap desde su eclosión en los años noventa (Ice T, Schoolly D., Snoop Dogg…), muy bombardeado en los Estados Unidos, como el reguetón en Cuba, por su lenguaje soez, culto a las drogas, promiscuidad y visión de las mujeres:
I might buy a kilo for Chief Keef
Out of spite, I just might flood these streets
Y después vuelve a la carga:
I’m in Cuba, I love Cubans
This communist talk is so confusing
When it’s from China, the very mic that I’m using
Idiot wind, the Bob Dylan of rap music
You’re an idiot, baby, you should become a student.
Esto de “I love Cubans” (“Amo a los cubanos”) es intrigante. Uno no sabe a ciencia cierta si con ello se refiere a su pasión por los tabacos (esos cubanos en el rap aludido al inicio) o a las personas que los recibieron con sobradas muestras de simpatía y admiración aquí en La Habana, de modo que constituye un tema sujeto a disputa. De cualquier manera, parecería que la política hizo su trabajo de topo. Hasta donde conozco, ni Beyoncé ni Jay-Z han hecho declaraciones a la prensa a su regreso a los Estados Unidos, ni antes ni después de la experiencia de “Open Letter”, como para arrojar nueva luz sobre este punto, pero si a mal no viene en uno de los parlamentos más citados por los comentaristas de la prensa (“This communist talk is so confusing/ When it’s from China the very mic that I’m using” //esta muela (sobre Cuba) comunista es tan confusa/ cuando el mismo micrófono que estoy usando es de fabricación china//) el rapero pudiera estar incorporando/validando –a su modo– una idea de amplia circulación en los medios liberales, antes y durante el affaire: si los Estados Unidos tienen relaciones diplomático-comerciales con China y Viet Nam, países que, como Cuba, tienen un partido comunista en el poder y no funcionan con los mismos mecanismos políticos norteamericanos; y si por otro lado, China y Viet Nam han atravesado por procesos de cambios internos que incluyen una economía descentralizada y el mercado, como ahora mismo lo está haciendo Cuba, si bien con características propias, ¿por qué seguir con un esquema heredado de la Guerra Fría que, además, no les ha dado resultados? Si esta lectura es correcta, hipocresía sería entonces la palabra clave en medio de toda esa algarabía por el viaje.
El niño tiene, por lo demás, un ego bastante fuerte. Aquí se llama a sí mismo el Bob Dylan de la música rap, antes había sido el Che Guevara del género…
Pero hay en efecto una segunda dimensión, relacionada con los negocios y el poder, como ya se sabe una de las recurrencias de Jay-Z, quien durante los últimos tiempos parece estar más concentrado en su condición de empresario que de músico, a pesar de haber anunciado hace poco un concierto junto a Justin Timberlake para este verano. Al primero de esos business alude en un verso (“Got an onion from Universal”), esto es, a una asociación global de Roc Nation con Universal Music Group (UMG), movida que acaparó la atención pública durante los días previos a su visita a Cuba y que todavía hoy sigue reverberando en la prensa norteamericana.
Roc Nation es una disquera fundada por el mismo Jay-Z en el año 2008 como parte de un negocio de 150 millones de dólares con Live Nation, una empresa del mundo del entretenimiento y promotora de conciertos. Según Forbes, el New York Times y Los Angeles Times, el acuerdo permitirá que los discos producidos por Roc Nation salgan a partir de ahora al mercado bajo la sombrilla de la UMG y no de Sony Music, como venía sucediendo. La asociación con UMG, la más grande y poderosa firma transnacional en la producción/distribución de música, implicará un mercado mucho más amplio todavía, y por consiguiente más dinero para los ejecutivos de Roc Nation, por supuesto también para Jay-Z y, luego, para los artistas que graban con ella, entre quienes se encuentran J. Cole, Willow Smith, Rita Ora, Alexis Jordan, Timbaland y, más allá del mundo del hip-hop, Shakira, Rihanna y otros.
Lo anterior coexistía con otro ejercicio empresarial impulsado por nuestro hombre en La Habana: la creación de Roc Nation Sports, un joint venture con Creative Arts Agency y agencia intermediaria entre los atletas de alto rendimiento y los equipos deportivos, lo cual lo llevaría, a la larga, a vender su parte de los Brooklyn Nets por reglas específicas de la NBA y conflicto de intereses. En el texto clava otra vez a sus verdugos, a los que considera unos perdedores –eso significa el vocablo “dweeb”– e insulta con una palabrota muy fuerte recordándoles su condición y clase como “hombre de éxito”, es decir, el hecho de conocer su trabajo y de ser bien competente: la expresión anglo “to know one´s onion” designa exactamente eso. El mensaje entonces apuntaría, desde esa superioridad manifiesta por parte del hablante, más bien a la envidia por sus logros financiero-empresariales (“read it and weep”, “lean esto y lloren”, les dice) y a no perder el tiempo en querer cogerlo asando maíz:
Got an onion from Universal, read it and weep
Would’ve brought the Nets to Brooklyn for free
Except I made millions off it, you fuckin’ dweeb
I still own the building, I’m still keeping my seat
Y’all buy that bullshit, you’d better keep y’all receipt.
