Portada de Sagrada esperanza

Sagrada esperanza

Por A principios de 1963, recibidos de estudiantes de Angola y otras colonias portuguesas en África que los guardaban amorosamente, escritos a mano, a máquina, no pocas veces dichos de memoria, tuve en mi poder los primeros poemas que conocí de Agostinho Neto. A travéz de ellos comencé a admirar a este hombre que desde mucho antes había dedicado su vida a su país.Al año siguiente llegó a mis manos la edición bilingüe italiana y tropecé de nuevo con estos versos duros, secos, ásperos, tras los cuales asoma una inmensa ternura (quien toca estas páginas toca un hombre), directos como la bala segura de atinar al blanco o la declaración de principios de quien encarna las aspiraciones de su pueblo.David Chericián, La Habana, noviembre de 1975