conversación en el patio de letras

(Entrevista a Hildebrando Pérez Grande).

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(Entrevista a Hildebrando Pérez Grande).

por José Luis Ayala. Lima.

-A propósito de Javier Heraud y los movimientos sociales en el Perú de la década del 60’, en  la revista “Piélago” hay un documento publicado con la firma de Mario Vargas Llosa. ¿Tomaron contacto con él desde acá o cómo apareció ese texto?

Para mediados del año 63, aparece en San Marcos, un número de nuestra revista –que estaba animada por Juan Ojeda, Juan Cristóbal, Ricardo Ráez, Andrés Cloud, Danilo Sánchez Lihón, entre otros- que traía en sus páginas los primeros homenajes a Javier Heraud, quien había caído el 15 de mayo de ese año en Puerto Maldonado cuando integraba un destacamento del Ejército de Liberación Nacional del Perú (ELN). Su muerte fue un escándalo, un terremoto y también una llamada de atención para los de su generación. El primer poema, notable además, en su homenaje lo escribió Juan Ojeda: “Ardiente sombra”.

Para esta edición acudí a Arturo Corcuera, Javier Sologuren, que era nuestro profesor en la escuela de literatura de San Marcos y a Juan Pablo Chang, que había vuelto a matricularse en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de nuestra universidad. Para esa fecha ya Juan Pablo se había incorporado al ELN y por su experiencia y praxis política ocupaba un cargo importante en esta joven organización política. Juan Pablo nos apoyó de inmediato porque decía que había que contrarrestar la campaña perversa en el sentido de que Heraud había sido manipulado, engañado. Fue él quien nos hizo llegar los textos de Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa, pues, Juan Pablo era amigo de ellos. No tengo en las manos dicho número de la revista pero aún recuerdo que esos textos expresaban no sólo su estupor ante la muerte de Heraud sino también un llamado a condenar el grado de violencia que estaba dando a lugar los abismales desajustes sociales en nuestro país. Mira, acabo de recordar otra cosa: el flaco César Calvo estaba de visita en San Marcos y cuando le dije que estaba preparando la revista en homenaje a Heraud, me dijo, vamos, busquemos una máquina de escribir, y fuimos a la secretaría de Letras y allí, de memoria, escribió su poema a Javier, que no está incluido en sus poesías completas.

Tal vez sorprenda, por las tendencias políticas que se expresan hoy en día, pero la verdad es que Juan Pablo Chang, por los años 60’ frecuentaba y guarda estrecha amistad con los poetas y narradores de la Generación del 50’. De manera especial con Juan Gonzalo Rose y Alberto Escobar y Alfredo Torero, y soy testigo de esto y con Ribeyro y Vargas Llosa. Recordemos que ellos desde París o cualquier otro lugar, manifestaron su simpatía por  las guerrillas en el Perú y América Latina, como resonancias del prestigio que ya alcanzaba entre nosotros la revolución cubana. A mi manera de ver, Juan Pablo fue un puente entre su generación, que venía del ochenio, el destierro, la prisión, el exilio, y la nuestra que empezaba el 60’.

Por otro lado, permíteme, por favor, ahora que estamos haciendo un ejercicio de memoria, otro hecho por el cual, creo,  Juan Pablo nos tenía cierta consideración era porque su hermano menor, Marino Chang Navarro, era nuestro compañero de estudios en letras. Fíjate el temprano destino trágico de Marino: cuando Juan Pablo muere junto al Che en Bolivia, Marino estaba en La Habana, y cuando él sale a México con el propósito de entrevistar al general Arguedas, de Bolivia, para indagar por los restos de Juan Pablo, y cuando inicia su regreso a nuestro país por tierra, Marino desaparece en la frontera de Guatemala. Nunca más supimos de él, a pesar de las gestiones que hicimos en esos días.

