sin saber para quién, se me ocurre decir: para todos
Por Jesús Sama Pacheco.

Por Jesús Sama Pacheco.
Departir con el poeta y editor Alpidio Alonso-Grau siempre es gratificante y aleccionador. Los que asistimos el pasado 11 de diciembre al espacio Para leer mañana, que auspicia el Festival Internacional de Poesía de la Habana, el Canal Educativo y la Tribuna Antiimperialista, en la sala-teatro de esa última institución como continuidad del programa televisivo del mismo nombre (encuentro que se realiza el segundo miércoles de cada mes a partir de las cuatro de la tarde), pudimos apreciar la transparencia y alcance de los criterios y anécdotas relatadas por Alpidio, escritor invitado en esta ocasión.
Respondiendo preguntas del también poeta y comunicador Pedro Cerviño, moderador del espacio, Alpidio Alonso-Grau intercambió con el auditorio sobre asuntos relacionados con su formación y quehacer como poeta, editor y, también, como individuo capaz de disertar sin tapujos ni dobleces sobre los múltiples e intensos momentos de la época que le ha tocado vivir.
Con el germen de la poesía acunado en su ser desde los años de niñez y adolescencia, amante de las matemáticas y de la física, estudió Ingeniería en Control Automático en la Universidad Central de Las Villas, profesión que ejerció durante casi una década. Pero aún sin haber terminado la carrera, ya las Musas lo habían elegido –o lo habían sentenciado, un poeta nunca tiene el máximo de seguridad al respecto–. El caso es, que Alpidio, luego de un largo bregar por los predios de la creación poética, comienza su periplo como miembro de la Asociación Hermanos Saíz (de escritores y artistas jóvenes) en 1995. Durante ese año publicó dos libros: La casa como un árbol y Alucinaciones en el jardín de Ana. En 1999 asume la presidencia del Comité Provincial de la Asociación en Villa Clara. Y durante un año, de 1999 al 2000, preside también el Consejo Provincial de las Artes Escénicas En el 2001, luego de presidir la comisión organizadora del Primer Congreso de la Asociación, es elegido como su presidente a nivel nacional; responsabilidad que lleva a cabo durante algo más de un lustro con altruismo, esforzada dedicación, y en detrimento de su labor como creador. Aspecto en el que no enfatiza Alpidio, pero que se hace notorio por el desarrollo que alcanza entonces la AHS y por el hecho de no haber publicado durante esa etapa ningún libro de su autoría.
Mucho se pudiera hablar del poeta, de la madures y otras loables virtudes de su quehacer creativo, al igual que del gestor y promotor cultural que ha demostrado ser, con honestidad y eficacia; pero es preciso –y prefiero– hablar de algunas de los temas que Alpidio esbozó durante la cita y de otros que se relacionan con su última etapa como creador y editor.
Al igual que algunos creadores musicales, Alpidio Alonso-Grau cree firmemente en la relación existente entre la poesía y las matemáticas. Al respecto, habló de la magia de ambas, de esos episodios maravillosos que se experimentan cuando el individuo se sumerge en la infinitud de los símbolos matemáticos y de la irresistible fascinación en que nos envuelve la creación poética. Considera aleccionador, e imborrable en su memoria, el encuentro con Fidel y la dedicación y exposiciones del líder durante el desarrollo del Primer Congreso de la AHS. Aunque no hace gala de su desempeño al frente de la organización, que llegó a alcanzar a partir de entonces un verdadero protagonismo nacional, así como de los diez años como director de Amnios, revista que muy dignamente se subtitula: poemas / poetas / poéticas, son visibles y dignas de tenerse en cuenta las huellas de su trayectoria.
En el caso de la revista, mostró un ejemplar del último número publicado y anunció parte del contenido del número 14, ya en preparación, donde aparece un dossier con una interesante entrevista a Roberto Manzano, así como poemas e ilustraciones realizadas por el prolifero autor de Canto a la sabana y más de una veintena de títulos que lo sitúan, sin discusión alguna, entre las más altas voces de la lírica cubana.
El público agradeció tanto a Alpidio Alonso-Grau, como a Pedro Cerviño, quien con su conducción ayudó a que conociéramos aspectos inéditos sobre la vida y obra del autor de País de los viernes (2013), su más reciente título publicado, que es de una belleza y armonía encantadoras, el cual, editado por SurEditores, se encuentra en estos momentos en varias librerías del país. Así mismo, conocimos de un curso de estudios de postgrado (Análisis Poético y Sistemas Culturales) recibido por Alpidio, del Premio Calendario que se le otorgara por su poemario Ciudades del viento en 1999, y de otros títulos que engrosan su bibliografía: El árbol en los ojos (1998), Tardos soles que miro (2007), Idas (2012); y de las compilaciones El tiempo está a favor de los pequeños. Versos cubanos para Roque Dalton (2008), y del Premio de Poesía Samuel Feijóo, otorgado por la Sociedad Económica de Amigos del País en el 2011. También fueron gratas las noticias sobre textos de Alpidio musicalizados por varios trovadores, así como su inclusión en diversas antologías y revistas dentro y fuera del territorio nacional.
Miembro activo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Alpidio Alonso-Grau nació en Dalia, Venegas, Villa Clara, en 1963; pero es ante todo un hombre, un creador, que ama la sinceridad, la cubanía –con la cual se siente comprometido hasta la médula–, la poesía, la amistad, la vida. Esa vida que cultiva con amor para sí y para los demás, y que acostumbra a entregárnosla en versos relucientes y con esa actitud sacerdotal del poeta, el editor y el amigo.
