ramón rubiera: poeta inédito
Un artículo de Josefina Ortega • La Habana.

Un artículo de Josefina Ortega • La Habana.
Te contemplo esta noche desde mi belvedere,
donde pernocta y canta la obsesión de la muerte.
Mi ciudad, yo podría abandonar mi encierro,
salir y ver tu aturdimiento,
tu agitación nocturna , tus mujeres,
reintegrarme a tus goces exaltantes,
a tu frenético bullicio
pero me toparía en todas partes
conmigo mismo.
(Ciudad, Rubiera Ramón)
La personalidad del poeta Ramón Rubiera fue una incógnita para cuantos le trataron, incluso para su hijo Alberto, a quien le debo el interés por el casi desconocido hombre de letras, autor de un solo libro, Los astros ilusorios (1925), con una tirada de apenas 200 ejemplares, que ni siquiera llegaron a una librería.
Su nombre aparece en El panorama histórico de la literatura cubana, de Max Enríquez Ureña, entre el grupo de poetas surgidos en la década de 1920 a 1930, en el que se advierte el ascendente del simbolismo francés, como una supervivencia modernista.
Se le tilda allí de elegante y correcto, (…) “cuando evocaba las barcas que horadan las entrañas frágiles del misterio que abruma las remotas llanuras oceánicas, nos hacía vislumbrar como relámpago fugaz el recuerdo del barco ebrio de Rimbaud.”
Cintio Vitier nos da una imagen de Ramón Rubiera en su novela autobiográfica de Peña Pobre, en cierto personaje que retrata en lo físico como “un cincuentón sanguíneo, la terca cabeza encajada en el torso abombado, sostenido por las piernas cortas y sólidas, arqueadas hacia atrás como en algunos niños grandullones…” y lo describe como “un poeta de los años veinte, periodista o traductor anónimo desde entonces”, a quien atribuye, como sus “ rasgos más tenaces”, “la hispanofobia, el anticlericalismo y la erotomanía”.
Oye, supremo ser, dicen que te inventaron los trogloditas.
acepto esa versión si no replicas.
Si existes, eres congénitamente sordo o te pones
algodón en los oídos como la luna de Laforgue.
…………………………………………..
¿Por qué aceptas que abunden los degenerados, los cínicos,
los abyectos, los sórdidos, los viles asesinos?
¿No te fastidian ya tu cósmica vagancia y tu celibato perpetuo?
¿Hasta cuándo se prolongará tu silencio?
¿Eres acaso sordomudo? ¿O es que te haces el sueco?
(Cuestionario indiscreto)
Poco se sabe de este poeta inédito ―como lo llama su hijo, ni siquiera la fecha de su nacimiento con exactitud ― (fue alrededor de 1890) ― pues él mismo acostumbraba a quitarse la edad hasta poco antes de su muerte, ocurrida en 1973. Tampoco nació en La Habana ―como se aseguraba―, sino en el municipio de Nueva Paz, en Los Palos; tampoco cursó estudios universitarios de Pedagogía e Idiomas, ―según se creía― ni tampoco viajó por Europa, aunque conocía a París como la palma de sus manos, lo que dio fe más de un francés al evocar juntos la Ciudad Luz en un café de La Habana.
Fue un autodidacta casi total, apenas hizo algunos estudios de primaria, pero se hizo periodista y aprendió el francés a la perfección, lo que le permitió con posterioridad acceder al título de la famosa escuela de idiomas Berlitz, y a una cátedra para la enseñanza de esa lengua en la Escuela Normal para Maestros de La Habana.
A las pocas semanas de salir de la imprenta Los astros ilusorios, en 1925, su amigo, el poeta y revolucionario Rubén Martínez Villena publicó un memorable artículo sobre el volumen en la revista Chic, en donde ―afirma Alberto Rubiera― “penetró como nadie en la entraña de aquellas veinte poesías y las situara para siempre en un lugar preeminente de las letras cubanas”.
De la crítica de Rubén tomo estas palabras: “Ramón Rubiera es un simbolista-parnasiano. El símbolo, ideológicamente perfecto, sufre luego la acción lenta y difícil de la lima. (…) Los astros ilusorios brillan con luz propia y real. Seguramente no conocemos libro alguno de autor cubano que mejor patentice sintéticamente una personalidad poética definida”.
