en torno a las voces del camino

Por Jesús Sama Pacheco.

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Por Jesús Sama Pacheco.

Tengo ante mí un volumen de poesía singular: Las voces del camino, de Antonio Gonçalves, publicado en el 2005 bajo el sello de la Colección Sur que dirige el poeta Alex Pausides en la Editorial UNIÓN.

Con diseño de Elisa Vera, ilustración de cubierta de Humberto Guerra y diagramación de Onelia Silva Martínez, el libro, como objeto, goza de una presentación exquisita en cuanto a formado y detalles artístico-literarios; aunque, lamentablemente, con deficiencias fabriles en la confección del lomo, lo cual limita su manipulación y pudiera acortar su lapso de vida útil en manos de los lectores, sobre todo en bibliotecas y escuelas, donde la utilización del libro se colectiviza.

Desde su impronta, con una bella cubierta, se aprecia la sugerente exhortación al lector sobre ese mundo exuberante de la africanidad, dado en una estampa de peculiar síntesis, que nos convoca –o nos empuja– por sus valores estéticos, a tomar el libro en la mano y someterlo a la primera observación: esa que premia al diseño en unas manos ávidas y una mirada escrutadora.

Y como si fuera poco, el texto poético está precedido por una introducción del poeta, ensayista, etnólogo y folklorista Rogelio Martínez Furé, quien con auténtica y sobrada autoridad, nos da cuenta de la proliferidad de Antonio Gonçalves como escritor y nos dice sobre Las voces del camino:

Este libro lo reafirma como una de las voces líricas angolesas más notables y singulares. Su poesía se caracteriza por la transparencia de la expresión literaria, depurada factura, y el tono mesurado con que comunica los más diversos estados anímicos e interrogantes filosóficas.

Y es aquí, precisamente, en los poemas relacionados con el asunto filosófico, donde quisiera detenerme. Pero antes quiero decir otras cosas. Este autor ha publicado a partir de 1995, aproximadamente, una decena de poemarios y algunos libros de narrativa, entre los que se encuentran: Gemido de la piedra, 1995; Versos libertinos, 1996; Adobe rojo de la tierra, 1997; Buscando el hombre, 2000; Transparencias, 2004; y El lenguaje de los pájaros y los sueños, 2005, todos en el género de poesía; así como Escenas que el museke conoce, narrativa, 2003.

Y sobre el asunto de la proliferidad del autor, el mismo Antonio Gonçalves nos revela en el poema VII (pág. 37) de la 1ra. Voz del 2do. Camino:

…escribí poesía social,

épica y amorosa.

Usé de forma artificial

el coloquialismo, el tradicionalismo

y el hermetismo.

También fui modernista y postmodernista

(formalista, concretista).

Escribí haikai por intuición.

Ahora, solamente escribo poesía.

Y en ese último verso, muy sutilmente, nos dice que la poesía es una sola y es, a la vez, un cosmos. Tal como lo hiciera en la página 23 al decirnos: La poesía no se deja enclaustrar. Lo que le confiere a la poesía, y con ella al poeta, una libertad ilimitada y, al mismo tiempo, una pluralidad infinita. Asuntos que, lógicamente, no se deben a descubrimientos del autor de Las voces del camino, pero si algo bien aprendido –y aprehendido– por él en esos avatares de los caminos y el oficio poético.

Ahora, en esos mismos versos de la página 37, donde el poeta expresa que escribió haikai por intuición, pese a conocer que toda poesía parte de un don intuitivo, deja entre líneas la aseveración de que el poeta no es algo silvestre, se debe también al estudio, a la necesidad de conocer las formas, las corrientes, los estilos, todo cuanto le aporte a un conocimiento profundo de la poesía y del lenguaje, es decir, la palabra, que es la herramienta de la cual el poeta se vale para expresar su arte.

