luis y sergio saíz montes de oca, paradigmas de verticalidad revolucionaria

por María de los Ángeles Polo Vega.

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por María de los Ángeles Polo Vega.

61 años se conmemorarán este 13 de agosto del asesinato de los Hermanos Saíz, jóvenes cubanos de apenas 18 y 17 años de edad que sintetizaban los mejores valores de aquella heroica generación.

Cuentan testigos de los hechos que al atardecer del 13 de agosto de 1957,  los jóvenes pretendían celebrar el cumpleaños de Fidel y después de cenar con sus padres, salieron de la casa y a pocos metros de ella, encontraron la muerte en su entrañable ciudad de San Juan y Martínez, en la más occidental de las provincias cubanas.

Sergio, que era el menor de los hermanos se  había adelantado unos pasos, mientras Luis permanecía en la esquina conversando con unos amigos en la esquina de las calles Rivera y Estévez cuando a Sergio a quien interpelan dos miembros del ejército. Hubo un intercambio de palabras al parecer fuertes, cuando el joven rechazó un intento de registro.

Uno de los militares lo golpeó y amenazó con su pistola, mientras Luis al ver la escena se le acerca corriendo y exclama: “¡Mátame a mí y no a mi hermano!” Fue en ese instante cuando el sicario le disparó a sangre fría, primero a Luis, luego a Sergio, fueron apenas segundos lo que separó una muerte de la otra. Todos los vecinos quedaron consternados, esos dos jóvenes eran los hijos del juez de la municipalidad, el doctor Luis Saiz Delgado  y de su esposa, la maestra Esther Montes de Oca.

Muchachos entrañablemente queridos por todos los que le conocieron, jóvenes profundamente martianos, muy talentosos y responsables, con una activa participación en el Movimiento 26 de Julio, que no habían cometido ningún delito, pero se sabía  que eran revolucionarios y se les vigilaba, eran dirigentes de las asociaciones estudiantiles, redactaban manifiestos, encabezaban manifestaciones, participaban en acciones de resistencia.

Luis y Sergio Saiz Montes de Oca  también   comenzaron a escribir siendo apenas unos niños, su obra literaria es intensa, como también lo es la madurez de sus textos políticos escritos es plena adolescencia.Ambos eran poetas, narradores y a su corta edad hacían ensayos sobre el contexto que los rodeaba, textos martianos, sobre todo porque eran muy estudiosos de la obra del apóstol.

Poemas de Luis.

AUNQUE QUIERAS VOLVER

Sé eso…y mucho más.
Pero aunque te duela saberlo,
aunque te desgarre el alma
debes comprender que nunca más volveré a amarte.
Que jamás oirás de mi boca
los dulces requiebros
de mi amor pasado.
Porque aunque yo sepa
que tú mucho me ames,
que tu corazón mío sólo es,
yo también sé que a ti,
mi pasada quimera,
mi novia primera,
mi alma y mi corazón
¡te han olvidado ya!

