el retorno de cesaire

por Alpidio Alonso Grau

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por Alpidio Alonso Grau

tomado de la revista Amnios.
Publicado por la editorial Sinsonte (Zamora, España, 2007) apareció una nueva edición del Emblemático Cuaderno de un retorno al país natal del gran poeta martiniqués Aimé Cesaire (Basse-Pointe, 26 de junio de 1913– Fort-de-France, 17 de abril de 2008). Al atractivo que concita la poesía de Cesaire, se une en esta edición del Cuaderno… la novedad de que se recogen, integradas en un texto único, la traducción al español hecha por la escritora y etnóloga cubana Lidia Cabrera (1899-1991), publicada en Cuba en 1943, con la traducción que hace la también ensayista y traductora cubana Lourdes Arencibia de los fragmentos añadidos a la obra por el poeta en la edición francesa de 1956.

Como en aquella (hoy inencontrable) edición cubana, en esta oportunidad el libro se publica bajo el título de Retorno al país natal y mantiene tanto los dibujos de Wifredo Lam en la cubierta como el conocido prefacio que entonces le dedicara Benjamín Péret. A esto se suma, a modo de postfacio, un estudio de la propia Arencibia que indaga en aspectos diversos de la traducción realizada por Lidia Cabrera y nos acerca a las circunstancias sociales e históricas en que se escribió el poema. De allí son estas revelaciones que arrojan luz sobre la génesis del Cuaderno… en el verano de 1935:

«Tenía un amigo yugoeslavo en París –narra (Nègre je suis, nègre je resterais, p. 26)– que me invitó a su casa en Croacia ». El paisaje allí, insular también, seguramente no le pareció muy distinto de aquel otro peñón remoto que era su país natal. Decidió preguntar a su anfitrión qué significaba el nombre del lugar que habitaban y Peter Guberina, que así se llamaba el amigo —por cierto, autor del prefacio a la versión definitiva del Cuaderno… dada a la estampa en París por Présence Africaine— respondió que para decírselo de manera que le sonara francés, que era la lengua de comunicación entre ambos, era algo así como martin. La imaginación del poeta puso el resto, y exclamó: «¡Pero si es como la Martinica!». Y entonces se compró una libreta de escolar y empezó a escribir…

Calificada por René Depestre como «la poesía más violenta del siglo», la voz de Aimé Cesaire irrumpió al publicarse su Cuaderno… con un desconcertante sonido propio, al punto de hacer decir a Péret en el mencionado Prefacio:
Tengo el honor de saludar aquí a un gran poeta, el único gran poeta de lengua francesa que ha aparecido en veinte años. Por primera vez resuena una voz tropical en nuestro idioma, no para sazonar una poesía exótica, adorno de mal gusto en un interior mediocre, sino para hacer brillar una poesía auténtica, brotada de troncos podridos de orquídeas y de mariposas eléctricas devorando la carroña; poesía que es el grito salvaje de una naturaleza dominadora, sádica, que se traga a los hombres y a sus máquinas como las flores a los insectos temerarios.

Nieto del primer profesor negro de Martinica, en 1931, tras haber vencido sus primeros estudios, Cesaire consigue una beca del gobierno francés e ingresa como alumno al Liceo Lois-le Grand de París. Es dentro de ese fermento estudiantil metropolitano donde Cesaire, junto al joven senegalés Leopold Sédar Senghor, posteriormente presidente de su país, y otros condiscípulos antillanos, funda, en 1934, la revista El estudiante negro, en cuyas páginas expone su concepto de la negritud, término que entonces daba vida a una nueva noción de la cultura con relación al vasallaje impuesto por Francia a sus colonias. De esas búsquedas, en que el poeta redescubre su relación con el Caribe antillano, nace el Cuaderno…, a la sazón calificado por André Breton como «el mayor monumento lírico de nuestro tiempo». Allí, con plena conciencia de su labor, declara:

Quien no me entienda tampoco entenderá el rugido del tigre. (….)
Volvería a este país que es mío y le diría:
Abrázame sin temor. Si tan solo sé hablar por ti hablaré.
Y le diría aún:
Mi boca será la boca de tus desgracias que no tienen boca, mi voz la libertad de estas otras voces que se desploman en el calabozo de la desesperación.

