galeano, por gioconda belli
Eduardo Galeano en 12 frases célebres Redacción BBC Mundo 13 abril 2015 el escritor murió a los 74 años.

Eduardo Galeano en 12 frases célebres
Redacción BBC Mundo
13 abril 2015 el escritor murió a los 74 años.Eduardo Galeano, muerto a los 74 años en su Uruguay natal, le tomó el pulso a América Latina y al mundo en su larga carrera como periodista, escritor y dibujante.
Pero el autor también reflexionó sobre el amor, la religión y el fútbol de su club, el Nacional de Montevideo, que tanto le apasionaba.
BBC Mundo recupera algunas de las frases más célebres de uno de los intelectuales más reconocidos del mundo hispanoparlante.SOBRE EL MUNDO
1. El mundo se divide, sobre todo, entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar…
2. A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder.
3. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen.
4. Este es un mundo que te domestica para que desconfíes del prójimo, para que sea una amenaza y nunca una promesa.SOBRE AMERICA LATINA
5. Ahora América es, para el mundo, nada más que los Estados Unidos: nosotros habitamos, a lo sumo, una sub América, una América de segunda clase, de nebulosa identificación. Es América Latina, la región de las venas abiertas.
6. Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: “Cierren los ojos y recen”. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.
7. Si la naturaleza fuera banco, ya la habrían salvado.
SOBRE EL AMOR
8. No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
9. El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, no lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto de gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.SOBRE SU OBRA
10. Escribo para los amigos que todavía no conozco. Los que conozco ya están hartos de escucharme.
11. No sería capaz de leerlo de nuevo (su libro Las venas abiertas de América Latina). Caería desmayado. Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Intentó ser una obra de economía política, solo que yo no tenía la formación necesaria. No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada.
12. En realidad, todos escribimos un solo libro, que va cambiando y se va multiplicando a medida que la vida vive y el escritor escribe. Para mí, Las venas fue un puerto de partida, no un puerto de llegada.
¡QUE VIVA EDUARDO!
por Gioconda Belli
Galeano tomaba una duchas larguísimas. Lo sé porque Carlos, mi esposo, y yo compartimos con él un apartamento en Frankfurt durante la Feria del Libro hace ya años. Un apartamento que los dueños dejaron a disposición de Hermann Schulz, nuestro común editor, y donde él nos hospedó mientras duraba nuestra estancia en la Feria. Galeano era ya un entrañable porque mientras duró la Revolución y sus amigos fueron revolucionarios, él se afilió a esta noción de utopía marca Nicaragua, como suelen afiliarse los soñadores a sus sueños. Pasó largas temporadas entre nosotros y por eso su risa, su cabeza perfilada sin el engaño del pelo (sufría por su calvicie), sus gestos, su voz con tono de tenor, la picardía constante de su mirada, la libretita infaltable en su bolsillo donde anotaba cuanto le llamaba la atención, los cerditos que dibujaba en sus dedicatorias, esa “entidad” maravillosa que era todo él, la vitalidad de su empeño por imaginar un mundo justo y no sólo imaginarlo, sino que demandarlo, se quedará para siempre con nosotros. Difícil imaginarlo enfermo. El mismo se encargó de que pocos lo vieran sufrir. La última vez que estuve en Montevideo -un viaje de 12 horas- pregunté por él. Me dijeron que no veía a nadie. Estaba con su Elena, su esposa guapa, dulce y alegre como él. Ella que soñaba de noche y le contaba sueños que él decía le servían para escribir. Difícil imaginar que ya no está. Su voz era de las imprescindibles. Jamás después de 1990 quiso volver a este país que amó tanto. No quiso ver la metamorfosis que destruyó la ilusión en la que él creyó con fe de apasionado. Pero aquí queda el amor que le tuvimos y el amor que él nos dio a quienes lo conocimos y también a quienes sin conocerlo fueron tocados, mecidos, estremecidos por sus palabras. Que viva Eduardo. Que viva siempre. Y que se vaya tranquilo porque su huella no se borrará jamás.
Managua, 13 de Abril 2015
¿Realmente fue tan influyente “Las venas abiertas de América Latina”?
Redacción BBC Mundo
14 abril de 2015
Para mí, Las venas fue un puerto de partida, no un puerto de llegada”, dijo Galeano. La obra estuvo prohibida durante los regímenes militares de Argentina, Chile y Uruguay.