Y volviendo a la página 23, nos dice:

De Walt Whitman

entendí lo que siempre presentí:

la poesía es un espíritu ocupadísimo,

incapaz de mantenerse estacionado indefinidamente.

Lo cual nos habla de un concepto poético preclaro, de exigentes demandas, donde los cambios ocurren con el mismo devenir de la vida, las épocas, los poetas, siempre inmersos en una búsqueda incesante, siempre en pos de la luz que fulgura más allá de las tinieblas.

Ahora, en cuanto al aspecto filosófico, que es, aclarado de paso, el que más nos interesa, quiero alertar al lector: no se trata de una filosofía académica, esa que nos da siempre a escoger entre el ser y la materia, el bien y el mal, y que colma de postulados cientos y miles de páginas, volúmenes, bibliotecas, para al final dejarnos con las mismas dudas y temores en el lugar inicial de algunas de las mayores interrogantes del ser humano: ¿qué hacer? ¿quiénes somos? ¿De dónde surgimos?

No. Aquí se trata de otra filosofía. No es esa que nos somete al dilema de la existencia de Dios. El poeta sabe lo suficiente para no caer en esa trampa, en ese ritornelo que mantiene a la humanidad estancada en el mismo punto desde la más remota antigüedad. Aquí estamos hablando, sencillamente, del ser y la materia (cuerpo físico y energía), ser y materia que posee lo mismo un ateo que un creyente, un ser humano que un perro, un insecto o un árbol, todo lo que tiene vida.

Pero volviendo a la idea inicial, deseo incursionar primero por un conjunto de aspectos referidos a diversas temáticas. En el libro se habla de la mujer, de sus valores, de todo lo malo y bueno que se hace por amarlas; del campesino, del pescador, de los ciclones. También el poeta expresa una especie de elogio a Nicolás Guillén, de quien dice en la página 53:

Hablo de una fuerza misteriosa

(que dominaste tan bien)

_de la cual los escogid_os no logran evadirse.

De ahí el caudal, la erupción que esparció

Sóngoro cosongo.

Y en los cinco poemas del 5º Camino habla del sabio, del matrimonio, del amor, de la lluvia y los vientos, de la ciudad y de la verdad. De esta nos dice en la página 95:

La verdad es un caballo

que trota seguro.

Agua que brota pausadamente

a tiempo entero

hasta perforar la piedra.

No es menos cierto que el libro se torna en ocasiones un tanto didáctico, lo cual pudiera apreciarse como defecto si no se tratara de un poeta que habla para un pueblo sometido desde la más ancestral antigüedad a la esclavitud, al despojo y a la ignorancia. Pero también el poeta reconoce que existen muchos hombres y mujeres en su país con potencialidades artísticas, literarias y en otras ramas del saber. Por eso les habla de la poesía en la página 25, donde nos dice:

La poesía es el reflejo inacabado de la luz,

emanada por un espíritu que se engendra a sí mismo.

Y en la página 45, al hablar del poeta nos dice:

El poeta cuida de las palabras,

ellas deben tener la medida perfecta.

Y en estrofa siguiente:

…las escoge dedo a dedo, con delicadeza,

o escogido por ellas,

y las trata como al último amante

y ellas lo retribuyen con el mismo ardor.

Así obra el arte. Así la obra es arte.

Y es que tratando de enseñar, el poeta lo hace con un sentido artístico, con transparencia y medida exacta de la frase. Así también habla de la amistad, de lecciones permanentes que ganó en su andar por esos caminos a donde lo llevó la vida, esos mismos caminos donde la poesía, como la atmosfera que respiramos, llenó de sabia cosmopolita sus pulmones, su corazón, sus sentidos, y dio aliento a las palabras. Y aunque habla de desconfianza, prefiere rendirle culto a los buenos amigos y así nos dice en la página 49:

Hay amigos que se parecen a los ángeles.

Contigo se rompen la camisa

y hacen de las tuyas sus batallas.

