omar felipe mauri en “el autor y su obra” del instituto cubano del libro
LA LLAMA QUE NO SE APAGA.

Omar Felipe Mauri
LA LLAMA QUE NO SE APAGA.
Por: José Raúl Fraguela.
Cuando a principios del siglo xx el escocés James Matthew Barrie creó, inspirado, como solemos, en situaciones y personas de su entorno, al niño que no quería crecer, estaba seguramente lejos de imaginar que su Peter Pan, seguiría hoy, más de 100 años después, entre nosotros, cautivando con sus peripecias a niños y adultos, reapareciendo, cada vez el mismo y otro, en canciones, obras teatrales, películas, novelas; o dando aliento a poemas como estos, inspirados igualmente en los niños de la vida de Omar Felipe Mauri, que hoy nos llegan gracias a Ediciones Loynaz y su colección Brujita, para regocijo de los lectores, infantes y adultos, que decidan explorar sus versos.
Símbolo a veces del adulto que teme a las responsabilidades que conlleva su condición, en el caso de estas canciones, sin embargo, el autor, plenamente asumido, responsable, maduro, rescata al niño que fue, le devuelve su voz, recrea sus propias vivencias quizás, las de sus hijos y nietos, para ofrecernos un manojo de estrofas llenas de matices, giros, situaciones que en su mayor parte no llegan a ser narrativas pero en las que llegamos a vivir cierto acontecer, la anécdota, el juego, los recursos imaginativos que tanto pusimos una vez en práctica para inventarnos la aventura, el juguete y hasta el amigo, vivencias que hemos casi olvidado y que solo afloran en momentos singulares de nostalgia, provocada a veces por el dolor, por un reencuentro sorpresivo, o por el simple hecho de detenernos a mirar a nuestros niños y caer en cuenta de que reeditan constantemente nuestros juegos de roles, nuestros artilugios construidos de deshechos, que lo mismo podían ser camiones que naves espaciales o el barco de velas donde nos íbamos a naufragar en cualquier isla desierta.
Estas Canciones de Peter Pan con las que el autor se ha propuesto alimentar en los niños “la llama de la poesía”, como bien dejan explícito las palabras de Félix Pita Rodríguez usadas a modo de presentación, están agrupadas en tres secciones: “Poesía de las horas”, donde se explaya más el lirismo; “La fantasía de jugar”, que se centra en lo vivencial, la magia intrínseca de la niñez; y “Verso que vuela en el viento”, que dirige su mirada al paisaje, a veces a la historia, y no falta el verso que se asoma a la relación con el otro, vista desde los ojos del pequeño.
En “Poesía de las horas”, transitamos una jornada desde las primeras luces del día hasta la alta noche, siguiendo una voz que rezuma delicadeza al recrear, en imágenes que van desde la instantánea foto fija hasta el fotograma en movimiento del cinematógrafo, diferentes momentos, consiguiendo especial singularidad incluso en el dibujo de algunos tan ampliamente cantados como el amanecer y el ocaso.
“Mañana”, poema de apertura —no podía ser otro—, no se limita a describir el amanecer, sino que luego de comenzar la lectura escuchamos a un sujeto lírico con visos de omnipotencia por su capacidad de embellecer el suceso: “Para alegrar la mañana / di azahares al naranjo / y perfume a la guayaba” —guayaba símbolo de lo cubano, que señorea a lo largo del cuaderno—, que se distancia luego a una tercera persona sin perder por ello la cohesión del poema gracias al empleo de la anáfora, para llegar a un aparente cierre: “desgrana todos sus trinos / mi corazón en la rama” que sugiere hemos estado escuchando todo el tiempo la voz de la propia naturaleza, pero enseguida cambiar todo con un solo verso suelto, el mismo que ha estado repitiendo en cada estrofa, pero con un ligero y esencial cambio: “Para alegrar tu mañana”, y al sustituir el artículo por el posesivo, el poema cobra intimidad, se convierte en una canción de cuna para despertar.
A partir de ahí, la mirada del poeta se fija en los elementos que distinguen su mañana: los cambios en el cielo y la tierra, las sombras que dibuja el sol, las flores que empiezan a abrir, los insectos y pájaros, hasta llegar al mediodía cuya marca da paso a las tardes tropicales, donde son motivos los elementos de la tormenta veraniega, y aquí cabe destacar el poema “A las cinco”, dedicado a nuestra Dora Alonso, por el uso del apócope, pero de modo tal que el primer sonido del verso siguiente completa la palabra trunca al final del anterior, evitándonos el trabajo de reconstruir la palabra sesgada.
Mauri utiliza aquí, y a todo lo largo del poemario, diferentes grupos estróficos, trípticos, dípticos, o ninguno, y siempre la rima, aparentemente organizada a su antojo, pero de modo tal que cada poema tiene su propio ritmo, su tempo, una musicalidad que asegura válida cualquier disposición de los sonidos en el texto, libre en todo momento de ruidos.
