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Ali Al-Shalah

Poemas

Amuleto





Hace dos años,
cuando opté por el oficio de emigrante,
dejé en una libreta verde mi retrato.
Así no perdí la cara.
fui el único que deseaba
ser repulsado en la frontera.
Mi personalidad es como fue
y la extranjería no cambió mis predilecciones.
Fui adicto a la hora de Bagdad.


Me la llevé en mi reloj y en mis datos.
Surtí todas la horas
según el horario de Bagdad.


Un suelo natal
donde las datileras nunca duermen,
los ojos se caen de cansancio.


Un suelo natal
cuya pasión sólo nosotros conocemos,
cuando el amor envuelve la voz de la locura.


Un suelo natal
cuyos tormentos no revelamos jamás,
sin embargo, los deseamos.


Acudimos.
tan pronto llama su voz
pues no cuestionamos al oído por quién clama.


Un suelo natal somos todos juntos,
también los jardines son sitios del destierro.
Sentimos tanta nostalgia,
que hasta amamos sus ladrones,
los borrachos y el calor del verano en las celdas,
las putas, los conformistas y refutadotes,
a los espías y las cárceles.


Un suelo natal
no parcelable
como u mapa.
Es nosotros,
cada iraquí es Irak.
¿En cuántos trozos más pretenden partirlo?
Un suelo natal
Cuyo emblema somos nosotros.
Abarca en su ser
el amor de los Kurdos,
la erudición de los sunitas
y el desconsuelo de los chiítas.
Un suelo natal somos nosotros.
Yo soy un suelo natal.
 


Confirmación





Necesitamos mil profetas
Para probar que en la tierra
Hay algo de bondad
Pero necesitamos un solo dictador
Que pruebe que la tierra
Toda la tierra es un infierno.
El umbral de casa lloró
Cuando me vio
Y gritó: ¿por qué has venido?
He perdido mi cara
Y lo que conocía me hizo perder
¡Renegó de mí… quién vi!
Y cuando me desperté en la patria
Para aliviar mi temor
Imaginé tu puerta…
Como una casa.