Pero anteriormente, en la página 37, haciendo gala de ese total desprendimiento, de ese altruismo que lo sitúa más allá de toda divergencia, de cualquier diferencia entre los seres humanos, expresa:

¡Amo a mis enemigos tal como amo

a mis propios hijos!

Ahora, volviendo al inicio del libro, notamos que desde sus primeras páginas, el poeta, como un surtidor de aseveraciones e interrogantes, va desgranando su tesis filosófica, esparciendo las semillas de la sabiduría aquí y allá con expresiones que nos llaman a la meditación profunda. Y eso se advierte cuando en la 1ra voz del 1er camino, página 15, nos dice:

Somos partículas de una Conciencia Mayor.

Y unas líneas más abajo, en la misma página:

¿Cuántos saben para dónde se dirigen?

Interrogante, sin duda, abismal. Porque muchos individuos aun piensan en la paz del sepulcro, en el fin de sus padecimientos y batallas llegada la hora de la muerte. Muy pocos tienen alguna idea de los avatares que esperan al ser desde el mismo instante de la desencarnación. Y el poeta Gonçalves, que parece conocer los secretos de la existencia humana antes y después del polvo, antes y después de la mirada más atenta y proverbial del individuo, nos llama a la reflexión. ¿Qué somos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué nuevas vicisitudes o esperanzas nos aguardan. No es una simple pregunta, es una estocada a fondo lo que nos lanza el poeta. Y más que esquivarla, debemos dejar que nos toque la conciencia, que nos estremezca el alma, que nos lance a la meditación más profunda.

En la 2da voz del camino se mantiene y desarrolla esta tesis. En la página 17 nos dice:

¿Y si la vida no terminase

con la muerte?

¿Y si la muerte fuera solo

Vivir con otra envoltura?

Y en ese mismo contexto hay dos preguntas que aterran, dos interrogantes que pueden sumergir al lector en la más inquisitiva cavilación:

¿Y si la muerte fuese

La verdadera vida?

Y más abajo:

¿Cuántos estarán preparados para el descubrimiento?

Realmente, Gonçalves sabe a dónde quiere llegar. Conoce el resultado, pero por encima del filósofo habla el poeta, prefiere que sea el lector el que busque cada una de las respuestas. Está consciente de que no es un ser superior. Su honestidad no le permite adueñarse de la verdad palpitante en las múltiples voces de los incontables caminos. Su objetivo es alertar, ayudar a develar los misterios que nos circundan. No impone criterios, no hace proselitismo, no se vanagloria, no se nos presenta como prójimo salvador, como mesías de las batallas que nos imponen las tinieblas. Reparte su luz con la modestia del más simple de los mortales. Y dentro de esa tesis central del libro, nos dice en la página 19:

Todos oímos voces

que nos vienen del alma.

Y aquí debemos intuir que es el alma como símbolo –alma propia o ajena, la del otro– o el Alma Cósmica: aquella que contiene todas las almas y todas las voces de todos los caminos, de todos los tiempos. Pero el poeta (el hombre) no cree haber descubierto el Mediterráneo. Mucho menos, el cosmos con todos sus secretos y avatares. Y a pesar de ello, más allá de la naturaleza humana, aunque no haga gala de ello, conoce la magnitud, las manifestaciones multifacéticas del alma. Y en la página 27 asevera:

…no me atribuyo dones extraordinarios.

Son sonidos que el perro entiende y el gato visualiza.

Sin duda, el poeta abarca con las páginas de este libro una amplia gama de la espiritualidad, de ese conocimiento ancestral que muchos entendidos en ciencia y religión, con torpes o ingenuas demostraciones de sabiduría han intentado ocultar durante siglos. Pero, como sabemos, la luz empuja a la sombra, la aparta, e ilumina lo que ayer fue parcela de la niebla o la oscuridad. Y Gonçalves recrea con sus versos ese conocimiento legado por los predecesores. Por eso, en las páginas 59,60 y 61 nos habla del mar:

¿Alguna vez conversaste con el mar?

