la gracia de estar en dos lugares al mismo tiempo

Por: Tito Alvarado, Montreal, Canadá.

··6 min de lectura

Por: Tito Alvarado, Montreal, Canadá.

El poeta Alex Pausides y la poesía de su libro Canción de Orfeo es la convergencia del ser y un resultado esencial, es la indisoluble y contradictoria unidad de cantor y canto.

La poesí­a es una extraña desnudez con este temblor de aurora, con este desencuentro de quien va vestido y aquello inasible que va desnudo, da inicia a “Palabras a la innombrable”, la poesí­a que tiene alma de mujer enamorada y amada por su misterio y eso es precisamente la gracia de estar en el objeto del canto y en su resultado, el canto mismo.

En la contraportada de este libro, liviano en su formato, pero inmenso y profundo en su contenido, nos dice Waldo Leyva que Alex Pausides “pertenece a esa estirpe (de poetas) que vive en la poesí­a y la transmite con nobleza”. Doble misión la del poeta serlo de forma completa y transmitir lo suyo, que es una forma de transmitirse, es decir trasminarse con lo cantado, para tocar el alma de la gente y en ese gesto radica el peligro del ser o no ser.

Leyva cierra la presentación: “Estos versos de Alex Pausides poseen esa rara intensidad que sólo tienen las voces que no nacen de la sabiduría, sino de esa sustancia donde se mezclan la palabra, ciertos silencios donde cabe el mundo y la savia esencial de la naturaleza humana”.

Son palabras como para sentarnos en una hamaca a esperar los laureles, si el poeta fuera un espacio vacío para llenar con ego, que entiendo, no es el caso. Pero también estas palabras son diamantes, esos brillantes resultados de la compresión del carbón, cortan y destellan brillos
haciendo más hermosa la hermosura. Puede el poeta envilecerse en el ego, puede estancarse en la no superación, lo cierto es que Pausides tiene un largo camino por delante, pero quizás nadie pueda superar lo que ha resumido Waldo Leyva. Este detalle me hace dura la tarea de hilvanar unas palabras a propósito de Canción de Orfeo. Un libro de dimensiones ilimitadas donde fluyen tres universos en su inmensidad de significaciones y son los que mueve con delicada maestría el poeta con su arte de juntar palabras que trasuntan humanidad.

Una poesía situada en el centro de la tormenta, puede ser una poesí­a que se ocupe de la paz que en el ojo reina o puede girar según el inmenso cí­rculo del huracán y seguir viaje con él hasta diluirse en otro espacio o esconder en los apuros del brillo propio, escudarse en la mirada perdida hacia otros horizontes o salir, en un gesto temerario, a enfrentar los demonios, fulgurando con los destellos de su valor. De todo hay en los confines de la poesía, perdura aquella que ha logrado tocar el alma.

Hay que haber vivido lo que es un huracán, viento a más de ciento veinte kilómetros por hora, un torbellino de viento y agua que se desplaza con rumbo errático, la única certeza de su paso es la destrucción en un radio casi tan grande como la esperanza. Son fuerzas en lucha que se
expresan contradictoriamente, justo en el centro de la tormenta y el tormento hay un espacio de paz, que dura mientras el ojo está en esa posición. Ya sabemos que todo movimiento es relativo y tiene relación con otros muchos, la poesía escrita en el ojo de la tormenta puede ser
sublime o absolutamente inconsciente. Pero es que en los espacios de tranquila armonía, el sentir humano tiende a la evasión.

¿Qué hay de común entre una isla en el trópico y la antigua Grecia con sus mitos? Una mirada desde la relatividad nos dirá que poco, casi nada y sin embargo en estas nadas nos movemos, como exponentes de una cultura que no termina de ser propia. A este hecho intangible, necesario es agregar que es poeta quien logra dirigirse al mundo, desde un yo que a
veces es él y otras muchas es un yo hablante más allá de su propio yo, es una voz que tiende a lo universal, desde la perspectiva cultural que lo ha formado. En nuestras realidades de un continente mestizo sabemos más de lo ajeno que de lo propio o si se quiere nos es propia la
historia, la religión y la mitología nacida en lugares que han sido dominantes alguna vez y poco casi nada sabemos de la historia, las religiones y la mitologías de nuestros numerosos pueblos primarios. Esto explica que un poeta del Caribe con tantos tintes de África como de Europa nos hable en propiedad de Orfeo y logre situarse bajo su atormentado sentir para transmitirnos un ayer con visos de un ahora, un mito hecho real, una realidad que se hace mitológica. Y es que la autentica poesí­a cubre todos los espacios y todos los tiempos y va y viene, por mundos reales que se hace imaginarios o mundos imaginarios que se hacen reales, como Pedro por su casa.

Nos dice la voz del poeta, Orfeo en “Eurí­dice”:

_Y al volver los ojos
el humo
espejos
nada
_
¿Y qué otra cosa es lo que resplandece un instante y luego desaparece? Pues todo sentimiento nace con el que siente y muere con él. Es que los seres humanos no tenemos el don de sentir el dolor ajeno y es esta incapacidad la materia oscura, la energí­a oscura de la poesí­a.

En “Canción triste” el poeta nos transmite un sentir desolado:
_Ya no soy el que habla. Ahora soy
el que calla inconsolable bajo los quietos árboles
_
En “Pequeña gloria” nos habla, desde un espacio infinitamente pequeño, de algo tremendo que está a punto de ser, es el espacio de un cambio de un estado a otro, y por ser, es, desde lo pequeño, infinitamente grande a la vez, en este sentido la pequeña gloria es la gloria que lo cubre todo.
_Eres una alternativa peligrosamente pura
Tu aparición le da validez universal a mi creencia
El hecho de que existas me dice que no estoy solo bajo el sol…
_
y más adelante:

Viernes yo
Tú la isla la bendición donde es posible todo
Y la espuma desmelenada y blanca se hace dulce
en la inminencia de tu arribo
Tú eres lo soñado…

La poesía de Alex Pausides tiene los inconfundibles sellos de lo sublime, el canto inusitadamente bello hacia una amada que es una y mil a la vez. Es un canto de amor único y diverso, único en su voz apasionada y diverso en su origen y entrega. En estos cantos, lo soñado se hace real y lo real se vuelve sueño para otro poema.

Canción de Orfeo es lo innombrable hecho poema , es la gloria en el canto, desde una isla
que es el mundo o si se quiere, desde el mundo que no es nada más ni nada menos que una isla.

*Canción de Orfeo, de Alex Pausides, SurEditores, La Habana, Cuba, 2006.

Tags
Compartir

Seguir leyendo

La Torre de Babel·

cubapoesia itinerante en pinar del río

PROGRAMA 6 de mayo 4:30 pm: Promoción del comienzo de CubaPoesía Itinerante, el 6 de mayo, en Guantánamo. Lectura de poemas en el programa Estamos ...

mary · 9 min

Un boletín más tranquilo.

Un boletín más tranquilo — nuevos ensayos, cosas que vale la pena leer, y alguna que otra fotografía.

Gratis. Cancele su suscripción con un clic.