hoy con: mohamed salem abdelfatah, ebnu

SÁHARA, VERSOS, SUEÑOS Y ESPERANZAS.

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SÁHARA, VERSOS, SUEÑOS Y ESPERANZAS.

Cuando se está entre dunas, por el desierto, se tiene la sensación de que el mar está a punto de surgir del horizonte.

Quizá es sólo un recuerdo genético de los pobladores del Sahara, que no llegaron a conocer las doradas arenas, que parió la evaporación milenaria de las aguas que cubrían el territorio.

Sin embargo ,¡Qué hermosa combinación!

El mar y la arena.

Cuando las olas besan las enormes dunas se puede sentir su abrazo, escuchar sus risas, mientras juegan ajenos a la tristeza y el dolor de sus hijos, los mismos que brotaron de esa mezcla de aguas saladas y arenas doradas.

Del Sahara Occidental conservo pocos recuerdos. Desperdigados recuerdos que se resisten a abandonarme. Tal vez porque estoy tan apegado a ellos que se les hace imposible.

Nací en Amgala.

Amgala es el nombre de un vadi (río) afluente del gran Saguía (río saharauí) y es también el nombre del pueblo que creció en sus dos orillas. Pequeñas casitas de barro y piedra.Amgala es un río subterráneo, sólo cuando llueve el agua permanece unos días en la superficie.

Amgala, había decidido hace ya bastante tiempo que pasaría inadvertido, pero que guardaría en sus entrañas suficiente agua, para que sus habitantes no piensen jamás en la sed.

Amgala

Las olas del tiempo rompen

contra los muros de la memoria

erosionando las huellas

de mi infancia lejana.

la distancia engulle los indefensos recuerdos

que vagan dispersos a la deriva.

–El Almuédamo despierta la mañana–

y yo me acuerdo de ti, Amgala.

Mi infancia se acabó el día que abandoné Amgala. Se truncó de la peor manera, como sólo sabe hacerlo la guerra.

A los ocho años me quedé sin padre. Casi no le conocía, porque para mantener a la familia tenía que trabajar. No había tiempo para la familia. Pero la guerra se lo llevó para siempre. Lo asesinaron. Nos lo quitaron para siempre. Me privaron de la esperanza de poder algún día conocerle.

Ni siquiera sé dónde está enterrado.

… Sola te quedaste, Amgala,

sin vientre y, sin senos

sin brazos y sin ojos

sin padre y sin mí.

Al duende parlanchín,

esclavo de tus pozos y alturas

se le ahogó la voz en la distancia.

–Ya no me responde–

¿Acaso murió de soledad…

o lo desterró la tormenta

que arrasó tus polvorientas calles

donde aún ruedan

mis sueños y mis canicas?

Amgala está al otro lado del muro, convertida en una base militar marroquí.

Como mi padre muchos saharauies corrieron la misma suerte. El mundo, entonces, no sabía las atrocidades de la invasión marroquí del Sahara.

Aún hoy, muchos parecen no haberse enterado de los sufrimientos de cientos de miles de saharauies, que solo aspiraron a vivir en libertad. Unos meses después de la muerte de mi padre, perdí a la pequeña de mis hermanos.

Sólo tenía un año.

A la mayoría de los niños nacidos en el año 1975, que no mataron los bombardeos de la aviación marroquí, los mató el sarampión. Su espíritu se quedó jugando entre las dunas, donde danzan los duendes de la libertad y la paz del desierto.

REQUIEM

A los pies de la espera

un manto blanco cubre la ausencia.

…A la sombra de la espera

descansaban los restos mortales

de un breve instante.

Menuda paradoja

-de la vida y de la muerte-

la de este precipitado descanso

para quien no tuvo

la oportunidad de cansarse.

Los que nos salvamos, dentro de las desgracias que sufrían los saharauies, tuvimos la oportunidad de estudiar.

Con diez años llegué a Cuba.

Los primeros meses fueron terribles. Recuerdo que lloraba todas las noches. Cuando nadie estaba despierto yo viajaba por encima del Atlántico y me reunía entre lágrimas con mi madre y con mis hermanos. Hasta que no pude más y un día dejé de llorar. No porque no tenía ganas, no. Simplemente se me habían agotado las lágrimas. Cinco años después cuando pude abrazar a mi mamá las lágrimas volvieron a mis ojos.

De aquel grupo que vinimos a estudiar a Cuba sólo doce llegamos a la Universidad. Los demás fueron llamados al frente. Muchos se quedaron en el camino defendiendo su tierra.

Recuerdo que los que no fuimos escogidos para ir a la guerra, sufrimos una gran decepción. Unos años después nos incorporamos como médicos, ingenieros o profesores.

