las fotos de berestein

Publicado en el No. 1, Revista Amnios. Escrito por Josefina de Diego.

··3 min de lectura

Publicado en el No. 1, Revista _Amnios.
_
Escrito por Josefina de Diego.

A mi madre, Bella García-Marruz, le gustaba escribir detrás de sus fotos algún comentario o, simplemente, el lugar donde habían sido tomadas, la fecha u otro tipo de información. Tenía varios álbumes, con fotos en que se ve muy pequeñita, casi siempre al lado de su hermana Fina, fotos de su primera juventud, caminando por las calles de La Habana, la ciudad que tanto quiso. Decía, con orgullo, que era una «habanera de pura cepa» pues había vivido —con su madre, hermanos y tías—, durante catorce años, en el mismo corazón de La Habana: en Neptuno 308, altos, entre Águila y Galeano. Hay fotos de todas las épocas y lugares. Tía Fina tiene también esa costumbre, de escribir detrás de las fotos, sobre todo datos de quién es quién. Pero a Fina no le ha bastado identificar las fotos familiares sino que se ha dedicado, a través de toda su vida, a escribir sobre la familia, anécdotas, detalles, viñetas, todas preciosas, que guarda y a nadie enseña. Ella sabe que escribiendo, que llevando al papel sus recuerdos,  están bien protegidos sus seres queridos. Igual que mamá, tiene muchos álbumes,  y muchas fotos montadas en marquitos de diferentes tipos y tamaños.

Pero en mi casa había unas fotos que se destacaban del resto de las demás, se veía que eran «de estudio», porque ellas dos aparecían distintas, no con la naturalidad de las otras. Detrás de esos retratos —son tres— aparece, con la letra de mamá, bien clara, un nombre, «Berestein», a pesar de que casi todos están autografiados, quizá mamá quería que no hubiese confusión al leer la firma en el retrato. Con los años, supe que Julio Berestein había  sido un fotógrafo amigo de ellas, amigo, a su vez, de Augusto de Castro, Kipipo, y que había sido a través de Kipipo que Bella y Fina habían conocido a Gastón Baquero, en un encuentro memorable, que las dos recordaban con mucha emoción. Berestein también retrató a Gastón. En las fotos de Berestein, mamá y Fina se ven muy serias: en una están vestidas con blusa  blanca y saya oscura, parece un uniforme de escuela; en otra son solo sus dos caras;  y en la tercera, la más rara de todas, aparecen vestidas con unas batas antiguas, como las que uno imagina que se usaban en el siglo XIX.

A papá le gustaban mucho esos retratos de «las hermanitas Marruz», como las llamaban, cariñosamente, los amigos: los tenía en su estudio, en un lugar destacado, visibles. Esas fotos me producen una sensación especial, hay un misterio en ellas que siempre me ha sobrecogido un poco. ¿Por qué?, no sabría decirlo, es como si los jovencitas que fueron mi madre y mi tía hubieran llegado a saber —en ese instante, en ese momento— algo tremendo, como si les hubiera sido revelado algún secreto, un secreto que sólo los jóvenes pueden llegar a conocer.

«Berestein», es lo único que anotó mamá detrás de esas fotos, sin fecha, amarillentas ya, por el paso de los años. Y quedaron allí, atrapadas, resguardadas, en su extraño silencio, protegidas del desamparo de la fugacidad, «en aquella otra luz / en aquel tiempo».

Junio de 2008

JOSEFINA DE DIEGO GARCÍA-MARRUZ (La Habana, Cuba, 1951). Licenciada en Economía. Escritora y traductora. En México, la Editorial El Equilibrista le publicó en el 2003 El reino del abuelo. Su libro Un gato siberian huski (Editorial Gente Nueva, 2007) recibió el Premio de la Crítica de ese año.

Compartir

Seguir leyendo

amnios en cubapoesía·

poesía y ambición

No. 1, revista Amnios

Cubapoesía · 33 min
amnios en cubapoesía·

el retorno de cesaire

por Alpidio Alonso Grau

Cubapoesía · 7 min

Un boletín más tranquilo.

Un boletín más tranquilo — nuevos ensayos, cosas que vale la pena leer, y alguna que otra fotografía.

Gratis. Cancele su suscripción con un clic.