Mira, para volver a tu pregunta y perdona por estas vueltas,  así es cuando me dejo arrastrar por la nostalgia, Juan Pablo Chang es quien nos hace llegar para nuestra revista los textos de Ribeyro y Vargas Llosa. Si mal no recuerdo, el texto de Ribeyro también se publicó en “Unidad” el órgano oficial del pcp, con una carta de Neruda. Finalmente, puedo decirte que yo sabía quiénes eran, por supuesto, Mario Vargas Llosa o Ribeyro, pero aún no   los conocía. A Vargas Llosa lo conocí en el verano del 66, en Lima.

 -¿En qué circunstancias?

En circunstancias que podrían sonar muy extrañas ahora, y acaso hasta curiosas, sin embargo así se dieron las cosas: En enero del 66 se dio a lugar en La Habana la Primera Conferencia Tricontinental de los pueblos de América. Asia y África. Asistieron muchas personalidades de la izquierda del mundo entero, como delegados, observadores, periodistas, obviamente guerrilleros, incluso comandantes. La delegación peruana estuvo presidida por Juan Pablo Chang a nombre del ELN. Entre los intelectuales y escritores invitados, asistió Mario Vargas Llosa, en ese entonces muy próximo a los movimientos revolucionarios de nuestro continente. Tengo entendido que por el Mir peruano asistió Héctor Cordero. Bueno, ya de regreso a Lima,  en abril del 66, Juan Pablo me dice “por qué no organizamos  un homenaje a Javier Heraud en San Marcos?”. Y yo le pregunto “y quién hablaría al final?”  Y él me respondió de inmediato: “Mario Vargas Llosa. Vamos a buscarlo”.

Entonces él preparó una reunión, en un café de Miraflores, cerca al viejo cine San Antonio, muy de mañana. Cuando llegamos al café, Mario Vargas Llosa ya estaba instalado en una mesa y recuerdo que saludó muy efusivamente a Juan Pablo y éste me lo presentó. Así fue. Yo tenía en mis manos un ejemplar de La casa verde, que acaba de llegar a Lima.  Y hablamos los tres de la situación política de Lima, de América latina y concretamente del homenaje a Javier Heraud. Mario Vargas Llosa no podía acompañarnos, pues, para la fecha señalada, de acuerdo a su agenda personal, él ya estaría de regreso a Europa, pero nos autorizó para  que en el acto dijéramos que él enviaba su saludo solidario.

-¿Dónde se realizó el homenaje a Javier Heraud?

En la casona de San Marcos. En la edición de las Poesías Completas, de Javier Heraud, de 1973, yo incluí una foto en donde están  César Calvo y Antonio Cisneros y detrás de ellos hay una pizarra anunciando el homenaje y hay incluso  un afiche pegado en la pizarra. Ese afiche lo hicimos con Juan Pablo. Debo decirte, también, que ya él vivía en la clandestinidad. Juan Pablo  no podía asistir a esos actos masivos. “Qué pena perderme estos mítines culturales”, solía decir.

No quisiera dejar de mencionar, si de recuerdos se trata, que otro gran amigo de Juan Pablo, el lingüista y científico social Alfredo Torero, fue jurado del premio Casa de las Américas en 1965. Ese año dicho jurado premió un libro muy hermoso de Jorge Zalamea, un poeta y traductor colombiano**: Poesía ignorada y olvidada.** Es un libro muy hermoso. De rato en rato aún lo leo. Es una recopilación de la poesía de nuestros pueblos originarios, no sólo de América sino de muchas partes del mundo.

 -En esos años, hay un hecho que tú conoces. Se trata del Primer Encuentro de Escritores Jóvenes convocado por la galería Cultura y Libertad. Mario Vargas Llosa y otros intelectuales denunciaron que este evento era financiado por la CÍA.