Había pasado entonces once años sin ver a mi madre y a mis hermanos. Cuando regresé tenía catorce sobrinos. No había prácticamente noticias de la familia (tres o cuatro cartas en once años).

Pero los saharauíes que vinimos a este país formamos una gran familia que con los años se fue acrecentando. En nuestras residencias, en nuestras habitaciones teníamos nuestro pequeño país, nuestras costumbres, nuestra historia y Cuba, que podemos decir, que nos lo dio todo en esos años, nos permitió seguir siendo lo que somos.

En ese ambiente, donde constantemente evocábamos nuestro Sahara, con nuestros inocentes recuerdos o cuando compartíamos las noticias que escuchamos en una radio o una carta que llega o algún visitante, surgieron mis primeros versos. Primeros versos que casi ya no recuerdo, Me deshice de ellos creyendo yo que algún día los haría mejores. Y ahí sigo intentándolo.

AÑORANZA

¿Qué felicidad puede haber

dentro de estos muros

en estas interminables noches

de insomnio y desesperanza?

Todo quedó contigo,

lejano e intangible

como aquella tarde de julio.

A veces visito

la muralla que nos separa,

intento recuperar

tantas oraciones perdidas

y pedirle a Dios

que nos libre de las langostas.

Sin embargo, lo de Cuba fue difícil de superar.

Después de as primeras semanas de euforia y alegría por el reencuentro con la familia, llegó un enorme vacío .No sabía ni dónde estaba ni dónde quería estar. Llegué a pensar que el mundo que intentamos conservar con mucho celo en Cuba no era el mundo real al que pertenecemos.

Me dí cuenta que estaba marcado por el resto de mis días. Pero que tenía que recuperar mi mundo, que casi había perdido, sin perder los valores y sin olvidar el mundo que me adoptó como un hijo y que me lo ofreció todo: cariño, amor, humildad y sabiduría, Todo en medio de un envoltorio de hermosos colores y unos sonidos que siguen convidándome a mover los pies de alegría.

Cuba era la vida, mi vida. Fue una realidad que superó mis sueños y que llevo no solamente en el corazón, sino en cada parte de mi cuerpo y de mi mente.

Con el paso del tiempo aprendí lo que era inevitable. Que tenía que volver a mis orígenes. Volver a comenzar mi otra vida y conjugarla con lo que soy. Una mezcla, una síntesis de dos culturas diferentes. Un producto con la riqueza de la aleación del norte y el sur, de oriente y occidente.

Y entonces la poesía, las palabras me rescataron de esos momentos de incertidumbre.

La poesía fue fundamental en ese proceso de transformación o adaptación a mi nueva vida. No fue una evasión de la realidad sino todo lo contrario, la poesía me sirvió para reflejar la realidad que me rodeaba y para reflexionar sobre dicha realidad. Muy importante también, en ese proceso fue el reencuentro con los amigos de Cuba. Tuvimos la suerte de trabajar juntos y eso hizo que el camino se hiciese más fácil.

La poesía comenzó a fluir de quienes hasta entonces no habían descubierto al poeta y a la poesía que llevaban por dentro. Se desempolvaron versos. Hermosos versos que yacían olvidados entre las páginas de muchos libros.

En ese ambiente comenzaron a brotar nuevos versos. Empezamos debates, tertulias culturales. Había consejos, sugerencias y programas de radio dedicados a la poesía. Casi puede afirmarse que nos alimentábamos de la poesía.

UN DÍA ROMÁNTICO

Era un día romántico

solitario y gris

como estas colinas

.

Todo era escaso

melancólico y triste

–excepto nosotros–

que, en la abundancia

y la gracia del Señor,

el pan y las heridas

compartíamos con las moscas.

Hace dos años, creamos el grupo “Generación de la amistad saharauí” para juntar nuestros esfuerzos creativos en la defensa de la cultura saharaui. En defensa de la identidad saharaui y por contribuir a la divulgación de la causa del pueblo saharaui y sus aspiraciones de paz y libertad.

Nuestra poesía reflejaba la idiosincrasia saharaui expresada en lengua española con influencias de la poesía revolucionaria cubana, la poesía social y todas las vanguardias tanto de Europa como de América.

La poesía saharaui es mestiza, es el resultado de una mezcla de mestizajes.

Sus temas son tan universales como cualquier poesía, sin embargo, tienen el sello del destierro y de la guerra como todo lo que rodea a los saharauies.

Sus versos son de amor y de arena, de sangre y de sudor, de sed y espejismos, pero también de sueños y esperanzas.

Mohamed Salem Abdelfatah (EBNU), La Habana,30 de mayo, 2007

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