Foto de Pablo Armando Fernández

Pablo Armando Fernández

Pablo Armando Fernández Pérez. (Central Delicias, Las Tunas, Cuba, 2 de marzo de 1929) es un destacado poeta y narrador cubano, Premio Nacional de Literatura. Destacado intelectual cubano, poeta, novelista, ensayista, autor teatral y traductor de la poesía anglosajona. Fue miembro del equipo de dirección de Lunes de Revolución y desempeñó importantes responsabilidades en las instituciones culturales cubanas a partir del triunfo de la Revolución.


Después de cursar la primera enseñanza en su pueblo natal, se trasladó Estados Unidos en 1945, donde estudió en el Washington Irving High School de Nueva York; también asistió a algunos cursos en la Universidad de Columbia. En 1959, regresó a Cuba. Fue subdirector de Lunes de Revolución (1959-1961) y secretario de redacción de la Casa de las Américas (1961-1962). Fue consejero cultural de la embajada de Cuba en Gran Bretaña (1962-1965). Asistió al Encuentro de la Sociedad de Escritores Ennio Lenio, a bienales de poesía de Bélgica (1963-1965), al Congreso de poetas en Edimburgo (1964-1965). Colaboró en Unión, Bohemia, Literatura Moderna, Europa, Parva, Arts and Society, New Left Review, La Gaceta de Cuba. Ha sido invitado también a los festivales de Malmö, Suecia y en 1985 participó en el Primer Encuentro Internacional de Lengua Española, realizado en las Islas Canarias, España, donde se reunió la pléyade de los más destacados escritores iberoamericanos. A finales de marzo de 2008 participó en el IV Festival Internacional de Esmirna, Turquía, dedicado a Latinoamérica, junto a los poetas Sergio Badilla Castillo de Chile, Diana Bellessi de Argentina, María Baranda de México, Rafael Courtoisie de Uruguay, Margarita Laso de Ecuador y Rei Berroa de República Dominicana. En la Universidad de Estambul, recibió el Premio del PEN Club de Turquía por su obra poética total.


Ha sido miembro del jurado de importantes premios literarios, entre los que destacan el Premio Casa de las Américas, categorías Poesía (1966) y Literatura Caribeña en Lengua Inglesa (1982), y el Premio Cervantes (1992). Ha escrito poesía, novela, teatro y ensayo. Su obra pasa de ser intimista a ser comprometida con lo social.


Premios y distinciones



  • 2008 Premio Yunus Emre del PEN Club de Turquía.

  • 1996 Premio Nacional de Literatura de Cuba

  • 1969 Accésit al Premio Adonáis de Poesía 1969 por Un sitio permanente

  • 1968 Premio Casa de las Américas por la novela Los niños se despiden

  • 1963 Mención en el Premio Casa de las Américas por su poemario El libro de los héroes.

Poemas

Aprendiendo a morir





Mientras duermen mi mujer y mis hijos
y la casa descansa del ajetreo familiar,
me levanto y reanimo los espacios tranquilos.
Hago como si ellos –mis hijos, mi mujer-
estuvieran despiertos, activos
en la propia gestión que les ocupa el día.
Voy insomne (o sonámbulo) llamándoles, hablándoles;
pero nadie responde, nadie me ve.
Llego hasta donde está la menor de mis niñas;
ella habla a sus muñecas, no responde a mi voz.
El varón entra, suelta su cartapacio de escolar, de los bolsillos saca su botín:
las artimañas de un prestidigitador.
Quisiera compartir su arte y su tesoro,
quisiera ser con él. Sigue de largo:
no repara en mi gesto ni en mi voz.
¿A quién acudo? Mis otras hijas, ¿dónde están?
Ando por mi casa jugando a que me encuentren:
¡Aquí estoy!
Pero nadie responde, nadie me ve.
Mis hijas en sus mundos siguen otro compás.
¿Dónde se habrá metido mi mujer?
En la cocina la oigo; el agua corre,
huele a hojas de cilantro y de laurel.
Está de espaldas, Miro su melena,
su cuello joven: ella vivirá…
Quiero acercármele pero no me atrevo
--huele a guiso, a pastel recién horneado–:
¿y si al volver los ojos, no me ve?
Como un actor que olvida de repente
su papel en la escena,
desesperado grito:
¡Aquí estoy!
Pero nadie responde, nadie me ve.
Hasta que llegue el día y con su luz
termino mi ejercicio de aprender a morir.


Che, todos los homenajes





Todos los homenajes te serían propicios:
las injurias del hombre que amanece
y halla su mundo en ruinas,
las maldiciones de los poderosos que viven
de la usura.


Todas las agresiones te coronan de triunfos.
Te debatías unánime
entre las exigencias de dos brujas feroces:
la poesía y la guerra.


No te rendiste a sus encantamientos.
La voz desaforada
de la que te serviste para el grito de guerra
codiciaba tu espíritu.


Las dos se disputaban tu cuerpo.
Te querían amantes saciándoles
el ardor que las condena a ser cuerpo sin carne,
pero las defraudaste.


Una quiso escuchar el canto de tu pecho
que halagara su oído,
tu voz se rebeló y tu verso fue un arma.


La otra te creyó conquistado
y ordenaste la lucha necesaria.
Tu boca había elegido la ubre de esa hembra
que amamanta a los hombres
que fundan dinastías y dividen los tiempos.