La poesia está al sur. Dossier

(Durante tres días Pilón, en la Sierra Maestra, fue escenario de una singular festividad poética con motivode la celebración por el 110 aniversario...

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(Durante tres días Pilón, en la Sierra Maestra, fue escenario de una singular festividad poética con motivode la celebración por el 110 aniversario de la fundación del pueblo y los primeros veinte años de su grupo literario. Este festival, articulado a la Red Nuestra América de festivales de poesía de América Latina y del Caribe y al Movimiento Poético Mundial, es un ejemplo de la sobria dignidad de la poesía que va en busca de las personas más sencillas en las comunidades y colegios de esta localidad del suroriente de Cuba).

Palabras de bienvenida

Poetas invitados, amigos todos:

En nombre de las autoridades del Partido, el Gobierno y el pueblo de Pilón, damos a ustedes la bienvenida al encuentro “Al Sur está la Poesía” en su vigésima edición.

Un abrazo fraternal a todos los poetas, especialmente a Pablo Armando Fernández, Aitana Alberti, Alex Pausides, Alpidio Alonso, Rivardo Alberto Pérez, Nelson Gudín y otros de importante obra literaria.

Cuando el compañero Fidel dijo que lo primero que había que salvar era la cultura, nos llamaba la atención sobre el valor de la espiritualidad en el sostén de la nacionalidad cubana. El Grupo Sur, como tantos escritores, comprendió que la poesía vive en el alma de la gente.

Llevar la poesía a los barrios, a los centros de trabajo, a las comunidades, es un modo de alimentar la cultura del asombro y de la imaginación.

El esfuerzo cultural del Grupo Sur se suma y multiplica en todo el movimiento cultural que vive la provincia Granma.

Pilón siente el orgullo de recibirlos a ustedes desde una tradición de hondas raíces: esta es tierra de Celia Sánchez y Félix Lugones, tierra de campesinos que abrieron las puertas a los hombres del Granma y la Sierra Maestra.

Aquí vive la poesía en versos y la poesía silenciosa de hombres y mujeres que aman a la Patria desde esta ensenada que es hija del mar y la montaña.

¡Vengan a “echar los versos del alma”, el pueblo ya los escucha con respeto y cariño!

¡Gracias una vez más por el surco donde todos sembramos la dignidad de la cultura!

¡Bienvenidos!

(Palabras del Vicepresidente de la Asamblea municipal del Poder Popular de Pilón)

Al sur vive la poesía.

Un grano de poesía sazona un siglo

José Martí

¿Cuándo decimos, “Al sur está la poesía”, estamos ante el “fraude poético” al que se refería Edmund Radiguet al reconocer que lo era decir que los gallos solo cantan al amanecer? No sé, pero por esta línea del sur que va desde Cabo Cruz hasta la puntica de Maisí, han sucedido acontecimientos interesantes y tremendos.

Por el sur del más allá, llegó el poeta mayor remando durísimo en la proa del bote, el poeta del que diría Lezama, que su frase más cegadora es aquella que confirma: “Yo vengo de todas partes y hacia todas partes voy”. Pero igualmente conmovedora son las palabras volcánicas de las páginas del Diario de Campaña donde dice: “Salto. Dicha grande”.

Por el sur del más acá, muy cerca de Pilón, remaría otro bote, El Mambí, llevando consigo al teniente Rowan con un mensaje que enviaba el presidente de Estados Unidos para el General Calixto García. Entre un desembarco y otro se abría una antinomia insalvable. El mensaje de Mackinley era la señal para apoderase de la fruta madura; el desembarco de Playitas de Cajobabo era para morir por la libertad de Cuba, y convertirse el poeta en lo que Emilio Ballagas llamaría, “el Cordero de Dos Ríos”.

Por estas orillas también llegaría el Granma con la locura quijotesca de redención humana.

En la Ensenada de Mora, ¿o de la mora?, ya no sabremos; se tejió una historia rarísima llena de lo mítico y lo insólito. Este era un lugar amurallado por la sierra; antes que Mr Buchanan, abriera un surco a la montaña, había apenas un trillo por donde entraba la gente, o la expulsaban con aquella frase inapelable: ¡“Coge la Taratana y dale pa Camagüey”!