Y, efectivamente, en 1939 Cesaire volvió a Martinica tras haber logrado su licenciatura en la Escuela Normal Superior con una tesis sobre «El sur en la literatura negroamericana de los Estados Unidos». En 1937, todavía en París, se había casado con Suzanne Roussi, una estudiante martiniquesa, y un año después ya había concluido la escritura de su Cuaderno…. Ahora, de regreso en su patria, ejerce la docencia al igual que su padre en el Liceo Schoelcher y, junto a su esposa y otros intelectuales, funda la revista Tropiques, desde donde continúa la labor iniciada en Europa y profundiza en su defensa de una nueva literatura germinada de los valores propios de su identidad, libre de la visión racista y colonial predominante en el clima de alienación cultural que vivía Martinica a finales los años treinta.

La impresión que le causó su visita a Haití, el bloqueo de Estados Unidos a Martinica durante la Segunda Guerra Mundial, la represión del régimen y el progresivo deterioro de las condiciones en la isla durante aquellos años, el acoso de la censura y en definitiva el cierre de la revista Tropiques en 1943, su encuentro con Breton y la escritura por parte de este del prólogo a la edición bilingüe del Cuaderno…, su adhesión al Surrealismo marcada por la publicación, en 1944, del compendio Las armas milagrosas, su filiación, en 1945, al Partido Comunista, al frente del cual es electo alcalde de Fort-de- France (responsabilidad que ejerce hasta 2001) y diputado a la Asamblea Nacional por Martinica (escaño que mantuvo hasta 1993), su posterior renuncia, en 1956, al Partido Comunista Francés para fundar, dos años más tarde, el Partido Progresista Martiniqués (PPM), la publicación, junto a Alioune Diop de la revista Présence africaine, la creación del Servicio Municipal de Acción Cultural (SERMAC), con el que suele simbolizarse la política cultural seguida durante su mandato, son estaciones dentro de la larga vida intelectual y política de este gran poeta y pensador, imprescindibles tanto para comprender el proceso y el significado de su obra como para conocer la historia de esta pequeña isla del Caribe.

Toda vez que la traducción de Lidia Cabrera se atuvo a la edición príncipe de 1939 y que luego se publicaron sucesivas versiones del Cuaderno… en las que el autor introdujo significativos añadidos al texto, es de celebrar en este reciente empeño de la Editorial Sinsonte no solo la posibilidad del reencuentro con un libro fundamental sino la aparición entre nosotros de una traducción de su versión definitiva. Así considerado, y tomando en cuenta las marcas (tipografía en color) que permiten distinguir la traducción inicial de Lidia Cabrera de la realizada por Lourdes Arencibia, el poema remite a diferentes momentos de elaboración y maduración en el devenir de la escritura y el pensamiento de uno de los grandes intelectuales del siglo XX.

Coincidentemente, el primer título en aparecer dentro de esta colección donde se publica el Cuaderno… fue En algún sitio de la primavera, un largo poema del Poeta Nacional cubano Nicolás Guillén, uno de los autores cuya obra lo hermana por derecho propio al martiniqués. Su amistad con Alejo Carpentier, y especialmente con Wifredo Lam, testimonian la simpatía que desde muy temprano despertó la poesía de Cesaire entre los cubanos. En la actualidad, la poetisa cubana Nancy Morejón, graduada de Licenciatura en Lengua y Literatura Francesa con una tesis dedicada a Cesaire, es una de las más reconocidas estudiosas de la obra de este gran poeta.

Al morir a sus 94 años de edad en un Hospital de Fort-de-France en la primavera de este año, Aimé Cesaire legaba una obra monumental. Reverenciado en su pequeña isla y en varias ocasiones propuesto para recibir el Premio Nobel de Literatura, su obra toda (escribió además teatro, ensayo e historia), y en particular su poesía, constituye una referencia obligada en los estudios culturales del ámbito caribeño y de la lengua francesa en el siglo recién terminado. Impresiona el vigor que mantiene su palabra, acaso la explicación para el interés que sigue suscitando incluso más allá de su perímetro geográfico y de su idioma. A sesenta años de haberse escrito, el retorno del Cuaderno… vuelve a ser noticia. En su desgarradora humanidad, de cara a los desafíos del siglo que comienza, su poesía tiene aún mucho que decirnos.

La Lisa, agosto de 2008

ALPIDIO ALONSO GRAU (Dalia, Venegas, Cuba, 1963). Poeta y editor. En 2007 la Casa Editora Abril publicó su libro de poemas Tardos soles que miro.

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