No recuerdo bien pero me parece que fue en los primeros meses del 66. Nosotros estábamos en San Marcos. En ese entonces, participaron Rosina Valcárcel, Marco Zapata, Juan Cristóbal, Gregorio Martínez, el Grupo Narración, Juanito Morillo, José Watanabe, que venía de La Villarreal, entre otros. Nos enteramos que el Congreso de la Galería Cultura y Libertad, que propiciaban Jorge Luis Recavarren. Cecilia Bustamante y Julio Ortega, estaba siendo auspiciado por la CÍA. Llegó a Lima la noticia de que en un diario de mucho predicamento en los EEUU se había señalado este hecho. Y el texto llegó a Lima y algunos amigos nuestros tradujeron el texto. Y se decidió responder este hecho con un Congreso de escritores jóvenes que se llevó a cabo en San Marcos y en la universidad de Ingeniería. Además, se hizo un homenaje a Edgardo Tello, quien había muerto meses antes.

-Vargas Llosa era un personaje muy conocido como hombre de izquierda y además firmó un documento de apoyo a las guerrillas.

No debemos olvidar que en esos años, por lo menos en nuestro medio, el escenario revolucionario estaba iluminado por la gesta cubana. Y los intelectuales y escritores y artistas canónicos, Sartre, entre ellos, no ocultaban su apoyo a las guerrillas latinoamericanas. De una u otra manera, ellos no sólo firmaban documentos de apoyo o de protesta sino que también, unos más, otros menos, se ofrecían a colaborar, sirviendo de apoyo logístico, de prensa, hasta de contacto entre compañeros. Eran, pues, puntos de apoyo y para eso había confianza. Y sin duda, se escuchaba y se tenía en cuenta sus opiniones. El mismo Mario Vargas Llosa ha hecho un recuento de su simpatía y labores  en esos años, en París. Esto no es un secreto para nadie. No es nada nuevo decirlo, es lo quiero decir. Así fue, en  esos años, y en esas  circunstancias, es honesto decirlo, Mario Vargas Llosa tuvo un rol importante. Cuántos combatientes que pasaban por París de ida a La Habana o de regreso a sus países no contaron con la valiosa colaboración de Cortázar, García Márquez, Mario Vargas  Llosa y tantas otras figuras de la literatura y la cultura latinoamericanas.. Para qué ser mezquinos con nuestra mirada del pasado. De qué sirve ocultar este hecho. Casi estoy por decirlo, y lo diré a la manera de Rubén Darío: quién que es, no es romántico? Eran los tiempos ardientes que se vivían en aquel entonces.

Recuerdo también que, por ejemplo, Juan Pablo decía, si pasan por París no vayan al Barrio Latino,  a la riviere gauche, no busquen a sus amigos o familiares, ya habrá otra oportunidad. En todo caso, disimulen bien  su presencia. Recuerdo que un compañero, por no buscar ayuda entre sus conocidos, se fue, en silencio,  a  una gare de París y vio que en  un tren había un cartel que decía Genève y se dijo: ya está, me voy a Génova y allí tomo un barco hasta el Callao y nadie me para. Y subió al tren y después de algunas horas solo veía nieve y más nieve y más nieve. Estaba llegando a Ginebra. A otro, así dicen, lo cuadraron en un puerto italiano y le amenazaron con un lenguaje macarrónico: “diechi minuti mariconi o tuta la vita morto”. La leyenda que lo siguió toda su vida es que algunos compañeros suyos, hermanos del alma,  juraban que él había aceptado vivir y que por eso llegó con las justas a subir al “Donizetti”, por eso su nombre de combate fue “Diechi”. Yo conocí a los dos, uno de ellos murió.  Te cuento estos pequeños detalles con el ánimo de rescatar la verdadera dimensión humana de los combatientes de aquel entonces, muchachones de las diversas provincias del Perú,  como diría el poeta Pablo Guevara. Personas con ilusiones, utopías, esperanzas y que nunca perdieron su cotidianidad, su vida diaria.