Escribió la gran obra de la izquierda latinoamericana, un polémico tratado que según él mismo reconoció “no volvería a leer”, pero que marcó un hito en la literatura política de la región.
Eduardo Galeano, autor de “Las venas abiertas de América Latina” (1971), falleció este lunes a los 74 años en Montevideo a causa de un cáncer de pulmón.
Escritores latinoamericanos recuerdan su figura y la influencia de esta obra.
Elena Poniatowska, premio Miguel de Cervantes 2013
“La muerte de Eduardo Galeano es una pérdida inmensa, porque lo que hizo con ‘Las venas abiertas de América Latina’ no lo ha hecho ningún escritor. Galeano recogió las miles de voces de latinoamericanos más olvidados”, indicó la escritora y activista mexicana a BBC Mundo.
Para Poniatowska este libro, que narra siglos de explotación económica por parte de Europa y EE.UU. en la región desde la conquista, “está absolutamente vigente. Tuvo mucha razón Hugo Chávez de regalárselo a (Barack) Obama. Pero a Galeano no le gustó mucho esa idea. Le hubiese gustado que regalara otros más recientes”.
Esta obra le llevó a la cúspide de la literatura política latinoamericana pero en su larga carrera como periodista, escritor y dibujante Galeano también reflexionó sobre el amor, la religión y el fútbol, una de sus grandes aficiones.
Jorge Volpi, escritor y ensayista mexicano
“Sea por temas relacionados con la vida política y social de México, o por sus aficiones como el fútbol, Eduardo Galeano siempre fue un comentarista agudo”, destacó en declaraciones a BBC Mundo.
El libro se convirtió en un éxito de ventas después de que el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, le regalara una copia a Barack Obama en 2009.
En cuanto a “Las venas abiertas de América Latina”, Volpi cree que “es probablemente uno de los panfletos (sin ninguna connotación peyorativa) más influyentes escrito en Latinoamérica en la segunda mitad del siglo XX. Es un libro con una vocación política de mostrar las consecuencias del imperialismo norteamericano”.
“A muchos jóvenes escritores y activistas políticos les abrió los ojos sobre la explotación en esta parte del continente”, dijo el autor en declaraciones a BBC Mundo.
Sobre la vigencia de la obra considera que “esa voluntad de mostrar lo que Estados Unidos ha hecho en América Latina a lo largo de muchas décadas no deja de ser actual, si bien desde el momento de su publicación hasta nuestros días ya hay muchos otros enfoques para explicar el atraso de América Latina en muchos sectores, y no deberíamos considerar que se basa únicamente en las consecuencias del imperialismo estadounidense”.
Santiago Roncagliolo, escritor peruano
El escritor peruano recuerda, en declaraciones a BBC Mundo, que sólo vio una vez a Eduardo Galeano, cuando este “participaba como orador en la toma de mando de Evo Morales y la gente lo trataba como un Dios”. “Paradójicamente, creo que ese día marcó el fin de su era”, dijo.
El autor peruano destacó que el objetivo de la obra de Galeano “fue inspirar a quienes buscaban un orden económico más justo en nuestro continente”.
Por eso, dice Roncagliolo, “cuando sus lectores empezaron a llegar al poder por elecciones y no mediante la violencia, su labor quedó terminada”.
En la actualidad, “resulta difícil entender su mensaje porque los que defienden a Galeano en Venezuela son precisamente los que encarcelan a sus opositores”, opinó.
Para Roncagliolo, “la América Latina del siglo XXI no es la de Chávez y Maduro. Es la de Lula y Mujica, la de Bachelet, y la de muchos demócratas que creen que es posible combinar la justicia con la libertad y la prosperidad. Y ellos también lo leyeron”.
Juan Villoro, escritor y periodista mexicano
“Indiscutiblemente es un autor extraordinariamente leído, que supo conectar con un público muy amplio y desarrolló una especial capacidad para adentrarse en problemas de la historia de América Latina y de hacerlos literarios desde un punto de vista vivo, que emocionaran al lector contemporáneo. Encontró esa fórmula eficaz para hacer presente la muy lastimada historia del continente”, opinó el autor mexicano.
Si bien reconoce que América Latina “ha cambiado mucho”, señala que “Las venas abiertas de América Latina” es una obra “abierta y deliberadamente militante, pero la realidad es más compleja que la obra”, dijo en declaraciones a BBC Mundo.
Galeano, autor de docenas de libros, fue traducido a más de veinte idiomas. En la imagen saluda al expresidente de Uruguay, José Mujica (dcha).