Para quien escribe estas memorias , acaso lo más sentido sobre el poeta Ramón Rubiera pertenece a un trabajo de su hijo Alberto aparecido en Revolución y Cultura, en 1987, en el que lo evoca con estas palabras, que me hicieron acercarme al hombre y a su poesía con una nostalgia compartida :
_
“… La imagen que guardo de él es sobre todo la de una especie de prolongación viviente del buró que presidía la sala de la casa. Allí, en su silla reclinable, trabajaba, leía, charlaba con sus amigos y en primer lugar conmigo… Y fumaba sus inseparables tagarninas ―como él mismo las llamaba―, que hicieron que en una ocasión un amigo lo visitara para expresarle emocionado (y muy en serio) que gracias a él por fin había podido liberarse del hábito de fumar. Él le había regalado uno de sus puros (¿), y unas cuantas fumadas le habían bastado para tomarle un asco insuperable al tabaco…_“Deben sumar años las horas que pasé cerca de aquel buró, hablando o discutiendo con él u oyéndolo hablar y discutir con sus amigos.
“Y así, sin que todavía pueda explicar el proceso, me hizo comunista sin hablarme de marxismo; me inculcó el vicio de la lectura sin tocar apenas los temas literarios; me impulsó a aplicarme en los estudios sin que jamás se interesara siquiera por mi asistencia a clases ni por mis notas en los exámenes; me decidió a aprender el francés y el inglés ―los dos idiomas extranjeros que él dominaba― sin darme una sola clase; y ―lo que es más paradójico aún― creó en mí la pasión por el trabajo mientras él lo rehuía y lo vilipendiaba.
Las nubes esfuminan la perspectiva de oro,
Prolongando una próxima edición de la noche,
Los pinos apuntalan el éxtasis remoto.
Las tímidas colinas, frustradas eminencias
encapuchan a media su estatura mediocre,
¿Recuerdas, campesina oportuna y benigna…
-labios incitativos, receptivas caderas,
mansedumbre supina-?
nuestro brutal idilio se anexionó la hierba.
(Nostalgia))
Ramón Rubiera, como un árbol seco
Leonardo Depestre Catony, 16 de mayo de 2008
Años atrás se celebraba anualmente en la provincia Habana un certamen literario que evocaba la figura de Ramón Rubiera. Ignoro si el concurso se mantiene vigente, pero era un merecido recuerdo y homenaje a un poeta no muy conocido, aunque sí de esmerada limpieza y con una obra interesante dentro de la lírica cubana del tercer decenio del siglo XX.
Rubiera publicó un solo libro, en 1925, cuando tenía poco más de treinta años. El texto, titulado Los astros ilusorios, no pasó inadvertido. Un año después, cuando Félix Lizaso y José Antonio Fernández de Castro prepararon su antología La moderna poesía en Cuba 1882-1925, incluyeron varias composiciones de aquel autor, entonces una promesa, de quien se esperaban otros libros que… nunca llegaron.
El lector no puede abandonar esta página sin conocer una de ellas, “Ideología del árbol seco”, que tal vez retrate la filosofía de su autor:
Mientras el sortilegio lunar damasquinaba
Sus miembros esqueléticos, el árbol meditaba:
Yo, que brotando de las entrañas terrenales
Logré sentirme cerca de los prados astrales…
Y que por mi tendencia benigna y ascendente,
Siempre que vi dos alas desorientadamente
Volar, mostré mis recios hombros compadecidos,
Donde fructifican los cantos y los nidos…
Yo, que logré las metamorfosis cabalísticas
De los jugos terrenales en láminas artísticas
Y en gemas taumaturgas… En mi abandono agreño,
Hoy miro desangradas mis venas soñadoras…
¡Ah, Destino! ¡Así premias el ejemplar empeño
De todo aquel que logra magnificar sus horas!
El poeta nació el 9 de junio de 1894 y murió el 11 de mayo de 1973, por estas fechas hace 35 años. Hizo estudios de Pedagogía y de idiomas y comenzó a trabajar en la revista Bohemia en 1917. Fue uno de los tertulianos del Café Martí, adonde concurrían en la década del veinte otros jóvenes de entonces: Juan Marinello, Andrés Núñez Olano, Enrique Serpa, José Zacarías Tallet, Eduardo Abela… Por aquella época su firma también apareció en la Revista de Avance. Entre 1929 y 1960 estuvo a cargo de la jefatura de redacción del propio semanario Bohemia ―como quien dice, toda una vida―. Y por aquellos mismos años fue profesor titular de francés en la Escuela Normal para Maestros de La Habana.