Entonces, pues, por confidencias de algunos compañeros de ese entonces, Mario Vargas Llosa, fue un leal colaborador. Mira, hay que ser claros y justos y honestos con los tiempos que antaño vivimos. Eso lo viví. Sólo muchos años después, con ocasión del Doctorado Honoris Causa que le otorgó San Marcos, volvía a ver  a Mario Vargas Llosa, precisamente en La Casona de San Marcos y tuvimos tiempo para rememorar, digamos, esos tiempos heroicos de  nuestras vidas modestas, la mía por lo menos.

Y el Caso Padilla y la ruptura de Cuba con los intelectuales?

Creo que el Caso Padilla fue la punta de un iceberg. Un hecho, acaso desafortunado, que se manipuló. Casi a diez años del triunfo de la revolución, con el desaliento que recorría el escenario latinoamericano por la muerte del Che, con los primeros brotes de la ilusión perdida, es decir, con el socialismo real frente a todos nosotros, muchos reafirmaron su vocación revolucionaria y otros utilizaron este problema para empezar a tomar distancia con la revolución cubana. No hay que olvidar por otro lado, las presiones que se están dando a lugar ya en esos momentos: si tú apoyas a Cuba, pues, yo no editó tu libro, o yo no te presto mi sala para tu exposición de pinturas o esculturas, o te niegan sus locales para tus recitales de canciones y poesía. Son presiones por debajo de la mesa, no la ve la opinión pública pero la siente el escritor, el intelectual, el artista. Se te cierran las becas, los auspicios. En este recuento, pues, hay que sumar el desgaste, la radicalización tanto para la derecha como para la izquierda. Y sin duda, no estábamos preparados ni política ni ideológicamente para interpretar esos hechos y asumir posiciones justas.

Hay que recordar los eventos y las líneas de trabajo en el campo intelectual, el congreso de educación, las medidas represivas, el ambiente homofóbico, los dogmatismos y sectarismos. Y viene un mar de críticas desde fuera, desde aquellos que en un primer momento apoyaron a la revolución cubana. A esa ola se suben, pues, varios intelectuales y escritores y artistas, así como también otros reafirman su simpatía y adhesión como Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Mario Benedetti.

-Como docente universitario y lector por razones pedagógicas, crees que la militancia de Mario Vargas Llosa en el Grupo Cahuide de San Marcos, haya sido determinante en el desarrollo y curso de su literatura?

Yo no conozco los pormenores de aquella célula del pcp en San Marcos. Todas mis referencias se deben a lecturas, sobre todo por el testimonio que ofrece Mario Vargas Llosa. Pero puedo imaginar el ambiente social y político de ese entonces, cuando aún se vivían los últimos aletazos de la dictadura de Odría y las primeras de la dictablanda de Prado. San Marcos está saliendo de la represión feroz y vive el renacer del Apra, prueba de ello es el Frente Universitario Reformista (FUR) y el inicio del Frente Estudiantil Revolucionario (FER). La FUSM estaba en mano de los apristas. De igual manera, en la plana docente, había muchos profesores apristas. Contados son los docentes de izquierda, Hugo Pesce, Alberto Tauro del Pino, Manuel Beltroy.

Por los textos de Vargas Llosa sabemos que el instructor de la célula Cahuide era Héctor Béjar Rivera, y formaban parte de ella Félix Arias Schereiber, Leo Barba, Isaac Humala y el mismo Vargas Llosa. Incluso podemos volver a Conversación en la catedral, para recrear el ambiente de esos años. Todos ellos son jóvenes con sensibilidad social, con sentido crítico de nuestra realidad nacional, y con una vocación de cambio de las estructuras obsoletas de nuestra sociedad. Quieren cambiar el Perú. Y tratan de hacerlo de manera orgánica. Se preparan con lecturas, conversaciones no en la catedral sino en el patio de letras del viejo san Marcos. Y salen a las calles, hacen mítines.