“Es un libro escrito muy al calor de la indignación. Es un acto de coraje, y creo que la temperatura emocional del libro vive todavía. La realidad de América Latina sigue siendo injusta y violenta, pero debe ser analizada con mucho cuidado, con un acercamiento racional”, asegura.
De Galeano, al que dijo que tuvo “la fortuna” de conocer personalmente, recuerda que “aunque su literatura fue extraordinariamente adolorida, su pacto con la vida fue una lección de optimismo en el futuro y de vitalidad”.
>Sebastião Salgado, fotógrafo brasileño
Salgado, de 71 años y reconocido internacionalmente por sus retratos impactantes sobre la miseria y el sufrimiento humano, recuerda en entrevista con BBC Mundo desde su oficina de París que “Eduardo era muy curioso, adoraba escuchar historias”.
Para Salgado el legado de Galeano es que “deja una tercera opción en la literatura, un punto de vista crítico y esclarecido, con posturas claras en toda su vida”.
Publicó “Las venas abiertas” cuando tenía 31 años y según reconoció después el escritor, “intentó ser una obra de economía política, sólo que yo no tenía la formación necesaria” para cumplir la tarea.
Su contribución fue muy grande en ese sentido, un punto de vista muy avisado, muy fuerte. El punto más importante fue la claridad ideológica de Eduardo, que apareció en su literatura”.
En cuanto a la vigencia “Las venas abiertas de América Latina”, el fotógrafo considera que aunque haya sido escrita en otra época, “la historia a la que se refiere es la historia de siempre”.
Enrique Krauze, escritor, historiador y editor
“Si hubo un pensador muy influyente en la tradición de izquierda latinoamericana, ese fue Galeano”, afirmó el historiador mexicano, quien destacó también sus libros sobre el deporte y, en particular, sobre fútbol. “Con las grandes, grandes, grandes diferencias que tuve con su obra política, quiero decir que murió un escritor muy importante, y lo que hay que hacer es honrarlo”, dijo a BBC Mundo.
“Hay que decir que al final de sus días tuvo el gran valor de la autocrítica. Autocriticó su obra, el libro que lo había hecho famoso (“Las venas abiertas de América Latina”)” afirmó el autor quien recordó que incluso el propio escritor uruguayo pensaba que su obra había perdido vigencia.
Cuba duele
Eduardo Galeano
2003Las prisiones y los fusilamientos en Cuba son muy buenas noticias para el superpoder universal, que está loco de ganas de sacarse de la garganta esta porfiada espina. Son muy malas noticias, en cambio, noticias tristes que mucho duelen, para quienes creemos que es admirable la valentía de ese país chiquito y tan capaz de grandeza, pero también creemos que la libertad y la justicia marchan juntas o no marchan.
Tiempo de muy malas noticias: por si teníamos poco con la alevosa impunidad de la carnicería de Irak, el gobierno cubano comete estos actos que, como diría don Carlos Quijano, “pecan contra la esperanza”.
Rosa Luxemburg, que dio la vida por la revolución socialista, discrepaba con Lenin en el proyecto de una nueva sociedad. Ella escribió palabras proféticas sobre lo que no quería. Fue asesinada en Alemania, hace 85 años, pero sigue teniendo razón: “La libertad sólo para los partidarios del gobierno, sólo para los miembros de un partido, por numerosos que ellos sean, no es libertad. La libertad es siempre libertad para el que piensa diferente”. Y también: “Sin elecciones generales, sin una libertad de prensa y una libertad de reunión ilimitadas, sin una lucha de opiniones libres, la vida vegeta y se marchita en todas las instituciones públicas, y la burocracia llega a ser el único elemento activo”.
El siglo XX, y lo que va del XXI, han dado testimonio de una doble traición al socialismo: la claudicación de la socialdemocracia, que en nuestros días ha llegado al colmo con el sargento Tony Blair, y el desastre de los estados comunistas convertidos en estados policiales. Muchos de esos estados se han desmoronado ya, sin pena ni gloria, y sus burócratas reciclados sirven al nuevo amo con patético entusiasmo.
La revolución cubana nació para ser diferente. Sometida a un acoso imperial incesante, sobrevivió como pudo y no como quiso. Mucho se sacrificó ese pueblo, valiente y generoso, para seguir estando de pie en un mundo lleno de agachados. Pero en el duro camino que recorrió en tantos años, la revolución ha ido perdiendo el viento de espontaneidad y de frescura que desde el principio la empujó. Lo digo con dolor. Cuba duele.