En “La fantasía es jugar”, segunda sección, la poesía es más factual, acá el juego se hace centro, juego posible y suficiente solo con la presencia infantil que se inventa los juguetes “Con una piedra, una rosa, / una lata, un papelito, / un lápiz mocho o un pito, / con cualquier cosa”, y ese poder de la mente del niño para imaginar situaciones, viajar en una carrocería de camión abandonada o convertir “dos trozos de cartón / y ruedas de chivichana / dos latas para los focos / y un viejo despertador.” en máquina voladora, es precisamente lo que alimenta el verso, condimentado con una pizca de nostalgia a veces por el tiempo ido, por la niñez dejada atrás, ya sea la propia o la de los sucesores, crecidos también.
“Verso que vuela en el viento”, tercer y último grupo de estas canciones, mira al paisaje, pero no queda en lo meramente contemplativo. En “Dialogo”, por ejemplo, más que la salvadera junto al río, parecen importar los recuerdos que guarda, la fauna fluvial, tal vez hoy desaparecida, los miedos infantiles inculcados por los adultos para impedir los ingenuos disparates de la pandilla, y al final, la preocupación, presentada casi como un exabrupto con la pregunta ¿qué dices al leñador?, por el futuro del árbol maravilloso que custodió la infancia.
Así, van apareciendo acá, recreados por el poeta, el mar, las garzas, el río, las nubes, los gorriones, pero también, sin didactismo expreso, el niño accede a una especie de conceptualización lírica de la amistad, y se rinde homenaje a personajes de la historia como el Titán de bronce; de la cultura, como el poeta Antonio Machado y nuestro Félix Pita Rodríguez, nacido en la patria chica de Mauri, a quien dedica el breve poema de cierre donde retoma la idea inicial y asegura que la poesía, una vez “hecho su vuelo de fuego / nunca se podrá apagar”, y encendidas quedarán ya, mientras haya un niño para aventarlas, es decir, siempre, estas brasas donde se caldean belleza, alegría, nostalgias, y sobre todo el lirismo que solo puede nacer de la emoción más auténtica.
EN TORNO A CANCIONES DE PETER PAN.
Por: Armando Landa Vázquez.
Omar sabe desde hace mucho, que en materia de vida y poesía, acaso una ambas, no leeremos el mismo poema dos veces. De ahí la extrema singularidad de la vivencia poética en abierta confrontación con el porvenir destructivo de lo temporal que nos ofrece Mauri.
Lo primero que como lector de poesía experimento frente a “Canciones de Peter Pan”, es que son poemas escritos desde la perspectiva del niño que no dejaremos de ser nunca, dado que únicamente desde la mirada de un niño y con su misma insondable sabiduría se puede hablar a los niños y escribir para ellos.
De hecho conozco algunas propuestas dentro de la poesía destinada a la edad que Martí nombró de oro en nuestro contexto insular, que fueron totalmente felices en sus propuestas. Pudiera enumerar el ya clásico Soñar despierto de Don Eliseo Diego, algo de las incursiones poéticas de Dora Alonso que se convirtieron en forma y contenido en paradigmas del género.
Debo resaltar que Omar Felipe coloca a sus privilegiados interlocutores, frente a la celebración de la naturaleza al desnudo, ya sea en la celebración de la “Mañana” texto inaugural del libro, hasta “Poesía”, especie de arte poética y declaración de fe del instante de crear versos y lo que ha implicado en la vida de este autor asumirla sin ambigüedad alguna y vivir no como mero testigo sino como actor de su tiempo.
Estos son poemas de la contemplación profunda, del recreo de la memoria, y encaminan al autor de Un patio así, a buscar y encontrar la tan añorada fijeza, aquello que como patrimonio esencial ha venido atesorando por días, semanas, meses, y años de arduo aprendizaje. Yo veo en Omar aún en su narrativa a un poeta dotado y preciso, acaso muy contenido, pero de una eficacia integral.
Si un libro de poemas se salva o se hunde en un poema y hasta en un verso creo que las Canciones de Peter Pan, se salva como libro dentro de un conjunto cabal, una incesante articulación y creación de una atmosfera única.
Canciones de Peter Pan, evocan la historia viva y manifiesta de un suceso que para la generación de Omar Felipe, los venidos al mundo del 1959, junto a un cúmulo de hechos dolorosos, le obligaron tempranamente a asumir la historia del país desde una perspectiva cargada de responsabilidad y deberes que se le plantearon como asunto de vida o muerte apenas cruzaron el delicado umbral de la adolescencia hacia la edad madura.
Yo por este libro brindo como ante el deslumbramiento que implica lo real, apostando por una lectura que sea a la vez magia e invención de la palabra.