Pasan 10 años y mira cual es el escenario en la que se desenvuelve lo que fue la  célula Cahuide. Dónde está el instructor Héctor Béjar Rivera? Héctor está con un fusil en la mano, caminando a la cabeza del destacamento guerrillero “Javier Heraud” por las serranías de Ayacucho y Apurímak. Detrás de él caminan jóvenes de la generación del 60’, entre ellos el poeta Edgardo Tello. Yo no sé cuál sería el seudónimo de Béjar en la célula Cahuide, pero nosotros en el ELN lo conocíamos como “Calixto”. Hay, pues, un continuum, un devenir en la vida de Béjar que hace de su vida una praxis revolucionaria entregada totalmente, sin dobleces, a sus ideales, que seguramente, también se forjaron en los años previos a su militancia en el ELN.

Te lo digo de otra manera, con el lirismo de César Calvo, quien, en un poema suyo, que cito de memoria_: “Diario de campaña”,_ dedicado a Héctor Bejar y Walter Palacios y que fuera publicado por primera vez en “Piélago”, dice: “Detrás de nuestros actos, como una piel de voluntad sin tregua, somos nuestros propios antepasados…”.  De igual manera puedo decirte, respondiendo a tu pregunta, por supuesto, detrás o delante o al costado del novelista famoso ahora están sus sueños, sus actos, sus lecturas, sus pasiones, su mirada del mundo, su experiencia en todas las zonas de la condición humana. Cada escritor se nutre, como cualquier ser humano, de su propia vida y de otras vidas por supuesto. Su imaginario, la mirada del mundo, la retórica que utiliza, las herramientas y técnicas narrativas evidentemente responden a experiencias vividas y es obvio señalar que la persona que narra ya no es el autor sociológicamente hablando, es el otro, su igual, su diferente y complementario. Hay que recordar, además, aquello de los demonios interiores. Y si tú quieres, para ponernos serios,  no hay una relación mecánica sino dialéctica y etc.etc.

-Y es verdad que conociste a Héctor Béjar en la cárcel?

Bueno, como para complementar este panorama,  cuando Béjar cae preso en Lima, en febrero del 66, quienes lo visitan, primero, en la carceleta de Seguridad del Estado, son su esposa, Ana María,  a quien recuerdo siempre,  y su familia. Juan Pablo me delega a mí para  que vaya a verlo. Yo contaba con el aval de  un Comité de Derechos Humanos que habían levantado Alfonso Barrantes y Rosita Alarco y otros compañeros. Necesitábamos saber cómo estaba anímica y físicamente y ver la forma de ayudarlo en el tratamiento de  la enfermedad que había contraído en las montañas, la uta temible. En fin, es otra historia aún por contar.

-Volviendo a la cédula Cahuide, y el destino posterior de Mario Vargas Llosa?

Teniendo en cuenta la pasión por la escritura que siempre manifestó Mario Vargas Llosa, no me lo imagino subiendo al monte como Béjar. Y esto no lo hace ni más ni menos. Él da rienda suelta a su vocación más entrañable: la escritura, la narrativa, la invención de mundos y personajes, aquella cartografía humana de la que habló el jurado del premio Nobel. Retóricamente podemos decir que su fusil era su pluma. Y volvemos a lo mismo, si la realidad cambia, los hombres también cambian. No somos seres congelados, todo lo contrario. Recordemos que es Marx quien señala, de manera metafórica,  que todo lo sólido se desvanece en el aire, como lo dice Marshall Berman, y que deviene, ahora,  en aquello de las sociedades líquidas que sostiene, Zygmunt Bauman. Todo cambia, pues. Y es fácil condenar y más aún alabar desde el balcón, qué gracia tiene este, digamos, deporte perverso. Lo difícil es interpretar el momento y tomar una decisión. Con el frenesí del capitalismo en estos tiempos, lanzados hacia delante de manera frenética por el neoliberalismo,  se ponen a prueba los saberes y “las capacidades de las propias personas”, otra vez el viejo Karl. Mario Vargas Llosa, al compás de los sucesos históricos de los años 60’ estuvo a la altura de dichas circunstancias. O no? Posteriormente, de  acuerdo a su criterio, asumirá actitudes que acaso molestan, inquietan, sublevan. Ahora está en la vereda del frente. Y creo que hay que respetar su decisión. Hay que abrir un diálogo abierto, y  hacer prevalecer la opción revolucionaria. Y seguir trabajando en lo nuestro y con los nuestros, con más lucidez y con más pasión si es posible.

