
Canción de Orfeo
Por Hay poetas que escriben buena poesía pero uno necesita siempre que le recuerden que lo son. Hay otros que se mueven por el mundo con aire de bardos inconfundibles pero resulta al final que sólo es un disfraz. Y existen los que además de andar por la vida gritándonos, desde sus poros más íntimos, que los son, también resultan serlo en los versos que nos regalan, como si se entregaran ellos mismos. De estos últimos es Alex Pausides. Pertenece a esa estirpe que vive en la poesía y que la trasmite con nobleza. Yo he visto nacer la mayoría de sus poemas; desde aquellos que, como “ramita bronca de berro” juntaban el candor de la adolescencia con las primeras heridas del amor, hasta estos de hoy, cincelados con vehemencia, como “alhaja invalorable” donde el “infante pensativo rememora viejas batallas”. Por suerte no es esta otra poética. Que aquí el verso se alargue hasta el infinito, que la respiración no resulte entrecortada por la prisa de los primeros años, que la gramática ofrezca una transparencia casi sonora, no quiere decir que la voz de poeta, su tono reconocible, haya dejado de ser, en lo esencial, el que ya conocíamos.“Tras la conquista de nuevas tierras donde las promesas del sueño son brutalmente desbordadas por lo real”, el infante no deja de mirar el cielo y no renuncia al disfrute del remanso. Estos poemas de Pausides poseen esa rara intensidad que sólo tienen los versos que no nacen de la sabiduría pura, sino de esa sustancia donde se mezclan la palabra, ciertos silencios donde cabe el mundo y la sabia esencial de la naturaleza humana.Waldo Leyva