tres grandes poemas de virgilio piñera

La isla en peso ( fragmentos)

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La isla en peso ( fragmentos)

La maldita circunstancia del agua por todas partes

me obliga a sentarme en la mesa del café.

Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer

hubiera podido dormir a pierna suelta.

Mientras los muchachos se despojaban de sus ropas

para nadar doce personas morían en un cuarto por compresión.

Cuando a la madrugada la pordiosera resbala en el agua

en el preciso momento en que se lava uno de sus pezones,

me acostumbro al hedor del puerto,

me acostumbro a la misma mujer que invariablemente masturba,

noche a noche, al soldado de guardia en medio del sueño de los peces.

Una taza de café no puede alejar mi idea fija,

en otro tiempo yo vivía adánicamente.

¿Qué trajo la metamorfosis?

(…)

Hay que saltar del lecho y buscar la vena mayor del mar para desangrarlo.

Me he puesto a pescar esponjas frenéticamente,

esos seres milagrosos que pueden desalojar hasta la última gota de agua

y vivir secamente.

(…)

Llegué cuando daban un vaso de aguardiente a la virgen bárbara,

cuando regaban ron por el suelo y los pies parecían lanzas,

justamente cuando un cuerpo en el lecho podría parecer impúdico,

justamente en el momento en que nadie cree en Dios.

Los primeros acordes y la antigüedad de este mundo:

hieráticamente una negra y una blanca y el líquido al saltar.

(…)

Los cuerpos en la misteriosa llovizna tropical,

en la llovizna diurna, en la llovizna nocturna, siempre en la llovizna,

los cuerpos abriendo sus millones de ojos,

los cuerpos, dominados por la luz, se repliegan

ante el asesinato de la piel,

los cuerpos, devorando oleadas de luz, revientan como girasoles de fuego

encima de las aguas estáticas,

los cuerpos, en las aguas,

como carbones apagados derivan hacia el mar.

(…)

Bajo la lluvia, bajo el olor, bajo todo lo que es una realidad,

un pueblo se hace y se deshace dejando los testimonios:

un velorio, un guateque, una mano, un crimen,

revueltos, confundidos, fundidos en la resaca perpetua,

haciendo leves saludos, enseñando los dientes, golpeando sus riñones,

un pueblo desciende resuelto en enormes postas de abono,

sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,

más abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;

un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir,

aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,

siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla;

el peso de una isla en el amor de un pueblo.

Testamento

Como he sido iconoclasta

me niego a que me hagan estatua:

si en la vida he sido carne,

en la muerte no quiero ser mármol.

Como yo soy de un lugar

de demonios y de ángeles,

en ángel y demonio muerto

seguiré por esas calles…

En tal eternidad veré

nuevos demonios y ángeles,

con ellos conversaré

en un lenguaje cifrado.

Y todos entenderán

el yo no lloro, mi hermano….

Así fui, así viví,

así soñé. Pasé el trance.

Hechizado

A Lezama, en su muerte

Por un plazo que no pude señalar

me llevas la ventaja de tu muerte:

lo mismo que en la vida, fue tu suerte

llegar primero. Yo, en segundo lugar.

Estaba escrito. ¿Dónde? En esa mar

encrespada y terrible que es la vida.

A ti primero te cerró la herida:

mortal combate del ser y del estar.

Es tu inmortalidad haber matado

a ese que te hacía respirar

para que el otro respire eternamente.

Lo hiciste con el arma Paradiso.

-Golpe maestro, jaque mate al hado-.

Ahora respira en paz. Viva tu hechizo.

Virgilio Piñera , Cárdenas 4 de agosto de 1912- La Habana 18 de octubre de 1979, es uno de los más originales escritores cubanos del siglo XX, incursionó en la poesía, el cuento, la novela y el teatro; sus obras más conocidas incluyen el poema La isla en peso, la novela La carne de René y la obra Electra Garrigó.

En 1968 se le otorga el Premio Casa de las Américas en el género teatro por Dos viejos pánicos.

Sobre la poesía de Virgilio Piñera dijo el maestro Cintio Vitier:  (…)  Quien al principio creyó habérselas con el más presuntuoso y falso de los poetas, acabará fulminado por la evidencia de que su verdadero asunto no es ninguna especie, por ejemplo, de surrealismo kafkiano internacional, sino estrictamente lo que más inmediata y simplemente aherroja nuestros ojos: la muda naturaleza desligada, con mudez de discurso físico, fisiológico; la autónoma naturaleza omnímoda, vacía y exterior en que vivimos. Tierra sin telos, sin participación. […]

De poesía publicó los siguientes títulos:

  • 1941 – Las furias

  • 1943 – La isla en peso

  • 1944 – Poesía y prosa

  • 1969 – La vida entera

  • 1988 – Una broma colosal

  • 1994 – Poesía y crítica

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