CANTO AL OBRERO

obrero, masa sucia y rota
con los sobacos mojados
y las espaldas vencidas:
hay en tus ojos dolor de músculo vendido;
y de sombras en jolgorio
gustándose tu piel,
(como cosa burlada siempre).
En la savia correntona del taller
y de la máquina,
van unidos muchos inviernos
de los hombres que se ahogan en la fábrica.
Y nadie cree en tu fuerza:
martillo y cincel del mundo;
y hace falta que lo digas,
ante el asombro de todos,
y tu piel ennegrecida por el carbón de caldera,
(hombre-carbón que tú eres)
y las sienes en invierno por el patrón millonario,
y todo tu “yo” en un soplo,
largarse sobre la tierra
golpeando en duro la frente
para poner una estrella en alto.
Obrero,
porque me pica el sabor de ese sudor:
(martirio de látigo nuevo);
obrero,
con tu sueño trunco en la mirada,
y mano rota entre los dedos;
obrero, riel cansado
de la línea sin destino,
del ferrocarril-patrono,
haz hablar a tu “yo”
para levantar conciencias
y con el martillo mojado en ese sudar de pueblo,
y con la frente en el viento,
(que me trae sabores de luz nueva)
quebrar la fuerza de siglos
con tu dolor proletario.
Unos hombres de levita y cuello duro
con las manos de marica
y los sueños de opresión,
quieren hacer de ti
(mano-mole que fabrica)
fuego fácil en calderas
mente eunuca en el andar;
y otros que conocieron de tu asombro
y de tu llanto,
(¡canto malo por la sal!)
ahora forman cruel comparsa
(mano a mano al mayoral)
con las espaldas negadas a la verdad proletaria.
¡Y hace falta que lo digas,
pese al asombro de todos,
de los hombres con levita
y de los que ya te negaron!
Porque eres la vena rota y la realidad más amarga.
¡Y hace falta que lo riegues
ante el murmullo de todos,
de los hombres en oscuro
y del patrón-mayoral!
Porque eres el tuétano puro y abierto de este hueso en opresión.
Para que quiebres en sol
el bochorno de esta noche,
para que siembres en sangre
la simiente del futuro,
para que golpees duro
sobre la faz del patrón,
para que sientan los hombres
la cintura de un taller,
que no quiere ser carbón
en la burguesa caldera;
y que se ha lanzado al rostro
de la injusticia social
como una mano de hierro,
que tiene en sí la miseria del solar.
¡Hace falta que lo grites,
tuétano puro y abierto de este hueso en opresión!
Ante el asombro de todos
y el murmullo de los malos,
¡hace falta que lo digas,
carbón-hombre encadenado!
Obrero, mano más firme en la brega
martillo y cincel del mundo:
aquí estoy en impaciente
espera, hecha de asombro
a que libertes las espaldas dobladas sobre el taller
y así poder beber toda la savia vengada
sobre tu mano callosa.
Obrero, garganta ronca que no ha gritado,
párate en la pose más vertical y larga.
(reto de fusil en hombro):
porque tú eres la vena rota y la realidad más amarga.
¡Y hace falta que te oigan,
(voz-escombro de hombre en pie)
los maricas de sortija
y los patronos del club!
Y con el hierro sangrante
de la bala más hermosa
(justicia hecha metal
por el cincel de los bravos),
dejar caer por la tierra tu reguero de cadenas
que te pierden en la fábrica
(que te ríen en Europa)
mientras los huesos sin ropa
de tu hijo proletario
se ajustan con mano esclava
el dogal del patrón.
¡Y no puedes seguir en mudo
garganta que aún no ha dicho!
Obrero, sudor picante y mano abierta,
párate en la pose más decidida y alta
(metal-justicia entre dedos)
porque tú eres el tuétano puro
y la realidad más amarga.

