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Miguel Barnet

Poeta, narrador, ensayista y etnólogo. Ha investigado las distintas fuentes de la cubanía. Fue discípulo de Fernando Ortíz.


Su obra Biografía de un cimarrón es un clásico de la literatura cubana. En el año 2002 se le dedicó la Feria Internacional del Libro como reconocimiento a su vida y obra. Es Fundador de la UNEAC y su actual Presidente por elección. Ocupa el Sillón B como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua.


Obras destacadas: Canción de Rachel, Gallego, La piedrafina y el pavorreal, Biografía de un cimarrón.


Premios: Premio de la Crítica Literaria, 1986, Medalla Alejo Carpentier, Premio Nacional de Literatura, 1994, entre otros.

Poemas

Che





 
Che, tú lo sabes todo,
los recovecos de la Sierra,
el asma sobre la yerba fría,
la tribuna,
el oleaje en la noche
y hasta de qué se hacen
los frutos y las yuntas.  
No es que yo quiera darte
pluma por pistola,
pero el poeta eres tú.


Empujando un país





Yo soy el que anda por ahí empujando un país  


No es una fantasía, es cierto, me he pasado la vida empujando un país  


Con grandes piedras del camino y mis zapatos gigantes he ido poco a poco empujando un país  


Contra los grandes vientos y la noche que chirría en sus goznes, contra la falta de oxígeno y los malos presagios he hecho lo indecible por empujar un país  


Pero hay muchas otras cosas que hacer como amar en lo oscuro, sin paredes por cierto, o desgranar el arroz cotidiano con sabor a coleópteros, o limarse las uñas frente a un espejo de azogue, o jugar a la pelota con los niños estrábicos del barrio  


Así que perdonen si no escucho Las quejas de mis contemporáneos 


Yo no puedo hacer otra cosa que seguir empujando un país   



Muchacha en el trapecio





                                          para Marilyn Bobes
Era una muchacha de ojos claros
intranquila
con nombre de suicida


Fumaba para que el humo la envolviera
en nubes venenosas


Quiso, además, ser comunista
ella, tan solitaria, que besaba
las paredes
y a ratos se parecía a la sota de bastos


Un día hubo que sacarla
de su retrato de Daguerre
para que recuperara la cabeza
que había perdido entre papeles
 de una oficina lunática


Bebía porque a ella le gustaba
sentir las yemas de sus dedos
sobre el hielo y acariciar lo inservible


Mientras todos dormían
mi amiga esperaba a un fantasma en el trapecio
con un disco rayado de John Lennon
El vértigo la salvó siempre de la caída
aunque era una muchacha, repito
con nombre de suicida


Siento sus pasos que se acercan
indetenibles, al peligro
cuando apago el fonógrafo


Ya sé que alguien tiene que llorar
sobre la pista del circo
pero ahora déjenme escucharla
porque ella llega, sigilosa
a colocar su sombrero de lata
abollado, su glamour de feria
en el trapecio



Yo soy el sonámbulo que vuelve
a la cuidad apagada
El que llega por última vez con los mecheros
La niebla me tiende un puente de brumas
La lluvia me cubre con su espejo
No quiero que el parque de la retreta
se convierta en una ciega caja de música
Que las sillas verdes de hierro
se queden vacías
Que la soledad deje sordo a los violines
Que el hombrecito del contrabajo
tenga que ocultarse en su urna de cedro
que los recién casados no encuentren sus manos
para tocarse bajo la Glorieta
Que las farolas apagadas dormiten
enfundadas en la niebla
Yo soy el sonámbulo que vuelve
el que llega por última vez con los mecheros
Sin parpadear penetro en la cuida
con los ojos abiertos
Entre espectros que se frotan los huesos
Avanzo solitario
Vengo a sentarme en las sillas verdes de hierro
Quiero escuchar los acordes de la feria de la retreta
No me resigno a la oscuridad


Patria





No puedo esperar más digo y vuelvo a repetir ahora que cada día que pasa quiero más este viento debajo de las hojas


Esta casa que mis ojos han visto diariamente Que yo sabré cuidar y la sombra del jagüey Y la tierra   Pero no basta. Ahora van a oírme una voz templada en el fuego porque han preguntado por mí 


Y me parece que se trata de un amigo cercano Y mi corazón me entiende Y yo sé que a mi lado, en los pueblos, lejos, en el campo hay una fuerza como el viento que está dispuesta a defender la vida