tres poemas de la guantanamera miladys hernández quien estará con nosotros en la bienal de la habana

por redacción de CubaPoesía.

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por redacción de CubaPoesía.

PRETERIR LA MAREA

Ha llegado el tiempo de preterir esa ola que sabemos que no existe.
La marea se toma inconfesa. Predice y asume la saturación de los vencidos.
La marea es algo irreversible. /Conserva para sí los cuerpos tendidos sobre la niebla insalubre.
Hay cadáveres que me hacen pensar. El agua de isla es húmeda/]
Veo en ella esos brazos asidos a la tierra.
Quizás a la roca. Quitas al pez que se petrifica ante el hedor de los difuntos.
El agua de isla sobrecoge extraños ojos /Vista desde lejos simula una bestia tragándose las osamentas.
Si me acerco puedo perderme junto a esos muertos comunes.
Me aterran las crecidas. Cuerpos que refractan al mediodía.
No hay tal grandeza en la ola que se aproxima. Sé permanecer frente a ella.
Odiarla como una constelación vacía, como una mariposa sobre un nylon roto.

¿Dónde existo si no en el fondo de esta agua que me bordea?
¿Dónde existo si no en ese sepulcro que duplica a un niño muerto?
Lasciva ambición. ‘Se ofrece maligna. Invita sumirte frente a los vivos.
¿Dónde existo sino frente al mar?
¿Dónde calmo la destrucción de la barca que gime?

¿Hacia dónde va esa agua que cada día me despierta invisiblemente ?

Me intercambia, trafica, me abandona con su tono alusivo.
No quiero estrellarme en su derrumbe oscilatorio.
Soy ágil para las revelaciones.

Dentro de mí hay una trampa levantándose. Parece rara tal obsesión.

Puedo detonarla para que explote el clamoroso —verde —azul-.
Color asfixiante para los dormidos.
Me conmuevo siempre frente al mar. Es doloroso esta quietud.

LAS MANOS DE ELIOT

La palabra dentro de una palabra
incapaz de decir una palabra
T.S.Eliot.

Hazles alguna perforación a estas manos que asaltan
Impredecibles y retrogradas en la concitación del tormento.
Hazle un nudo petrificador al adiós que arruinan los dedos
Empapados por acres del infortunio.
Usted dirá:
Ve a arrancarte los dientes
Hazle un favor a las palabras.
Usted dirá:
Desgrásate con los alisios    con el cemento
Y por qué no con la ráfaga propagándose.
Mezcla el chaparrón mortuorio del Sur
Sí con las manos estrafalarias de Eliot.
Arráigate al yermo desencuentro
Atolóndrate con el miedo y la duda -Silenciando-
La corneta de la Fama que revela su cabeza
Mojándonos con los nervios del páramo.
¿Piensas reconquistar el sosiego?
Atestado a la interrogación melindrosa.
Hazle una barcaza      -Al monigote-
Con la cara contra el árbol  -insípida-
Acuérdate que vendrán a darnos el polvo
La orden consultiva       tal vez la bonificación
El abastecimiento   los dardos    acarreos entre rejas
En la hilera de ranas que estornudan el ciclamen de lo insulso.
Ven a inscribirte también en el poema
Delicadamente
En la división que traerá la muerte
Sodomizando con voces púrpuras.
Mécete en el fandango pordiosero
En el lento río que hambrea y se ovilla
En la estúpida recurrencia del discurso  -menos agresivo-
Determinado por la invención de la maldita sabiduría.
¿Sabía usted?  Que me fatigo    que me duelen las uñas
Por roer el terciopelo de la distancia.
No se comprometa con hijos del silencio
Hay otros en la medianoche
No se someta con la boda de la vicaria en el huerto miserable.
-El destino del hombre   -yo digo-  Bla bla bla  -como quieran desdeñan-
No se disfrace más con la sangre inútil del alba.
Entre el bien y el mal simulan las palabras.
Las palabras tienen el mismo semblante del gato.
Reúnelas todas en la batalla de la desmemoria
Que minimizan el corazón.
«Déjame mostrarte las palabras»     Poquedad
Las vigas peculiares     la orilla singular  o plural
Oiga lo que importa es la palabra.
No menciones en un principio el significado genuino del verbo
¿Perder o amar?
Presérvame de las palabras   Contumacia   Arresto   Elevación
¡Que Dios muestre su rostro cotidiano!
Déjanos compenetrarnos con tales dones
Con tales poderes/ Luz/Augurio/Pieles Sincréticas/
Curiosos autosacrificados quieren errar
Dispuestos a vendar cenizas con las piedras
Inquietos por reencender la visión totalitaria
Del tiempo que desgarra la calavera del tiempo
Que cicatriza el propósito inexplicable del tiempo
Azuzando     ¿Qué posibilidades tengo?
Bajo el tísico espectro del huésped excitado por la inaudita realidad
Mira que relucen en la hierba  -allí- ellos, desde, hacia, Fijeza interior
Explícita     parcial     pasada     futura   y la nada atropella.
Cansancio lúcido      consciente o inconsciente
Vienen las palabras  -desafecto-éxtasis-calma-
Debilidad -encadenamiento portuario- entretejido-
Demudado con tablas de misericordia  -un puente-
De hierro -ni antes ni después-
Recurrencia de la sombra en la pared
Altibajos de gorriones- compulsión- cementerio- Fosa de los santos-
A la espalda insinuando la destrucción sobre las casas
Huecas- 4:25 de la tarde -Descienda solo-
A la desecación  -a la ineficacia de la rosa-
Siéntese prójimo mientras la vida regale su parentesco.
Haga pauta a la coexistencia. Procede. Antecede
La tensión -desconsoladora- Parlotean los pacíficos.
Sollozantes las palabras
¿Eres feliz?  ¿Eres Feliz?  ¿Eres Feliz?

