centro pablo y asociación de escritores de cuba: siempre junto a venezuela

…su figura encarna, como ninguna otra de las que yo he

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…su figura encarna, como ninguna otra de las que yo he

conocido, la juventud antimperialista y combativa de la

América española, ante el capital yankee y los tiranos nativos.

La Asociación de Escritores de la UNEAC se une al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau en su denuncia al operativo militar en contra Venezuela.

Con Carlos Aponte al lado,

cualquier temeridad hubiera parecido fácil.

Pablo de la Torriente Brau.

El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau denuncia el operativo militar y mediático organizado por el gobierno de los Estados Unidos para intervenir en Venezuela, tomando como pretexto la entrada al país de una supuesta ayuda humanitaria.

Los objetivos principales de este crimen que se organiza ante los ojos del mundo es aniquilar al gobierno elegido democráticamente en Venezuela, cercenar los logros sociales y humanos alcanzados por la Revolución Bolivariana y apoderarse de las inmensas riquezas energéticas de ese país hermano.

Para convocar la memoria combativa de nuestros dos pueblos, le damos la palabra a un periodista extraordinario, luchador internacionalista y, también, hombre de la revolución: Pablo de la Torriente Brau. Compañero de luchas del cubano Antonio Guiteras y del venezolano Carlos Aponte, Pablo escribió, desde su exilio, meses antes de partir hacia la Guerra Civil Española donde caería poco después defendiendo a la república agredida por el naciente fascismo, el artículo “Hombres de la revolución”.

“Está próximo el primer aniversario de la caída de los héroes Antonio Guiteras y Carlos Aponte, hombres de leyenda, buenos para morir juntos, sobre el suelo suave y dulce, dramático y sangriento de Cuba.

Yo no me propongo recordar sus vidas aquí; ellos fueron, sencillamente, hombres de la revolución. Que no venga nadie entre la muchedumbre de los hombres, sembrando asombro, pánico, admiración y envidia. Nada más. Ellos fueron hombres de la revolución. Y ni me interesa, ni creo en el “hombre perfecto”. Para eso, para encontrar eso que se llama “el hombre perfecto” basta con ir a ver una película del cine norteamericano.

Los dos tuvieron excesos imprudentes y errores graves. Carlos Aponte era un desbordamiento de virilidad lo que padecía y Antonio Guiteras sufrió como pocos la angustia caliente de la revolución.

Carlos Aponte tuvo culpa, sin duda, porque no concibió sino la línea recta, ni creyó en otra cosa que en la justicia revolucionaria, ni en su imaginación entraron para nada, razones científicas, o de familia, o de interés, que pudieran justificar las acciones culpables de los otros. Como para él la vida era la revolución, escribió el código de esta en el cañón de una pistola, y fue tumultuoso y terrible. Acaso alguna vez fue injusto. Acaso alguna vez fue implacable. Pero tuvo el vicio de la amistad, y para él sus amigos eran sus “hermanos”, siempre que no se apartaran de la revolución. Y tuvo, además, el vicio del desinterés. Como todo lo daba, propio no tuvo ni la pistola, y más de una vez disparó con el arma quitada al enemigo en la acción anterior. Pero tuvo, sobre todo, el instinto de la brújula que marca el Norte inflexiblemente, y él también señaló siempre al Norte, como causante de todos los males de América. Y fue cruel con los hombres del Norte, y a su muerte nadie hubiera podido recordar la lista de los nombres de los hombres que mató en Nicaragua. Los ojos se le encendieron en el júbilo sangriento de los combates en Venezuela, en Cuba, y en Nicaragua: fraternizó con luchadores revolucionarios en las cárceles de Colombia, de Cuba y del Perú; y porque su palabra fue demasiado insolente y clara, tuvo que salir de Chile y del Ecuador. Cuando llegó a un pueblo de América y en él no encontró ocasión de pelear, pasó a otro. Méjico fue su refugio dos veces. En Panamá y El Salvador, planeó su partida para nuevos combates. Quería a los indios de Honduras, los nietos de Lempira, la “tropa cojúa” de Sandino. Nadie ha sido nunca más americano que Carlos Aponte. Odió y amó con la turbulencia de una juventud frenética. Tenía la vitalidad salvaje de la selva y el esplendor pánico de los “llanos” interminables de Venezuela.

Fue un protagonista de La vorágine_. Fue un hombre de las avalanchas. Fue un turbión. Fue un hombre de la revolución. No tuvo nada de perfecto.”_

Pablo de la Torriente Brau

Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. La Habana, Cuba

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