roque dalton, el poeta guerrillero

por María de los Ángeles Polo Vega

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por María de los Ángeles Polo Vega

Nacido en El Salvador, país al que él llamaba El Pulgarcito de América, Roque Dalton sigue siendo  uno de los grandes poetas de todos los tiempos en esta región del mundo.

El poeta fue siempre un defensor incansable de los intereses del pueblo, lo que proclamó en sus versos, y por ello sufrió persecución, tortura y exilio por los diferentes gobiernos de su época.

Nació el 14 de mayo de 1935 en San Salvador y murió apenas 4 días antes de cumplir los 40 , en Quezaltepeque, cuando dos de sus antiguos compañeros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) , con los que había tenido discrepancias, decidieron asesinarlo.

Dalton había vivido en Cuba, por períodos prolongados, una nación que lo acogió en épocas de exilio y que tuvo gran influencia en su pensamiento político. Esta etapa cubana el propio poeta la calificó como “la experiencia más importante de mi vida”.

En la que fuera casa en la calle J No.164, en el Vedado, puede leerse una tarja  con estos versos suyos»Dos patrias tengo yo Cuba y la mía”, para recordarnos que ahí  vivió el poeta, revolucionario y salvadoreño: Roque Dalton.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano lo recordaba  como un  “poeta hondo y jodón,» y decía- Roque prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana”.

Sus frases son tan célebres como lo es su poesía.

“Hace frío sin ti, pero se vive”.

“Siempre recordaré tu desnudez entre mis manos, tu olor a disfrutada madera de sándalo clavada junto al sol de la mañana; tu risa de muchacha, o de arroyo, o de pájaro; tus manos largas y amantes”.

“Y, sin embargo, amor, a través de las lágrimas, yo sabía que al fin iba a quedarme desnudo en la ribera de la risa”.

“Amo tu desnudez porque desnuda me bebes con los poros, como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo”.

-“Mi amor por ti es mucho más que amor, es algo que se amasa día a día, es proyectar tu sombra junto a mí, hacer con ellas una sola vida”.

“Tu desnudez derriba con su calor los límites, me abre todas las puertas para que te adivine, me toma de la mano como a un niño perdido que en ti dejara quieta su edad y sus preguntas”

Tanto en el ámbito de las letras como en el de la política a Roque Dalton se le ha considerado  como una de las figuras esenciales de la Generación Comprometida, que surgió en El Salvador en los años 50 y promovió el interés por la historia de su país, así como un cambio en la estética de su literatura.

Entre sus libros destacan los poemarios «El turno del ofendido«, «El mar. Variaciones» y «Taberna y otros lugares» , en cuya dedicatoria expresaba: «Yo llegué a la Revolución por la vía de la poesía» y siempre consideró la poesía como su mejor arma para hacer revolución. Otro de sus libros memorables es la novela titulada «Pobrecito poeta que era yo…«.

De su obra poética hoy les comparto algunos de los textos más conocidos.

«Alta hora de la noche»

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre

porque se detendría la muerte y el reposo

Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,

sería el tenue faro buscando por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.

Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.

No dejes que tus labios hallen mis once letras.

Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto:

desde la oscura tierra vendría por tu voz.

No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre.

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.

Como tú

Yo como tú

amo el amor,

la vida,

el dulce encanto de las cosas

el paisaje celeste de los días de enero.

También mi sangre bulle

y río por los ojos

que han conocido el brote de las lágrimas.

Creo que el mundo es bello,

que la poesía es como el pan,

de todos.

Y que mis venas no terminan en mí,

sino en la sangre unánime

de los que luchan por la vida,

el amor,

las cosas,

el paisaje y el pan,

la poesía de todos.

Poema de amor

Los que ampliaron el Canal de Panamá

(y fueron clasificados como “silver roll” y no como “gold roll”),

los que repararon la flota del Pacífico

en las bases de California,

los que se pudrieron en la cárceles de Guatemala,

México, Honduras, Nicaragua,

por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,

por hambrientos,

los siempre sospechosos de todo

(“me permito remitirle al interfecto

por esquinero sospechoso

y con el agravante de ser salvadoreño”),

las que llenaron los bares y los burdeles

de todos los puertos y las capitales de la zona

(“La gruta azul”, “El Calzoncito”, “Happyland”),

los sembradores de maíz en plena selva extranjera,

los reyes de la página roja,

los que nunca sabe nadie de dónde son,

los mejores artesanos del mundo,

los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,

los que murieron de paludismo

o de las picadas del escorpión o de la barba amarilla

en el infierno de las bananeras,

los que lloraran borrachos por el himno nacional

bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,

los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,

los guanacos hijos de la gran puta,

los que apenitas pudieron regresar,

los que tuvieron un poco más de suerte,

los eternos indocumentados,

los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,

los primeros en sacar el cuchillo,

los tristes más tristes del mundo,

mis compatriotas,

mis hermanos.

El arte de morir

Tómese una ametralladora de cualquier tipo

luego de ocho o más años de creer en la justicia

Mátese durante las ceremonias conmemorativas del primer grito

a los catorce jugadores borrachos que sin saber las reglas

han hecho del país un despreciable tablero de ajedrez

mátese al Embajador Americano

dejándole a posteriori un jazmín en uno de los agujeros de la frente

hiérase primero en las piernas al señor arzobispo

y hágasele blasfemar antes de rematarlo

dispérsense los poros de la piel de doce coroneles barrigudos

grítese un viva el pueblo límpido cuando los guardias tomen puntería

recuérdense los ojos de los niños

el nombre de la única que existe

respírese hondamente y sobre todo procúrese

que no se caiga el arma de las manos

cuando se venga el suelo velozmente hacia el rostro.

No te pongas bravo poeta

La vida paga sus cuentas con tu sangre
y tú sigues creyendo que eres un ruiseñor.

Cógele el cuello de una vez, desnúdala,
túmbala y haz en ella tu pelea de fuego,
rellénale la tripa majestuosa, préñala,
ponla a parir cien años por el corazón.

Pero con lindo modo, hermano,
con un gesto
propicio para la melancolía.

solidaridad

En el pasillo el anciano se prepara para la pelea
teme particularmente los jabs al hígado
y no va dar razón a la colmena ávida

Es un hombre completamente de este siglo
al albañil algebraico aguardentoso
acostumbrado a saltar con ayuda del báculo
por sobre las parejas que hacen como pichones caídos
el amor

El pasillo le queda un tanto corto
porque al fin y al cabo el campeón es el campeón
pero no todos pueden tocar el arcoiris

La peor es la colmena que ahora mismo en las calles
recoge como colillas de cigarro el rencor

Es lo más que se me ocurre decir al respecto

 el cínico

Claro es que no tengo en las manos
el derecho a morirme
ni siquiera en las abandonadas tardes de los domingos.

Por otra parte se debe comprender que la muerte
es una manufactura inoficiosa
y que los suicidas
siempre tuvieron una mortal pereza
de sufrir.

Además, debo
la cuenta de la luz…

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