La mala conciencia no me enreda la lengua para repetir lo que ya he dicho, dentro y fuera de la isla: no creo, nunca creí, en la democracia del partido único (tampoco en Estados Unidos, donde hay un partido único disfrazado de dos), ni creo que la omnipotencia del Estado sea la respuesta a la omnipotencia del mercado.
Las largas condenas a prisión son, creo, goles en contra. Convierten en mártires de la libertad de expresión a unos grupos que abiertamente operaban desde la casa de James Cason, el representante de los intereses de Bush en La Habana. Tan lejos había llegado la pasión libertadora de Cason que él mismo fundó la rama juvenil del Partido Liberal Cubano, con la delicadeza y el pudor que caracterizan a su jefe.
Actuando como si esos grupos fueran una grave amenaza, las autoridades cubanas les han rendido homenaje, y les han regalado el prestigio que las palabras adquieren cuando están prohibidas.
Esta “oposición democrática” no tiene nada que ver con las genuinas expectativas de los cubanos honestos. Si la revolución no le hubiera hecho el favor de reprimirla, y si en Cuba hubiera plena libertad de prensa y de opinión, esta presunta disidencia se descalificaría a sí misma. Y recibiría el castigo que merece, el castigo de la soledad, por su notoria nostalgia de los tiempos coloniales en un país que ha elegido el camino de la dignidad nacional.
Estados Unidos, incansable fábrica de dictaduras en el mundo, no tiene autoridad moral para dar lecciones de democracia a nadie. Sí podría dar lecciones de pena de muerte el presidente Bush, que siendo gobernador de Texas se proclamó campeón del crimen de Estado firmando 152 ejecuciones.
Pero las revoluciones de verdad, las que se hacen desde abajo y desde adentro como se hizo la revolución cubana, Necesitan aprender malas costumbres del enemigo que combaten? No tiene justificación la pena de muerte, se aplique donde se aplique.
Será Cuba la próxima presa en la cacería de países emprendida por el presidente Bush? Lo anunció su hermano Jeb, gobernador del estado de Florida, cuando dijo: “Ahora hay que mirar al vecindario”, mientras la exiliada Zoe Valdés pedía a gritos, desde la televisión española, “que le metan un bombazo al dictador”. El ministro de Defensa, o más bien de Ataques, Donald Rumsfeld, aclaró: “Por ahora, no”.
Parece que el peligrosímetro y el culpómetro, las maquinitas que eligen víctimas en el tiro al blanco universal, apuntan, más bien, hacia Siria. Quién sabe. Como dice Rumsfeld: por ahora.
Creo en el sagrado derecho a la autodeterminación de los pueblos, en cualquier lugar y en cualquier tiempo. Puedo decirlo, sin que ninguna mosca me atormente la conciencia, porque también lo dije públicamente cada vez que ese derecho fue violado en nombre del socialismo, con aplausos de un vasto sector de la izquierda, como ocurrió, por ejemplo, cuando los tanques soviéticos entraron en Praga, en 1968, o cuando las tropas soviéticas invadieron Afganistán, a fines de 1979.
Son visibles, en Cuba, los signos de decadencia de un modelo de poder centralizado, que convierte en mérito revolucionario la obediencia a las órdenes que bajan, “bajó la orientación”, desde las cumbres.
El bloqueo, y otras mil formas de agresión, bloquean el desarrollo de una democracia a la cubana, alimentan la militarización del poder y brindan coartadas a la rigidez burocrática. Los hechos demuestran que hoy es más difícil que nunca abrir una ciudadela que se ha ido cerrando a medida que ha sido obligada a defenderse. Pero los hechos también demuestran que la apertura democrática es, más que nunca, imprescindible. La revolución, que ha sido capaz de sobrevivir a las furias de 10 presidentes de Estados Unidos y de 20 directores de la CIA, necesita esa energía, energía de participación y de diversidad, para hacer frente a los duros tiempos que vienen.
Han de ser los cubanos, y sólo los cubanos, sin que nadie venga a meter mano desde afuera, quienes abran nuevos espacios democráticos, y conquisten las libertades que faltan, dentro de la revolución que ellos hicieron y desde lo más hondo de su tierra, que es la más solidaria que conozco.
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el silencio de los excluidos
Por Graziella Pogolotti En homenaje a Roberto Blanco