CYRANO DE BERGERAC O EL GRITO DE LAS PALABRAS HUECAS

No es la cárcel Cyrano la que conversa con los hipócritas
Son los hipócritas quienes sahúman los barrotes
Te he visto llegar (allí) con la espada que zahiere las hediodences
Sírvete esta manzana mordida por las barricadas.
Marcaron mis dientes que han roído el hueso -chupalotodo-
Retorcido en la jaula de los inmolados.
Esta es mi carnicería. Mi jardín -idiotizado-
Donde la madre loca vomita con fúnebres pedanterías.
Adéntrate al filo cortalengua -romántico -inféliz-
Esta es mi cerca solapada
La azotea baldía riñe por primera vez hablando sola
Desde la mesa quemada por el escándalo de escribir
(Esto no pare más) Obscenidades
Sábado o domingo. En la misma suciedad rural del masturbatorio
El vecino elucubra con el tapiz embelezador
¿Me escuchas?    ¿Te escucho?    ¿Sigues ahí?
En esa mampostería -ladina -tumba  -predestinada-
Donde otros gritaron por mí.   ¿Te acuerdas Mon chérie?
De aquella canción…..más cuando quise hablar alguien cantó*1
Sí con el grito de las palabras huecas. Las mismas que asesinan
Cuando tengo el pavés bien metido en el oído
Y no quiero agigantar sordas noticias que avasallan
En la hermosura reconstruyen la roja luz de la bestia
En el desolado bosque del delirio repartido entre lenguas.
No temas.  Gira.  Corta el infecundo hueso -hueco-
O déjalo gritar en otrora
Desde la tarima desde la madre loca que me expulsa
Desde el lamento de las secas ilusiones
Sometidas en el purgante que asedia la garganta
Ha tragado la lágrima feroz. Los árboles o la luna opalina
Que reclama muerte, sábanas o arcillas
En esa maldita sucesión de los días punitivos.

¿Te percatas?    ¿Me seduces?   ¿Remueve  vítores?
En cada espíritu transgredido bajo el impacto de la ira que me endiosa
Conspira Cyrano con el Poema Padre que podo en el Castillo
Con el asco de haberte extraviado con irreverente salitre.
No es lo mismo decir soledad
No es lo mismo inspirarse con el inmoderado polvillo
Que satura el espejo
No me digas que eres infalible, hostil y avaro con el desaire
Muestra el hacha, la resina, la vileza
La rebelión en la Noria se agrieta en la neblina
Desde allí te halan hacia el muro, hacia el mármol
Hacia la excomulgada desidia
A la confortable mansedumbre que se deshila en el arrecife.
Mírate en el cartel. En la íntima legión de los cadáveres
No me avergüences… loco corazón…loco corazón…
Que Capitulas con ceniza, alcohol y barbarie
Con la penitente herejía de los corderos
¡Qué tributo amado por no ser cómplice con la hojarasca!
Expónete a la subversiva estupidez
Atestigua la furtiva traición del límite. Hablo con mi escasa claridad
Sáciate con mis brasas, con el martillo y la esponja para ser contemplativo
Has que retoñen las sílabas tormentosas
Las Capítulas punzantes que me harán sobrevivir
Las Capítulas que trituro al espiar las migajas
Al catapultar mi poción de musgo asesino.
No te veré mañana en la página 37 símbolos de brujería
Con el hábito de herirte en la mandíbula con la fusta y el infortunio.
No te veré y tú lo sabes
Porque también me empujan el palo por la cabeza.
-Qué pobre es la poesía-
-Que pobre es la poesía-
-Que pobre es la poesía Cyrano-
Para corregir esta tristeza.

MIladis Hernández Acosta (Guantánamo, Cuba, 1968. Poeta, editora, crítica y ensayista. Licenciada en Historia por la Universidad de Oriente).

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