Ya en el último momento de la cita, Cerviño pidió a Alpidio que leyera algunos de sus textos. Un aluvión de aplausos se hizo sentir en la sala al finalizar el poeta su lectura. Los dejo con varios poemas del autor, algunos de ellos aún no publicados en formato de libro:
LIBRO DEL VIENTO
Libro del viento
en tus páginas se espesa el pájaro
El pájaro apoyado en la nada
Libro del viento: escalera de sangre
Quien oye del pájaro el grito
huye del árbol rojo
Del árbol rojo
sube a la nada el pájaro
por una escalera de sangre
TALA
Decir alguna vez: con el follaje escribo, las ramas son palabras de una música ausente que el poema repite a pesar tuyo. Decir: oye al deseo. Y aún después, mirando hacia lo lejos: detrás de aquella luz humea un pequeño bosque, y más allá, quedan los vastos almacenes del tedio, las naves del desahucio, las interminables carreteras donde en verano ves amontonarse cuerpos que hacen señales en otro y en el mismo sentido de tu ruta. Decir alguna vez, mirando la ceniza: no hagas caso del gris, todo no es más que brillo amontonado. Y luego, frente a un nudo de hojas que derrama en el vuelo toda su triste levedad de colores: encanto del instante de aquello que se alza.
Ser lo que cae, alguna vez decir.
MANCHAS
Las vio Publio de niño —en noches de castigo— respirando el olor delicado de los heliotropos. Desde la cama las miró Pancho de Oraá, saliendo una de otra (máscaras de la fábula), componiendo en el techo el rostro de otros seres. Terror de Eliseo Diego una tarde en el muro, que ensimismado, el pobre, mirara sin saberlo los ojos de la Muerte. Las vio Martí en el sol del desagradecido, y nunca fue tan hondo su deseo de luz. Noé delirante a bordo de su arca, las presintió Arturo Corcuera en Santa Inés y terminó diciéndolas en una de sus églogas. Como sombras dejadas por las bocas de sal, las contempló espantado Reynaldo García Blanco, y no quedó otro término que ponerse a rezar. Manchas por todas partes, dibujos que humedecen y engañan tu memoria, acaso simples figuraciones del cariño, utopías del deseo, cosas que sin remedio ante tus ojos se pudren y aun, a ciencia cierta, no logras explicar.
EL TIEMPO ENEMISTADO
El tiempo enemistado transcurre en el umbral de un tiempo que en el deseo es otro. Instantes hilan márgenes sucesivas de abolida floresta. ¿Alumbran venideros días horas que huyen? ¿Una luz trinadora repasa antiguos fuegos? ¿Envía luces en su vuelo el pájaro? Algo se fuga hacia miradas que todavía no son. Escapan noche adentro voces. Tantea bordes el deseo. Lo hondo ve venir.
PAVESAS
Yo vi veleros en sus ojos; vi animales y cuencas de un errante verdor sin pronunciar. Había un camino de limpios soles. Una hilera de árboles era en su mirada una hilera de árboles que se alejaban y a su manera repetían un idéntico adiós. Vi ardiendo pastizales. Vi un niño haciendo señas con un girasol mudo. Vi cuerpos anegados braceando en la memoria de un paisaje sin tiempo.
Y entonces comprendí.
VIENDO LLOVER EN LA LISA
Los demás que no fui
los que pude haber sido
los ajenos
los otros
los que ya no seré:
ahora mismo sin sol
¿son también de la lluvia?
¿qué flamboyanes miran?
¿dónde están esperándome?
TOCO TU MANO
Toco tu mano
la palma abierta de tu mano
contra mi mano abierta
los surcos sudorosos de tu mano
apoyados en
los surcos largos y confusos de la mía
Dicen que el destino está en esos surcos
Tu destino enfrentado a mi destino
según los que saben leer
en esas líneas
Son líneas de carne que son líneas de tiempo
Tu tiempo sudoroso
ahora fundido a mi tiempo largo y confuso
Tu carne contra la mía
leída por quienes saben ver en la claridad
el tiempo de los otros
El destino deshojándose
como un collar de vicarias
en las manos de una niña
que no sabe leer
el tiempo en su mano
Esa niña está muerta
Las vicarias son blancas
El tiempo deshojó en tus manos las vicarias
Tú eres esa niña deshojándose en el tiempo
Nuestros destinos ensartados por las manos del tiempo
El tiempo hace blancas líneas
en los pétalos de las vicarias
Las líneas de los pétalos se confunden
con las líneas del tiempo
cuando toco tu mano
BLANQUIZAL
Hasta esa reseca colina blanca en las afueras
hemos llevado nuestros queridos seres
Hasta allí hemos subido
una y otra vez
y desde allí hemos vuelto
como de un patio íntimo y conocido
sombreada esquina
donde nos reuniremos
y donde
acaso por un rato
somos los ausentes
COSTUMBRES DE PTOLOMEO
Algo habrá visto el hombre
que ha salido en la noche a contemplar
sobre las azoteas destartaladas
el frío árbol del mundo
Algún destello vio perforar el solitario
las menudas cortinas que la niebla dispone
Algo habrá visto en lo alto
entre el abismo y las preguntas que a deshoras
rondan su sangre insomne
Alguna verdad le habrá revelado
el menudo vidrio de fuego que atraviesa
un instante lo negro
Una verdad solo para sus ojos
que aunque ignoramos
bien podría ser también nuestra
pero que por ahora
es solo su verdad
SIN SABER PARA QUIÉN
Soy una simple rama
del árbol mutilado
de mis antepasados
Sin saber para quién
escribo estas palabras
sin conocer qué almas
comerán de ellos
hacia su breve eternidad
tiendo estos frutos
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