-¿Y conociste a Félix Arias Schereiber y a Leo Barba?

A decir, verdad, a Félix lo vi más en la Plaza de Acho que en alguna otra  reunión de trabajo. Por respeto a él no puedo decir que fui su amigo, lo conocí sí y más de alguna vez hablamos en la redacción de Marka, pero nada más, siempre al paso. A Leo Barba, sé quién es pero no tuve, hasta ahora,  la oportunidad de conocerla.

-¿Y hablando de los comités de Derechos Humanos, conociste a Desirée Lieven?

No la conocí, nunca estuve en su generosa casa, allá en París. Desirée es toda una leyenda. Y eso que yo tenía cartas de presentación firmada por su amiga Rosita Alarco. A veces le decía, Rosita, parece ser que me voy a París. Y ella me decía tienes que ir a la casa de mi amiga Desirée.

“Ni se te ocurra pasar por la casa de Desirée”, me decía Juan Pablo. “Hay mucha luz”, remataba. En nuestra jerga quería decir que había mucha gente. Esa carta firmada por Rosita se me ha extraviado, confío en que algún día aparezca entre mis papelerías. Por gente que la conoció, pues,  sé de sus afanes, de su generosidad con los peruvianos de ese entonces.

Bueno, yo conocí a Rosita Alarco en París, en la casa de Desirée. Llegue a las cinco de la tarde y empezamos a conversar, nunca como ees día no había nadie, pero Desirée estaba cocinando. De repente se presentó una mujer menuda, de talla regular, adecuadamente vestida y de frente entró sin decir nada. “Te esperaba más tarde”-dijo Desirée. “Lo que pasa es que fui a la UNESCO y hablé con Julio Ramón Ribeyro, me ha prometido que ese proyecto lo pondrá en carpeta para este año, ojalá lo haga porque es la enésima vez que le ruego y nada”.

Desirée respondió: “Ya no es el amigo de antes, cree que lo voy a censurar. A mí no me importa de qué viva la gente. Cada uno sabe cómo se suicida”.

Me presentó a Rosita Alarco y con ella hablamos de la amistad de su hermano Luis Felipe con Carlos Oquendo de Amat. Rosita dijo que su hermano guardaba cartas del poeta. Pero inmediatamente empezaron a hablar con Desirée de política.

Terminé el plato y dije: Gracias Desirée, tengo que ir al cine con Esperanza”. Desirée me miró para auscultarme con una dulce sonrisa y dijo: “Está bien”, salúdala, pero llévale esta manzana”.

Me despedí y las dejé conversando a solas.

-Bueno, pero ahora te pido un testimonio sobre Rosita Alarco.

A propósito de lo que estamos hablando viene bien hablar de Rosa Alarco, etnomusicóloga, directora de coros  tanto de secundaria como de la universidad, arreglista y estudiosa de nuestro folklore, especialmente andino. Como se sabe, ella procede de una de las familias más ilustres y más poderosas económicamente de nuestro país. Su presencia en la izquierda peruana desmiente aquella vieja condena de que sólo se puede ser revolucionario si tienes orígenes proletarios o campesinos. Rosa Alarco Larrabure, en su afán de ser fiel a sí misma, a sus anhelos de justicia social y sobre todo al arte popular, se entregó totalmente a las tareas de un intelectual o artista de esos años que estamos rememorando, poniendo toda su inteligencia y sensibilidad a la solidaridad con el marginado, el luchador social, y en defensa de los Derechos Humanos.

