Lunes, 23 de mayo de 2016 — 12:53 AM

Artículo recuperado del archivo histórico.

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“Las tempranas aspiraciones literarias tienen tanto de nobles cuanto de peligrosas. La facultad de crear tiene dos potencias distintas, y a cada una debe darse conveniente desarrollo, para que no oscurezca a la otra con sus exageraciones. Entender e imaginar constituyen la inteligencia y la imaginación; una inteligencia preferentemente atendida desfigura y amanera la facultad imaginativa creadora; una imaginación desordenada confunde y extravía la inteligencia. Cultivar ésta, es sujetarse a la vida; cultivar aquélla, es estar yéndose perpetuamente del deber de existir.
[…]
El fin de la vida no es más que el logro difícil de la compensación y conciliación de las fuerzas vitales. Puesto que tenemos voluntad, criterio e imaginación, sírvannos las tres: la imaginación para crear, el criterio para discernir y para reprimir la voluntad. Los hombres son todavía águilas caídas, y ha de haber alguna razón para que aún no se nos devuelvan nuestras alas.
[…]
Así, digno y libre, independiente y sabio, conocedor de los demás y de sí mismo, a la par instruido e inspirado, así ha de ser el que en nuestros días quiera robar una estrella más al cielo para dejarla en la tierra perpetuamente atada a su nombre.”

Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 367 – 368, “La poesía”, El Federalista. México, 11 de febrero de 1876.

Cubapoesía

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