El pueblo hizo su fiesta de nacimiento alrededor de un ingenio, junto a él, vendría el dolor y los sueños, la esperanza, la comunión de lo imposible. Llegaron los días en que el pueblo salía con San Carlos Borromeo, en procesión para rogar por la lluvia que calmara la sed del polvo y las cañas.

Y en los días del baile, alguien pedía un cedazo, porque no alcanzaban las mujeres, o los diez centavos que costaba la pieza. En el ingenio otro pedía un cedazo para tomar la carretilla por unas horas para ganarse un buchito de pan. El más astuto compraba una botella de Bacardí por 35 centavos para emborrachar al descuidado y ocupar entonces su puesto de trabajo. Dicen que en este pueblo se apareció un día un hombre con un machete y dijo, “O me dejan trabajar, o le corto la cabeza a alguien”. Eran cosas muy raras las de este pueblo, hijo de la agonía, y la esperanza.

Pero el mayor misterio andaba por los cocales, por allí se paseaba Barranquilla, el jinete sin cabeza sobre su caballo blanco. Muchas veces se oyeron las historias de los que fueron por cocos y se espantaron ante la advertencia del jinete que arrastraba las cadenas: ¡Tumba y deja!

De los días de mi infancia me conmueven las historias de Leonor, la viejita del barrio que nos llenaba de cuentos que sacaba del cuarto de la noche; una vez nos contó que ella vio una hilera de grillos que marchaban con sus violines; otra, que hizo bajar del cielo con una cruz de cenizas a una joven bruja que volaba con su escoba. Lo curioso es que nunca desmentimos a Leonor, ni en los días de la niñez, ni en el tiempo en que nos cayeron los años.

Luego supe que lo que Leonor nos contaba, sería el alma de un libro de Alex Pausides: Malo de Magia; allí, entre los moringos y las pitajayas, late el alma fascinante de la poesía de estos lares, sí, porque el poeta Alex Pausides es el cantor de los misterios de esta tierra, de su gente, y los nombres de la vendimia.

Es cierto que ya en Pilón, no están los cocales, ni Barranquilla asusta a los niños, también murió el ingenio lanzando los cien pitazos de su último dolor, tales ausencias servirán para otros versos, ni siquiera hay tiempo para lamentaciones; Martí nos advertía que Jeremías se lamentó tan bien que después de él no valen más lamentaciones, por eso aquí la poesía sigue también viva en el alma de los que no escriben versos, perdura la magia de la montaña mordiendo a la orilla, las olas vienen con su musiquita y sus caricias, y en una de ellas, Proteo trae la respuestas a las adivinanzas; mientras, los poetas inventan sus respuestas y las jatías dejan en una señal del follaje detenido, la dirección del viento.

¿Al sur está la poesía? La respuesta podríamos encontrarla en un cuento del pueblo saharaui: Un maestro exige a sus alumnos pintar en sus pizarritas un árbol y un pájaro, amenaza con arrodillar al que no cumpla la tarea en solo dos minutos; al pasar el tiempo, el maestro dio un golpe sobre la mesa y dijo: ¡Se acabó el tiempo, levanten sus pizarras!

En todas había un árbol y un pájaro, pero al final del aula se alzaba una pizarra que solo tenía dibujado un árbol; el maestro, amenazante, preguntó: ¿Y el pájaro, dónde está? El niño con la inocencia en la voz le respondió: Maestro, cuando usted dio el golpe sobre la mesa el pájaro se asustó y echó a volar.

La poesía siempre estará, aquí o allá, en la mano de un niño que alce su pizarra solo con el árbol y su música, el árbol que espera el nido del pájaro que echó a volar, ese será el principio de otro verso, la ventana abierta de la próxima utopía.

(Palabras del poeta Julio César Sánchez Guerra. Miembro del grupo Sur durante la bienvenida al evento, en el parque principal de Pilón.)

Tomado de: Palabra del Mundo

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