memorias de una larga noche
por Arístides Vega (tomado de su muro en facebook)

por Arístides Vega (tomado de su muro en facebook)
El edificio donde vivo es un país. De solo hacer un rápido paneo por sus apartamentos uno puede encontrarse con ancianos que viven de su menguada pensión, de familias que se sostienen con los deprimidos salarios estatales, de quienes viajan con frecuencia al extranjero o reciben enjundiosas o alguna eventual mesada de un familiar en la distancia. Sobre todo después que la mayoría de los vecinos más jóvenes abandonaron en los últimos cinco años a sus padres y a sus abuelos para establecerse en los sitios tradicionales a los que los cubanos han emigrado, e incluso a otros, en que uno no supone ni remotamente cómo es la vida y que hace apenas unos años atrás todos desconocíamos.
Hay varios funcionarios que han reproducido en sus apartamentos todo ese confort que uno asocia al primer mundo (consolas, alfombras y muebles exclusivos que no es posible encontrar en ninguna de las tiendas a las que uno tiene acceso) y quienes siguen sentándose en los viejos sillones que heredaron de sus antepasados, en su mayoría con la pajilla rota y algún que otro remiendo.
Hay periodistas, médicos, trabajadores de fábricas, un Premio Nacional de la Radio, músicos y escritores, y hasta deportistas de alto rendimiento, que exhiben en las salas de sus apartamentos las múltiples medallas y trofeos que obtuvieron en su exitosa carrera.
Algunos saludan y otros prefieren mantener esa distancia en que parecen no verte, ni siquiera en el estrecho y maltrecho elevador ruso o checo, que aún funciona porque también contamos con varios vecinos inventores que han puesto todo su talento en reproducir las piezas que con los años se han ido dañando.
Hay cristianos, católicos y quienes decidieron adoptar alguna de las deidades que desde África nos llegaron.
El edificio donde vivo es un país y uno puede, sin salir de sus predios, estar al tanto de lo que está sucediendo e incluso de todo lo que podrá suceder, de las diferencias sociales y los comportamientos disímiles con que el cubano de hoy enfrenta una cotidianidad difícil.
Pero cuando nos quedamos sin fluido eléctrico toda una semana, después de azotarnos el huracán más terrible de cuantos hemos vivido, todos, absolutamente todos, nos quedamos sin ese esencial servicio.
Algunos nos alumbramos con velas, que llegaron a costar, en el mercado negro, pues en el estatal ya no existían, quince pesos, otros con viejas chismosas utilizadas en contiendas anteriores, otros con lámparas recargables y algunos, debo decir que los menos, con sofisticados aparatos que le permitían mantener activos al menos dos o tres equipos eléctricos. Ni siquiera la terrible oscuridad de esos días fue igual para todos.
Hubo quien no tenía con qué alumbrarse, ni con qué cocinar y ahí aparecieron los vecinos solidarios. Taimí, la vecina que cocinó dos ollas de chícharos, para luego salir a repartirla, quien compartió el agua fría que a su vez llegaba al edificio de otros sitios en que ya se había restablecido el servicio eléctrico, quien hacía café para el que no tenía y el que iba de piso en piso anunciando las nuevas noticias que escuchaba en un radio de pila.
Y hasta quien, como mi amigo, el poeta Sergio García Zamora, se negó a que la absoluta oscuridad lo venciera y decidió construir un retablo para cada noche ofrecer una función de sombras chinescas, en la sala de su casa, para entretener a sus hijas y a cualquier otro niño del edificio.
El edificio en que vivo es un país. Y el país está hoy soportando la envestida de una catástrofe. Hay un raro silencio, una melancolía que nunca antes había sentido tan generalizada. Ni siquiera anoche en que se restableció el servicio eléctrico se escuchó otra cosa que ese silencio que ahora recorre los pasillos de donde vivo.
Seguir leyendo

llamamiento a nuestro pueblo combativo
El huracán Irma, con su fuerza destructora, arremetió contra nuestra Isla por más de 72 horas, desde la mañana del 8 de septiembre hasta la tarde d...

memorias de una larga noche-II
por Arístides Vega. (tomado de su muro en facebook)

recibe el poeta abel guerrero premio provincial de la radio en granma
(tomado del perfil en facebook de la periodista Diana Iglesias Aguilar)