Ella conocía de cerca a los de la Generación del 50’ y 60’. Compartió con Barrantes, Torero, Sybila y otros amigos, tareas de solidaridad, incluso, casi al final de su vida, tuvo responsabilidades partidarias en los diversos frentes de izquierda. Sus últimas investigaciones etnomusicales los hizo en la comunidad de San Pedro de Casta, en donde, ahora, está enterrada. La llevamos en un camión, junto a una delegación de comuneros que vinieron al velorio que fue en La Casona de San Marcos. En San Pedro de Casta, en el local comunal, la velamos, de nuevo, cantando y bailando hualinas. Allí, en San Pedro de Casta, en Laraos, Huachupampa y otras comunidades campesinas  recopilamos estas canciones.  Ella recopiló, estudió y difundió Las Hualinas, un género musical de origen prehispánico, que se canta en las champerías o fiesta del agua como se le conoce en el mundo andino, así como también en los carnavales. Parte de ese material se ha publicado.

Yo tuve la fortuna de conocerla en 1961, en San Marcos. Y me halagó con su amistad toda una vida. Imborrables son para mí las conversaciones, los viajes, las tareas que se hicieron en esos años. Yo lo he dicho ya: con Arguedas, que a veces llegaba a la casa de Rosita, y con ella, aprendí muchísimo sobre la poesía popular popular. Para los años 65, 66, 67 sobre todo, ella se prodigaba en asistir,  en visitar, en solucionar los problemas de los  estudiantes perseguidos, los políticos confinados en las cárceles, los campesinos presos y en plena orfandad. Si faltaban medicinas, víveres, de la manera más discreta ella los hacía llegar a quienes eran víctimas de la represión. Que yo sepa nunca militó formalmente en ninguna organización política. Colaboraba con todas. Por su propio carácter, libertaria siempre, no se hacía problemas con nadie en particular.

A ella le debemos un hermoso trabajo de investigación, a  manera de rescate, hizo un libro sobre la vida y obra de Alfonso de Silva, el músico peruano, íntimo amigo de Vallejo, que fuera premio de musicología de la Casa de las Américas, un año antes de su muerte. De igual manera es valioso su estudio sobre la danza de Los Negritos, de Huánuco. Y cómo olvidar su Jarana Criolla y la bellísima manera de bailar marinera limeña, con una gracia sin par.

-Me parece que Juan Gonzalo Rose también fue muy amigo de Juan Pablo Chang y otros protagonistas de las guerrillas de los años 60’…

Qué bueno que recordemos a Juan Gonzalo, como lo llamaban los del 50’ y tan sólo Gonzalo para los del 60’. Un notable poeta, la textura de su poesía tiene una ternura, un candor que nos estremece. Y un manejo del ritmo poético que rápidamente te seduce. Hay que recordar que Juan Gonzalo Rose, Manuel Scorza, Gustavo Valcárcel, Luis de la Puente Uceda, Hilda Gadea, Violeta Carnero, entre otros poetas y luchadores sociales fueron deportados a México. Allí vivieron el duro exilio y en México DF conocieron a Fidel, al Che, que ya estaba casado con Hilda Gadea.

Juan Gonzalo a mediados de los 60’ tenía un cuarto en un edificio en la Plaza San Martín, no lejos del  mítico Zela. Juan Pablo Chang me dijo un día: “cuando tengas necesidad de un cuarto, un apoyo de base, recurre a él. Es muy reservado y de toda confianza. Ya le hablé de ti”. Tuve la fortuna de estar, en más de una oportunidad, con los dos, juntos. Ellos recordaban a León Felipe, a Nicolás Guillén y a los combatientes del Moncada que habían conocido allá. Juan Pablo disfrutaba mucho de la chispa, el humor, a veces sangriento, de Juan Gonzalo. En cierta ocasión, Juan Gonzalo me entregó tres poemas, en presencia de Jacqueline de Lobatón_: “ Estaciones para un canto a Luis de las Puente”, ”De mi voz y la ceniza”_ y uno manuscrito: “Ojo del sabio”.  Este poema es “para Juanito Chang”, me dijo Rose. Cuando se lo llevé, Juan Pablo me dijo: ”guárdalo tú, en mis correrías a mí se me puede extraviar”. Aún conservo dicho poema. Y lo publiqué hace años junto con los otros dos.