Entonces el poeta sugiere que le cuentes tus fracasos, tus secretos, que le hables de tus ansias, de tus proyectos, de tus angustias. Dice que el mar es una doncella a conquistar y debes tratarlo con dulzura, dirigiéndote a él con claridad, con elegancia. También dice que el mar es una fiera caprichosa y debes dirigirte a él con humildad, con reverencia.

En la página 63 retoma el tema de la muerte. Habla de cómo ha sido exaltada y glorificada por los poetas, odiada y humillada por los ricos, respetada e idolatrada por los pobres, aclamada y coronada por los monjes. En la segunda parte del poema habla con ella y la reverencia, expresándole su amor a través de los siglos.

En la 1ra voz del 6to camino, páginas 97-99, se establece un diálogo entre el consciente y el subconsciente. El dominio de la voz del subconsciente es lo que muchos llaman intuición o sexto sentido. En este caso, el sujeto lírico parece no admitir lo que expone su subconsciente; pero entre el criterio de uno y otro el poeta expone su tesis al respecto. Y en la página 99 el subconsciente expresa: Encarnaste con potencialidades que te permitieron llegar donde estás. Más abajo responde el consciente: fui yo quien desarrollé esas potencialidades. Y lanza una interrogante que es clave para el conocimiento y desenvolvimiento del ser humano: ¿Y si no las hubiese desarrollado? Finalmente, el subconsciente lanza su estocada:

¡Cuidado con la vanidad y la arrogancia, ya

fue motivo de derrumbe de varios reinados!

Y lo mismo sucede con el hombre. Eres, sí,

una partícula del todo. Busca en ti la

armonía del Universo y estarás próximo a

la perfección.

En la 2da voz del 6to camino se establece otro diálogo, esta vez entre el joven y el anciano. Aunque el asunto es interesante, no es mi pretensión analizarlo. Sólo anoto una frase lapidaria que el poeta pone en voz del anciano:

Vivir es un arte, pero morir también es un arte.

Y en la 3ra voz del 6to camino, página 107, me llama poderosamente la atención la primera estrofa:

Es increíble como la vida

corre por dentro y nosotros acá afuera

tenemos la impresión de que el alma

alcanza solo un espacio virtual.

Una vez más el poeta nos pone frente al enigma del alma, de su alcance, de su expansión en el espacio y el tiempo. Sin duda, es un tema sobre el que mucho se ha dicho, pero sobre el que todavía es necesario meditar, investigar, recrear, como lo hace Gonçalves en este libro, en el que reitera una y otra vez imágenes, ideas, sutiles postuladossobre el tema central del mismo.

En la 4ta voz del 4to camino, página 111, nos dice:

A veces desconfío

que estoy completo, que la otra parte

que cada uno busca en otros lugares,

se encuentra a mi lado, sin darse a conocer.

¡Como si no fuese humana!

Evidentemente, el poeta sabe que no somos una sola cosa, que somos un complejo físico-espiritual, donde además del espíritu que nos anima y el cuerpo físico, hay otra entidad, tal vez más de una, que tiene que ver con nosotros. En materia esotérica se habla del guía espiritual o ángel guardián, de seres protectores, que están con nosotros desde nuestro nacimiento, y de otros que se suman después por simpatía o familiaridad. Familiaridad y simpatía que puede tener el surgimiento de sus lazos en esta vida, o desde otras anteriores. El caso es, que el poeta –dígase el hombre– que ha escrito Las voces del camino sabe que no estamos solos, que nuestro espíritu interactúa con otras entidades que, al igual que el alma que nos anima, conforman ese complejo físico-espiritual que es el individuo.