Sus lectores en lo sucesivo tendrán lo que parece ser la última palabra, hasta hoy jamás pronunciada ni como utopía, para nuestra dicha. Porque la última palabra espera su turno, y como refiero glosando a Roland Barthes, se moverá entre el susurro y el canto a los primeros elementos ,involucrando la dolorosa y sistemática invención del lenguaje, no herencia biológica, sino creación histórica.
A FIN DE CUENTOS.
Por: Armando Landa Vázquez.
Transcurrían los años extremadamente conflictivos de finales del siglo y milenio pasados, exactamente en 1987. Cuando tuve la dicha de conocer a Omar Felipe Mauri Sierra, era ya el autor de una trilogía de libros de literatura para niños y jóvenes, que venían abalados por un premio extremadamente prestigioso que convocaba la Universidad de La Habana, nombrado 13 de marzo.
Entonces era un joven autor de 27 años que junto a un amigo común, Henry Valdespino Vázquez ejercía de asesor literario en nuestra localidad, y se consagraba como promotor sin pausa de la literatura en un todavía estructuralmente vigoroso movimiento de talleres literarios.
Por ello reitero, eran otros tiempos en todos los sentidos, especialmente en lo económico, y hoy ya muy remarcadamente en lo social, por extensión.
Pero una cosa no ha cambiado en este hombre en el mejor y más noble sentido de la palabra, su intrínseca vocación por extender la cultura, un sentido extremadamente juicioso y atinado de sus obligaciones dentro y fuera de la literatura, y una obra que ha ido creciendo con el tiempo en sencillez, entiéndase, no simplicidad, jugando un papel destacado y de referencia en la literatura dedicada a niños y jóvenes en cuba y fuera del ámbito insular.
También el ensayo siempre abordando la literatura de la niñez y juventud le deben algunos aportes para una futura periodización de las ideas en relación a la literatura destinada a niños y jóvenes.
Cuando se apaguen los fuegos fatuos de estos tiempos, estas reflexiones seguirán siendo útiles en sucesivas generaciones de escritores de su perfil como formarán parte de la identidad de la patria chica y la otra que nombramos a veces con mucha alharaca universal, de la cual la primera forma parte inherente de los valores que aporta la vida mediata al horizonte de una ciudad con sus correspondientes analogías.
Por tanto cuando se me encomendó y yo acepté muy en el fondo con gusto presentar A fin de cuentos, libro ejemplar en el catalogo de este autor que ya suma casi 20 libros publicados con una orientación estética coherente en la intención de escribir para tan difícil edad con constaté que Omar Felipe en sus 7 historias recogidas en este volumen, tenía algo interesante que contar, asunto que parece obvio, pero no siempre sucede.
Por ejemplo en cuentos como “A la sombra de un árbol”, y “Último mensaje en la botella”, a “A la sombra de un árbol”, cada historia goza de una felicidad ejemplar de realización.
Su lenguaje es transparente en cuanto a grado de dificultad, lo que equivale a expresar sin vagas dificultades que puedan impedir el pleno acceso del lector. A nuestro autor no le interesa el lucimiento expresivo innecesario, que es también posible si se lo propusiera, sino la reiterada meta de transmitir una historia, que a su vez pueda ser contada.
Especialmente sorprendentes son los cuentos “A la sombra de un árbol” y “Ambrosio el milagrero”, y es que Omar no deja de comprender, asunto que reitero y parece obvio que para esta edad de la niñez a la temprana adolescencia, existe la necesidad básica de aprender.
Porque Omar interiorizó con vivo ejemplo aquel aforismo del maestro de los maestros cubanos, Don José Martí, que haciendo elogio en un trabajo dedicado al sabio venezolano don Cecilio Acosta expresó “Lo hizo maestro que es hacerlo creador”.
Yo que comparto muchas afirmaciones martianas, por respeto a mi propia visión del mundo, me gustaría tentativamente la expresión “Lo hizo maestro que es hacerlo” recreador del mundo que recibimos en herencia por el creador del génesis de la palabra, cuando entre el Tigris y el Éufrates comenzó a dar nombre a las cosas, las cosas que de pronto tomaron vida porque no había que señalarlas con el dedo, como sucede en “cien años de soledad” y que al ser nombradas recobraban su ser entero, su cabal fisonomía.
“Sainete de amor de la mulata y el gallego”, otro relato del libro presente, es toda una prueba de maestría técnica expresiva, obra ya del maestro en el arte de la narración con un oficio a toda prueba.
Ya esas virtudes ustedes podrán constatarlas, sin obligarme a creer, que estoy hiperbolizando. Pero vuelvo a Martí, “El elogio oportuno fomenta el mérito”.
Yo podré tener con casi todos los que me escuchan, muchas diferencias, ellas son la sal del mundo, pero no necesariamente discordias, hecho que se hace extensivo al autor de Un patio así, o Perfil de la literatura cubana del siglo XX.
Pero tengo la convicción que esta ciudad de San%C
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