literatura para el corazón

Alberto Guerra

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Por: Clara Maylín Castillo

(Fuente: Radio Bayamo Digital )

Alberto Guerra

Cada día se lee menos en nuestro país; haría falta un estudio exhaustivo para determinar dónde hay un mayor grado de culpa: en el abordaje de las nuevas tecnologías o en la insustancialidad que corroe la producción literaria. Lo cierto es que cada vez el pueblo conoce menos a sus escritores y escasamente los busca. Fuera de los círculos artístico – literarios, es raro hallar admiración por alguno de nuestros literatos contemporáneos como no sean Leonardo Padura o el uruguayo radicado en la isla, Daniel Chavarría, cuyas obras se esfuman mágicamente de las librerías, eso cuando llegan.

Dentro de esta crisis, el género de la narrativa lleva ventaja, si es que puede llamarse ventaja a ser la modalidad menos preterida. Con el objetivo de conocer interioridades de la narrativa actual cubana a partir de la visión de un literato experimentado, de los que “tienen un nombre”, solicité una entrevista al reconocido intelectual Alberto Guerra, presidente de los narradores afiliados a la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.

La narrativa actual cubana se mueve en varios ejes. Están los escritores establecidos como Antón Arrufat y esa generación; está la generación a la que yo pertenezco, entre los 45 y los 60 años; está antes la promoción de Senel Paz, Leonardo Padura, Arturo Arango, Sacha; están unos más jóvenes, entre 35 y 45; y hay otros menores de los 35 años. O sea, que hay una gama de miradas y todo el mundo está bajo la sacudida de estos tiempos que son de tecnología, de una velocidad distinta. Por lo tanto, todo el mundo incorpora su registro con la fuerza que tiene.

-¿Cuáles cree son sus principales limitaciones?

Uno de los grandes problemas que tenemos son los tecnológicos, o sea, poco acceso a las redes virtuales. Eso nos limita el conocimiento, el acceso al libro digital, por ejemplo, a comprender lo que se está haciendo en otros territorios y a veces entre nosotros mismos. Porque mecanismos normales como la imprenta, el papel, no solucionan nuestros problemas de conocimiento. Otra limitación es la poca cantidad de eventos donde esta gama de escritores pueda reunirse y polemizar.

-Me gustaría hablar de la más joven generación. ¿Leyó “Como raíles de punta”, la antología de la narrativa joven cubana realizada por Caridad Tamayo, investigadora de la Casa de las Américas?

Sí.

-¿Qué piensa de esa selección?

Hay algunos textos interesantes; no todos tienen una calidad… No todos me satisficieron como yo lo esperaba. Pero bueno, es una antología y una antología tiene un alto poder de riesgo. De todas formas, me interesa porque la antología es una carta de presentación grupal.

-Esta clase de libro legitima la creación. Entonces, cómo cree que deja “Como raíles de punta” la imagen de la narrativa joven en el país?

En emergencia. Pasa como mismo pasó en “Los últimos serán los primeros”, a la cual yo tengo el gusto de haber pertenecido. Otros que no aparecieron en esa antología luego resultaron excelentes narradores. Una antología potencia al escritor, pero después todo depende de él. Siempre depende de la persona. Hay quien nunca es antologado y sin embargo tiene una coherencia escritural que lo hace visible.

-En los últimos años ha habido una profusión de escritores jóvenes. ¿Cuánta responsabilidad le concede en esto al Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso”?

Grandísima. No obstante, este es un país de escritores. Si no hubiera existido el Centro, igual hubieran existido los escritores. El Centro lo que les acorta el tiempo de encontrar los libros, les sistematiza la posibilidad de llegar rápido a los autores, les desarrolla el placer de la lectura y el dedicarse a la literatura con un sentido de sacerdocio. El asunto de la técnica es lo peligroso, porque crea vicios. La propia palabra “técnica” es algo que no me gusta emplear. El excesivo abuso de la técnica puede coartar la capacidad imaginativa, puede hacer que todos escriban de la misma manera cuando no hay rebeldía con respecto a ciertos cánones. Yo siento que muchos escritores terminan hablando del punto de vista, los vasos comunicantes y digieren mal esto que hay que dejar a un lado para poner los deseos imaginativos por encima de los deseos técnicos y oficiosos. Al final eso es perjudicial, pero viene con el beneficio. Además está el acto de la petulancia: yo pasé el taller, tú no pasaste el taller. No obstante, yo creo que debemos considerar al Centro como propiciador de cultura.

-El Centro tiene defensores y detractores.

Como todo en la vida. No obstante, durante años yo he tenido por correo electrónico un grupo de creación literaria. Sergio Cevedo tiene uno, Víctor Fowler también, Raúl Aguiar y el Yoss tienen otro de literatura de ciencia ficción y así hay varios grupos.
-Algunos escritores se decantan por la solidez de la historia, otros por la técnica y algunos parecen no decir nada. Para usted, ¿cuál es la base de la buena literatura?
Ni el contenido ni la forma, sino la sustancia. Que se produzca un texto tan sustancioso que cuando cierres la página se te quede el texto en el corazón.

-¿Percibe sustancia en la narrativa actual cubana?

No muchos la tienen, pero eso pasa. En todas las épocas de las mayorías salen dos o tres escritores que son los responsables de su tiempo. En estos tiempos hay falta de sensibilidad. El dinero anda marcando las metas; no como en los años ochenta, cuando la pasión por la cultura era lo que primaba, la pasión por el conocimiento. Y esto no solo está pasando en Cuba, sino en el mundo entero.

-¿Cómo influencia el dinero la producción literaria si en definitiva en Cuba no existe un mercado literario?

La hace inmediata y quizás poco profunda. Se trabaja para los concursos. Cuando trabajas con la urgencia de los concursos te adecuas a las facilidades, a cánones desventajosos para la perdurabilidad de la obra, descuidas la necesidad de cultivarte, y a veces hasta llegas a plagiar. Usas la intertextualidad como una manera fácil de llegar al resultado.

-¿Está hablando de todas las generaciones?

Es una tendencia y hasta me incluyo, porque los cambios nos llegan a todos. Es un desafío que tiene el autor de estos tiempos: tratar de ser profundo en un área de plena superficialidad.

-Habla de la necesidad de profundidad, de tocar el corazón de la gente. Eso requiere ser sincero y algunos temas están vedados.

La censura se puede sortear. Ningún tema está vedado. Ahí es donde se crecen los artistas.

-¿Acaso tenemos jurados y editoriales dispuestos a asumir una osadía literaria?

Las osadías literarias escasean. Yo lo que sí digo es que la literatura no debe resolver lo que corresponde a la política. El escritor debe construir espacios, cosmos, que incluyan el humor, la belleza, la desesperanza, la frustración, la lucha por la felicidad, pero desde todos los campos, sin que parezca panfleto. Entonces haces arte, literatura. Si sabes incluir ese panfleto y funciona, y parece carne, natural, que fluye, entonces estás ganando. Pero si despierta demasiada respuesta en el político, cuídate, cuídate de eso, porque no es el asunto de la literatura; estás en otro terreno. Y el escritor puede estar en cualquier terreno, pero por encima de todo debe tratar de hacer arte, un arte que salte por encima del político, del médico, del maestro, pero que le llegue a cada uno al corazón.

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