LLANTO POR JOSE ANTONIO ECHEVERRIA

voz más erguida en los años de entrega,
cuando los malos se doblan
y la patria se enlutece;
¡José Antonio…! ¡José Antonio Echeverría!
jirón de carnes cubanas,
con tus balazos en tuétano
y la limpieza en el alma.
Canta… Grita… y saca tu voz de vanguardia
para abochornar apóstatas,
para ajusticiar traidores.
José Antonio,
tu nombre me trae al Maestro
y al Mulato que fue sol;
al Jardinero sin Odios,
y al Gigante de San Pedro,
porque tú viviste en la idea y en su culto,
único credo de tu virilidad enhiesta.
Hijo más alto que parió el Alma Mater.
Sin cadenas en las ropas destrozadas
ni mácula en la vida que se esconde,
como un trueno levantado de entrañas
sobre la misma calle de asfalto duro
que te sirvió de vía hacia la gloria.
José Antonio,
porque eres la meta más ansiada
y el gesto más en vilo,
prueba la mentira de tu muerte,
enséñanos las veinte heridas de tu carne;
clavel clavado a lo zurdo,
de esta generación intransigente y digna.
Y dilo para oírlo mucho,
para que nadie se olvide de tu viaje sin fin hasta la gloria,
con los ojos soñando escalinata
y las manos aferradas al hierro que derriba tiranos.
Tú que siempre fuiste vanguardia,
con el himno entre los labios,
sirviendo la bandera solitaria como escudo;
Tú que no puedes vivir en lo turbio,
hijo más alto que parió el Alma Mater,
¡clava los huesos de tu vida,
en una cruz inmensa
por sobre los brazos abiertos del templo bicentenario,
que llora por sus aulas con luto,
para espuela de hombres sin memoria,
o garras prontas a brotar!
José Antonio,
Yo que te sentí en la voz que fustiga,
sin un soplo de temor en la mirada,
hablándole a los hermanos de tu causa;
yo que te supe,
perdido entre los ojos que te vieron,
en la plaza que temblaba a las notas sinceras de tu voz,
y que te llevé como amigo sin haberte hablado nunca,
más que una frase fugaz en el rumor de una presentación,
te vengo a ofrecer mi vida.
Sólo puedo ofrecerte mi vida
para que ese viaje tuyo tenga razón
y no se pierda
entre humos de cervices con polvo
y espalda-gelatina;
porque tú eres algo más,
¡mucho más!
que un muerto ahogado por terrones
de cementerio provinciano.
Por eso,
(gesto de muros centenarios,
y aulas alérgicas al amo);
Por eso José Antonio,
(nervio guardado en celo por los pobres que te oyeron);
no teniendo más nada que ofrecerte,
¡te doy mi vida!
Y en cada mano dura
puesta sobre arado ajeno;
y en todo martillo que golpea
en un yunque extranjero;
y en todo corazón presente,
de las mujeres sin risa
por los que no volverán,
estás tú,
¡José Antonio Echeverría!
como un algo muy íntimo
que ni se da, ni se olvida;
estás tú,
(gesto-intención-idea, de la juventud revolucionaria),
representando al esposo,
al hermano que cayó,
o el hijo que murió contento, por un plomo mercenario.
Y porque me siento en esa realidad humilde,
que no te olvida,
sé que ese viaje tuyo
con un reguero de plomo entre carnes
y los labios besando al Alma Mater,
es sacrificio costoso,
¡pero no estéril!
¡José Antonio…!
clavel clavado a lo zurdo
de esta generación sin manchas.
¡José Antonio…! ¡José Antonio…!
La Revolución en grande,
la que dará pan al pobre
y sonrisa a los niños sin hogar;
esa cosa cierta por la que tú caíste,
está ya en marcha,
para clavar tu historia en lo más digno
de la escalinata que te supo la idea
y hoy te llora en el gesto.
José Antonio Echeverría,
clavel clavado a lo zurdo,
José Antonio Echeverría,
¡tú eres el hijo más alto que parió el Alma Mater!

Poemas de Sergio.

SUPLICA A LA MISERIA

¡ábrete en ti! mira hacia adentro,
ve el vacío de tu existencia
busca en lo hondo
de tu mirada sin luz,
y ve el horror de una mesa con hambre,
y la tristeza de unos ojos que piden un poco de amor.
¡líbrate de tus aliados,
los ricos, los expoliadores,
los vendedores de hambre
envuelta en injusticia,
de los que fabrican ilusiones
con pocos de carne
de esclavo nuevo.
líbrate tú misma
de este yugo que te han puesto,
del maldecir solemne
de unos huesos con hambre,
de la mirada furiosa
de unas órbitas sin ojos.
lleva fuera de ti,
a tu aliada la muerte,
resultante única de tu existencia,
deja entrar un poco de felicidad
en el cuerpo de hambre
de un pobre cansado.
te hablo mujer,
toco a tus puertas
llevo mi voz al fondo vacío de tu ser,
te imploro por ellos, por los buenos,
por los de abajo,
por los que de verdad son mis hermanos.
te hablo a ti que has sentido el sabor
de una mirada de odio,
que la has llevado clavada
en tu sino.
líbrate de tus cadenas,
déjate dormir un poco
sufre un día,
lo que has hecho sufrir
toda una vida.
¡perdónales!
perdona a las mujeres,
a las que en su vientre llevan
otro súbdito de tu reino oscuro,
recuerda que tú eres hembra,
hembra estéril, hembra en fin.
no te lleves por el odio
a esas ojeras con carne que es la mujer de abajo,
siéntete madre en cada madre que salves.
ya sé que tu sed sacias
en el cuerpo sin cuerpo
de estos pobres seres,
que es tu supremo orgasmo
un poco de madera
hecho refugio eterno.
pero perdónalos por hoy,
duérmete un poco,
sufre tú misma un tanto,
y déjalos vivir.
ellos que no saben de la vida,
más que el lado oscuro,
que seres que llevan el nombre de hombres
les dejan ver,
ellos que todo lo dan todo,
que de su vientre salen
los hombres genios,
los dioses, los pastores,
ellos merecen un poco
de tu olvido
un poco de tu sueño
un poco de tu amor.
suéltalos un día
abandona tu triste oficio,
rebélate contra este dios malo,
que olvida a sus hijos
y lanza al rubor de los cielos
un grito de redención.
¡perdónalos!