-Tienes el poema dedicado a Luis de la Puente Uceda?

Sí, lo tengo a la mano, más tarde te  envío el poema de Juan Gonzalo Rose:

ESTACIONES PARA UN CANTO A LUIS DE LA PUENTE

Mi compañero de cuarto y de mundo

I

¿A quién habéis matado, generales?

A un hombre flaco y miope

Cuyos ojos trazaron el futuro,

A un cuerpo consumido por el asma

Y la fraternidad,

A alguien que una noche

Se casó por amor, tuvo una hija

A la cual le encantaba

Gatear entre sus libros,

A eso habéis matado, generales.

Lo demás es su fuego

Ese fuego que enciende diariamente

Los ojos invencibles

De su pueblo.

II

Siguieron disparando contra su cuerpo

Muerto

Hoy siguen disparando contra su cuerpo

Muerto.

Seguirán disparando contra su cuerpo

Muerto.

Hasta que lo matemos

Junto a su cuerpo

Vivo.

III

Del deshonor pastado cada día,

Del poco honor que cultivó mi vida,

En la vasta llanura del olvido

Tan sólo quedarán de mi memoria:

Unos versos de amor,

Otros de historia

Y el orgullo de haberte conocido.

Ahora ya eres aire, tierra,

Fuego, agua que inunda

El corazón del sueño;

Mientras que yo,

Amarrado a las bridas del olvido,

Consuélome sabiendo que la vida

Del viento no vendrá:

Sí de la herida

Y de la luz

Sembrada por mi amigo.

-Para ir terminando con esta entrevista, Hildebrando, recuerdo que Mario Vargas Llosa escribió algo sobre la poesía de Juan Gonzalo Rose?

En 1964 se editó un libro de poemas en cierta forma  atípico, inesperado de Rose: Las comarcas. Un espléndido libro lleno de erotismo, de magia verbal, una voz distinta a la voz bronca de Cantos desde lejos y sin el suave rumor de Simple canción. Con un universo social muy convulsionado por los acontecimientos sociales que vivíamos, la muerte de Heraud que era una espada encima de nuestras cabezas, con unos lectores y críticos y estudiosos totalmente ideologizados, Las comarcas, por su sensualidad verbal, por su discurso que dejaba entrever amores a contracorriente, cayó mal. Pocos vieron y valoraron la poética renovada de Juan Gonzalo Rose.

Años después, el FCE publica Las nuevas comarcas, con un espléndido prólogo, celebratorio sin lugar a dudas, de Mario Vargas Llosa, quien celebra el lujo verbal de Rose, el erotismo a todo dar que emana del libro. Recuerda que Vargas Llosa a fines de los 50’ y comienzos del 60’, sostiene  una acalorada polémica en nuestro medio, pues, critica duramente el libro de Romualdo: Edición extraordinaria. Lamento, dice él, el inútil sacrificio de la poesía en pro de una ideología y una actividad política. En los  años, 64, 65,  mira tú qué curioso, por decir lo menos, son los de la izquierda que sin decirlo abiertamente, lamentan “el inútil sacrificio de la poesía” comentando Las comarcas. Rose canta a la vida en todo su esplendor, a la piel alzada, al fuego del amor, y no a la guerrilla, al combate, a la muerte. Puedes preguntar a quienes aún sobreviven si estoy abusando al describir este hecho, pregúntales si Rose no se deprimió ante el frío recibimiento de su hermoso libro. Todo es, pues,  un mutatis mutandis, forever.

(Lima, 2 de febrero 2015).

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