En la tercera estrofa de la 5ta voz del 6to camino, página 113, el poeta nos comunica:

Esta sería la última poesía

si no tuviera la certeza de que Luanda,

La Habana y París fueron mis concubinas

antes de ser desfloradas con mi mirada,

en amaneceres pintados por el pecado

en una encarnación anterior.

Como se puede apreciar, es posible que el poeta no sólo nos esté hablando de reencarnación, sino también, de la transmigración del ser. Y tener certeza nos sugiere con claridad que, más allá de la poesía, más allá del decir metafórico, existe la intuición, esa que es revelación del alma, cierta memoria trasmitida por las entidades que asisten al individuo, que nos ofrecen las claves necesarias –el mensaje– para que el sujeto lírico hable con tanta propiedad y desenfado. Porque, en realidad, la expresión emana de un conocimiento semioculto, de una práctica, de un saber que permite concatenar realidades de diversas épocas vividas por un mismo espíritu. Y más adelante, en el mismo poema, en la segunda estrofa de la página 115, el poeta nos dice:

Esta sería la última poesía

si no tuviera la convicción

de que los sistemas lingüísticos de esta humanidad

son insuficientes para expresar

la forma ardiente como amo a mis semejantes.

¡Minerales, flora y animales complementarios!

El poeta sabe, y ya lo ha dicho en reiteradas ocasiones, que somos parte del Todo, que amando con verdadera pasión todo cuanto nos rodea: estamos amándonos a nosotros mismos. Nuestro semejante también es la piedra, el árbol, todo lo que emanó de la misma estrella, de la misma eclosión que nos ha formado. Somos parte de Dios, de esa Naturaleza que nos une y nos sugiere amarnos como hermanos, como partículas de un Todo indisoluble.

Finalmente, en el resumen (Exlibris), páginas de la 119 a la 121, Gonçalves nos dice:

Treinta fueron las voces en seis caminos diferentes. Podrían haber sido diez o cien mil caminos entrecruzados o no. Existen infinitos caminos tal como infinito es el Universo. Yo soy una de las voces que se manifestó en estas Voces del camino. Mantengo una complicidad con todas las otras. Somos millones de voces…

¿Cuáles? ¿Las voces de todos los poetas? ¿Las voces del pueblo angolano, del pueblo nigeriano, de todos los pueblos de África? No sé, no me atrevería a afirmarlo. Pero de lo que si tengo la certeza, la rotunda certeza, es de que este libro Las voces del camino, de Antonio Gonçalves, es más que un libro de poemas, más que un libro de filosofía –tal como entendemos clásicamente esa materia–, más que un libro de religión: en el que la duda y la discusión no tienen espacio, o le son negados. Y es que la poesía, la verdadera poesía, es esa: la que nos estremece y nos hace meditar, recordar, vivir las diversas vidas que habitan en el tiempo y el espacio. Un tiempo y un espacio que nos trascienden, como trascendente es la poesía que toca la fibras del corazón y de los sentidos trasmutada en luz de aurora, en polvo del camino, en voces que nos hablan desde el Alma.

[important]Datos del Autor: Jesús Sama Pacheco

Miembro de la Asociación de Escritores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ha publicado: En público secreto los amores (La Habana 1991, Madrid 1999, La Habana 2009); Habitante de la Bruma (La Habana 1993, Madrid 1999); Versos de Arena (La Habana 2005); Ante la espada y la pared (Ciudad de la Habana, 2007); Cantores de algarabía (La Habana 2008); todos en el género de poesía. En 1991 publicó Operación juguete (cuentos para niños) y en 2010, Todas las máscaras (Relatos para adultos). Picotina y otras fantasías (Poesía para niños, Ed. Gente Nueva 2012)
Ha obtenido premios y menciones, en los géneros de cuento y poesía, en concursos nacionales e internacionales. Parte de su obra aparece, además, en periódicos, revistas y antologías de Cuba, México, Chile, Perú, Brasil, España, República Checa y EE UU.

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