Duda
Lloro en soledad, siento que no hay amor que podamos compartir.
Podrá venir el Hijo del Hombre a decir su sermón,
pero comprendemos lo que somos, y es mejor acaparar reliquias.
En las puertas del templo otros también las preferirán,
no la bondad acusadora, no el polvo pisoteado de sus ojos
y la voz como nube desleída en tibio cáliz.
Lloro en soledad, siento que no hay amor
que nos redima, ni limpie manchas de sangre coagulada ha tanto.
Él puede pasar bajo la imagen del niño
que se resiste a caminar porque atiende
los deslices del aire que el padre endurecido no percibe.
Nosotros, condenados a vestir el cuerpo
y los ojos del hombre. A no ver. A castigar.
Son difíciles las pruebas. Lloro en soledad,
acepto todas las consecuencias de mi mal o mi ignorancia.
Es más difícil ser perfecto cuando los otros no lo son.
Si me abres los brazos, abriré los míos
y por un instante seré digno de Ti.
Si escupes a mi paso, desearé quemarte
aunque no tenga el poder de esterilizar la higuera.
O inclemente te dejaré saber mi perdón,
o cruel anunciaré las veces que me traicionarás.
Luego que el gallo cante, nada importa.
Déjame llorar solitario. Déjame negarme.
Para entonces no preguntes por qué te han abandonado.
También tú sentirás que no es suficiente el amor
que se puede compartir,
sino resignación;
de vez en cuando un buen cordero
y vino.
