naborí, voz ineludible en el coro de la poesía cubana

por María de los Ángeles Polo Vega.

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por María de los Ángeles Polo Vega.

Este 30 de septiembre estaría cumpliendo 97 años Jesús Orta Ruíz, el Indio Naborí, esa voz ineludible en el coro de lo mejor de la poesía cubana de todos los tiempos.

Premio Nacional de Literatura en 1995, el jurado que así se lo otorgó, destacaba en el acta: «La crítica reconoce como hazaña artística literaria de Naborí, el haber elevado ese género popular a la más alta categoría estética, al aportarle a la décima un lenguaje culto y expresivo, con las ganancias tropológicas y otras conquistas de la poesía moderna».

Sin embargo, no se quedó ahí, el Indio, como cariñosamente le llamaba todo el pueblo, fue un poeta que supo expresar » con gracia inconfundible y perdurable resonancia, los más puros acentos de la sensibilidad humana y las más sagradas aspiraciones alentadas históricamente por el espíritu nacional de su pueblo» como también consta en el acta rubricada por Gustavo Eguren, Waldo Leyva, Virgilio López Lemus, Rafael Acosta y Ángel Augier, como el presidente de aquel jurado.

Hijo de campesinos, descendiente de canarios aplatanados en Cuba, Naborí se apropió de la espinela, la novia de nuestros campos para llegar a consagrarse como el más grande decimista cubano de todos los tiempos, fusionando en ella lo culto y lo popular con maestría y elegancia absolutas, pero no se quedó ahí…cultivó todas las formas clásicas de la poesía, los versos libres, la prosa en sus más variados géneros y un periodismo de altísimos quilates.

Reconocimientos tuvo muchos, nacionales e internacionales, pero el que más disfrutó fue sin lugar a dudas el cariño, el respeto, la admiración de su pueblo, que le acompañaba por donde iba.

No importaba la edad, cualquiera memorizaba sus textos, desde la pequeña pionera que en el matutino escolar declamaba La Elegía de los zapaticos blancos, hasta el Jefe de Estado que llevaba a su discurso los versos del poeta.

A 97 años de su natalicio recordamos al insigne poeta, con el último de sus poemas, un soneto escrito tres días antes de su muerte, convencidos como él, de que

«El tiempo no devora redentores»

Estatua viva del metal más fuerte,
no pudiendo los monstruos de oro y cieno
matarte con la bala o el veneno,
quieren que el tiempo te condene a muerte.

Cuentan tus horas, les anima verte
blanca la barba de perfil heleno;
y en la alta cumbre del pensar sereno
el brote de tus canas les divierte.

Los pueblos, sin embargo, te dan rosas,
poemas y canciones más por cosas
de cumplesueños que de cumpleaños,

pues la edad de los héroes y los genios
no se mide ni por días ni por años
sino por largos siglos y milenios.

JESÚS ORTA RUIZ
(INDIO NABORÍ)
martes 27 de diciembre del 2005.

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