DÉJAME LLEVARTE EN ANSIAS

cómo donde el estómago parasitado
es cosa de rutina,
se ve la aureola de una nube muy clara.
enseñarte, cómo donde el whisky
es rey,
donde la música se escucha sentada,
con aros a horcajadas sobre la nariz,
los músculos se tiñen de oscuro
a pesar de los muslos ser blancos.
clavar en lo allá de tu mirada,
lo mucho que duele
un diente ocioso,
un lock-out de mandíbulas,
un paro forzoso de vísceras hambrientas
por culpa de alguien
que habla en extranjero.
grabar en cincel,
con pericia de muerto que esculpe
su tumba,
la tristeza tan amplia
de una cruz de madera
afincada en tierra,
de un cementerio gordo
y un bacilo de koch,
porque hombres que viven
limitados en cemento,
engullen en tiendas
la vida de seres
que nacen de gente de pubis cansado.
hacerte comprender,
sobre las cosas del mundo,
sobre el porqué de las noches sin sol,
de la sonrisa
compañera de viaje del cigarrillo turco,
por qué los ojos tristes
tienen callosas las manos.
son tantas las cosas que te quiero enseñar,
son tantos los dolores
de una vida que nace pensando
en colores verdes
que prefiero callar,
y llevarte dormida
sobre las alas de un murmullo,
para que veas con las cuencas en amplio
el porqué de lo turbio,
el porqué de lo claro.

En el documento “¿Por qué luchamos…?”, de Luis Saíz Montes de Oca, que está considerado como el testamento político de los hermanos Saíz, existen fragmentos que rezan:

“(…) Es necesario, imprescindible digamos, llevar a cabo la justa Reforma Agraria que dé la tierra al campesino y que con la creación de granjas agrícolas colectivas se reparta la riqueza de la cosecha entre los que la hicieron y así eliminan los ladrones y geófagos que roban el sudor de otros.”

“(.) No tenemos más que nuestras vidas, avaladas con la honradez de un pensamiento justo y una obra inmensa que realizar y como ofrenda de devoción y desprendimiento las hemos depositado en los brazos de la revolución cubana -justa, grande, renovadora, honrada, socialista- sin más esperanzas que ver algún día cumplidos estos sueños (…)”

Luis había nacido en La Habana el 4 de noviembre de 1938; Sergio el 8 de enero de 1940, en San Juan y Martínez, lugar de residencia de la familia. Los estudios primarios los cursaron allí. Ambos estudiaron idioma inglés y se graduaron de bachilleres en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río. Luis, buen orador, matriculó Derecho y Sergio, soñaba con estudiar Medicina, sueños que fueron interrumpidos por manos asesinas en la flor de la juventud.

Sin embargo, Luis y Sergio viven en su pueblo, y viven en la vanguardia de la joven intelectualidad cubana que los ha convertido en paradigmas de inspiración revolucionaria, entre otras razones  por su vertical actitud de dignidad ante la vida y  por esa madurez madurez política e intelectual alcanzada en edad tan temprana.

Para la juventud cubana  los Hermanos Saíz serán eterna fuente de enriquecimiento humano y espiritual.

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