De aquel libro citado al inicio se escribió bastante. La crítica lo recibió con beneplácito, y quienes conocían al autor establecieron una cierta correspondencia entre el contenido de aquellos versos y la existencia del poeta, de una vida interior intensa, algo huraño y reconcentrado, y con una obra que, pese a ser lamentablemente escasa, era reveladora de una temprana madurez. Su silencio literario resultó largo, de varias décadas, pero entre 1965 y 1968 escribió tres libros: “Sedimento del tiempo”, “Muestrario versicolor” y “Arbitraria cosecha”, aún inéditos.
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Ramón Rubiera (1894- 1973). Escritor cubano. Poeta destacado del grupo surgido en la década de 1920 a 1930, en el que se advierte el ascendente del simbolismo francés, como una supervivencia modernista. Dirigió la revista Bohemia.
Síntesis biográficaNació en La Habana el 9 de junio de 1894. Cursó todos sus estudios en la capital. Se graduó de pedagogía y de idiomas en la Universidad. Fue un autodidacta casi total, apenas hizo algunos estudios de primaria, pero se hizo periodista y aprendió el francés a la perfección, lo que le permitió con posterioridad acceder al título de la famosa escuela de idiomas Berlitz, y a una cátedra para la enseñanza de esa lengua en la Escuela Normal para Maestros de La Habana.
Comenzó a trabajar en la revista Bohemia en 1917. Fue uno de los integrantes de las tertulias literarias del «Café Martí» en los comienzos de la década del veinte, conjuntamente con Juan Marinello, Andrés Núñez Olano, José Zacarías Tallet, Enrique Serpa, Eduardo Abela y otros. Colaboró en la Revista de Avance.
Entre 1929 y 1960 ocupó la jefatura de redacción de la Revista Bohemia. Fue profesor titular de francés en la Escuela Normal para Maestros de La Habana (1930-1960). Dejó de escribir durante cuarenta años. Entre 1965 y 1968 escribió tres libros que no se han publicado: «Sedimento del tiempo», «Muestrario versicolor» y «Arbitraria cosecha».
Su nombre aparece en «El panorama histórico de la literatura cubana», de Max Henríquez Ureña, entre el grupo de poetas surgidos en la década de 1920 a 1930, en el que se advierte el ascendente del simbolismo francés, como una supervivencia modernista.
De la crítica de Rubén Martínez Villena
“Ramón Rubiera es un simbolista-parnasiano. El símbolo, ideológicamente perfecto, sufre luego la acción lenta y difícil de la lima. (…) Los astros ilusorios brillan con luz propia y real. Seguramente no conocemos libro alguno de autor cubano que mejor patentice sintéticamente una personalidad poética definida”
Bibliografía activa«Los astros ilusorios». Poemas. La Habana, A. Dorrbecker, 1925.
Bibliografía pasiva
Avilés Ramírez, Eduardo. «Los astros ilusorios», en El Heraldo. La Habana, 3 (388): 11, feb. 9, 1925.
Báez, Paulino G. «Las facetas del ensueño», en Bohemia. La Habana, 11 (16): 6, abr. 21, 1918.
Carbonell y Rivero, José Manuel. «Ramón Rubiera (1894)», en su La poesía lírica en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por […]. T. 5. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, P. 390-391 (Evolución de la cultura cubana, 1608-1927, 5).
Lizaso, Félix y José Antonio Fernández de Castro. «Ramón Rubiera», en su La Poesía moderna en Cuba (1882-1925). Antología crítica, ordenada y publicada por […]. Madrid, Librería y Casa Editorial Hernando, 1926, P. 333-334.
Mañach, Jorge. «Glosas. Los astros ilusorios, de Ramón Rubiera», en Diario de la Marina. La Habana, 93 (66): 1, abr. 11, 1925.
Martínez Villena, Rubén. «Los astros ilusorios», en su Un nombre. Prosa literaria. «Rubén», por [Andrés Núñez Olano]. La Habana, Úcar, García, 1940, p. 107-116.
Valle, Gerardo del. «Gente de hoy. Ramón Rubiera», en Diario de la Marina. La Habana, 96 (238): 2, 3ª sección, ago. 26, 1928.
Vitier, Cintio. «Ramón Rubiera», en su Cincuenta años de poesía cubana (1902-1952). Ordenación, antología y notas por […]. La Habana, Ministerio de Educación. Dirección de Cultura, 1952, p. 127.
[Fuentes: Ecured]
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