El “edificio” del que todavía se proclama dueño en el cuarto verso es el Barclays Center, la nueva sede de los Mets ubicada en un complejo de negocios y residencial (Atlantic Yards) en Prospect Highs, Brooklyn. Fue construida a un costo de un billón de dólares e inaugurada, de hecho, el 28 septiembre de 2012 con un concierto del propio Jay-Z después de un largo y controversial proceso por problemas legales y financieros. Aquí el rapero fantasea. Como la saga de que es uno de los propietarios de los Nets. El verdadero pez gordo de los Nets es el multimillonario ruso Mijail D. Prokhorov, dueño del 80% de la cosa. El primer extranjero en poseer una franquicia de la NBA. Ex miembro del Konsomol y del PCUS, graduado del Instituto de Finanzas de Moscú y actual presidente de la firma de inversiones Onexim Group, en el año 2009 soltó 200 millones de dólares en el equipo, y después fue uno de los mayores contribuyentes en la construcción de la sede mencionada: otorgó un préstamo inicial de 700 millones al proyecto, desarrollado por Forest City Ratner, subsidiaria neoyorkina de Forest City Enterprises. Los mismos que construyeron el majestuoso edificio del New York Times (2008). Su presidente y jefe ejecutivo es Bruce Ratner, un poderoso real state developer de origen judío-polaco y dueño minoritario de los Nets. A él se debe la idea de trasladar al equipo de New Jersey a Brooklyn, algo que no hizo exactamente (o no solo) por amor al deporte. Gentrification es entonces una palabra clave en esta ecuación. Según trascendidos, el complejo Atlantic Yards tiene un valor estimado de 4.9 billones de dólares. Jay-Z –quien en el 2010 “puso la primera piedra” de esa nueva sede–, nació a unas escasas millas del lugar y en su temprana juventud desandó esas mismas calles vendiendo droga al por menor antes de convertirse en lo que hoy es. Una manera de utilizar su “capital simbólico” para desplazar personas por edificios y apartamentos para los ricos, de acuerdo con las más estrictas reglas del progreso capitalista.
Jay-Z no es entonces “dueño” de nada de eso, pero en efecto debe haber hecho –y hará– buenas sumas con la movida del Barclays, donde hay, entre otras cosas, una tienda Rocawear y un nuevo 40/40 Club, en los que sí es el León de la Metro. Por no mencionar su condición de co-propietario de Translation, la agencia encargada de los anuncios y la propaganda comercial de los Nets. De acuerdo con el New York Times, solo había invertido en el equipo un millón de dólares en el año 2003, de manera que esa golondrina no hace verano. Como afirma un analista, “poseer una franquicia deportiva lo coloca a uno firmemente en el club de los oligarcas, pero Jay-Z obtuvo su asiento en el club solo con una inversión simbólica”.
Por último, una línea del rap (“Boy from the hood but got White House clearance”) funcionaría como una carga explosiva. Hood es un apócope de neighborhood (“vecindario”), que en slang significa “barrio pobre”, referencia a los orígenes del rapero, nacido y criado en Marcy Houses, uno de los projects del barrio Bedford-Stuveysant, Brooklyn. Pero hubo un problema político con el texto que viene inmediatamente después: según afirma, ese muchachito neoyorkino había sido autorizado por la Casa Blanca a viajar a Cuba, lo cual daba pábulo a las acusaciones de la derecha en el sentido de que la pareja había recibido un tratamiento especial a partir de su conexión con el Presidente y la primera dama. Para entenderlo mejor, hay que recordar que a fines del año pasado Jay and Bey habían recaudado cuatro millones de dólares en el 40/40 Club de Nueva York (6 West 25th. Street, cerca de Broadway), del que es dueño, para la campaña de reelección de Obama, y que la diva –catalogada por ese activismo como una “recaudadora de lujo”–había cantado (en realidad doblado) el himno nacional de los Estados Unidos en la ceremonia de inauguración presidencial, el 21 de enero de 2013.
Otros sugerían, además, que el presidente de los Estados Unidos pudiese estar en una “posición blanda hacia los Castro” y hasta utilizando a la mega-pareja en una especie de nueva “diplomacia del ping pong” enviándola a Cuba con algún tipo de mensaje a las autoridades. Y ya había suficiente ruido público con el lobby cubano como para no desmentirlo. Ello explica la inmediata reacción de la Casa Blanca, que en la figura de Jay Carney, su secretario de Prensa, insistió en que el Departamento del Tesoro, y no la Casa Blanca, había otorgado la licencia, un procedimiento rutinario para cualquier viajero en el marco de la llamada política pueblo-a-pueblo: “Lo estoy diciendo de manera absoluta”, dijo alto y claro, “nadie en la Casa Blanca, del Presidente para abajo, tuvo nada que ver con el viaje. Eso es algo que maneja el Departamento del Tesoro”. Rematando más enfáticamente aún ante la pregunta de un periodista acerca de la razón por la que Jay-Z había mencionado a Obama en el rap, sentenció: “es solo una canción. El Presidente no se comunicó con Jay-Z a propósito de este viaje”.
Días después, el propio presidente Obama abordó el tema en el programa televisivo Today Show de la NBC: “No estaba familiarizado con el viaje. Entiendo que fueron mediante un grupo que organiza esos viajes educacionales a Cuba. No es algo en lo que haya estado involucrada la Casa Blanca. Tenemos mejores cosas que hacer”. Y durante una cena en el Washington Hilton con los periodistas que cubren la Casa Blanca, el pasado sábado 27 de abril, bromeó: “Tengo 99 problemas y ahora Jay-Z es uno de ellos”.
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