mirar a un tiempo la tradición y la contemporaneidad de tu lengua, y de la literatura toda | entrevista a caridad atencio
¿Cuáles consideras que son, en esencia, los rasgos distintivos, formal y temáticamente, de tus poemas escritos dentro del periodo 1980-2000? Libros...

¿Cuáles consideras que son, en esencia, los rasgos distintivos, formal y temáticamente, de tus poemas escritos dentro del periodo 1980-2000? Libros como Los poemas desnudos, Los viles aislamientos, Umbrías, Los cursos imantados…
¿Tenías unos objetivos poéticos distintos a los que llegaron después, o ya dentro de esa etapa hubo cambios sustanciales?
La problematización del lenguaje, el deseo de reflexionar sobre el acto/hecho de la escritura fue una preocupación esencial que posteriormente nos definió como grupo generacional. Inclinaciones filosóficas y ontológicas, y el mundo que me rodea como mujer. Es importante aclarar que no creo estar haciendo una poesía feminista, pero sí es femenina. El mundo que nos rodea y el empeño que debemos poner para realizarnos en todos los sentidos. Dice Marina Tsvietáieva que la maternidad es viril, parafraseándola diría que el mundo femenino también es viril.
Estudiaste filología en La Habana en los años ochenta. ¿Recuerdas algunos de los libros de poesía de tu programa de estudios? ¿Alguna ausencia digna de destacar? ¿Cómo te fuiste distanciando de las lecturas heredadas para ahondar en otras que conectaran más con tu gusto/formación como escritora?
En la universidad todo se impartía muy rápido, y muchas veces a manera de panorama o información. No nos deteníamos en el estudio específico de un poemario. Recuerdo que había algún profesor que decía que la carrera era como un proceso dilatado de orientación de lecturas que comenzaría a materializarse una vez graduados. Sí estudiábamos a autores, es decir poetas. Recuerdo haber sentido suficiente expectación por que llegara el momento de estudiar la poesía de José Lezama Lima. Nos parecía difícil, por no decir intransitable, dada nuestra inmadurez. Cuando llegó el momento la profesora no nos pudo satisfacer ni un ápice. Y eso fue motivo de polémica. Viene a mi memoria también un día del estudiante (17 de noviembre) en que a nombre de la Facultad otra profesora nos regaló la Poesía Completa de Lezama. Ese hecho fue muy importante para mí. Recuerdo que a algunos les tocó una novela de Alejo Carpentier y a otros el libro de Lezama. Me congratulé de recibir este último de manos de esta profesora, muy interesada en sus alumnos, pero para la que, luego de graduada, fui una especie de sombra profesional o la alumna al cien por ciento liberada de sus enseñanzas. Tener el libro era como una sospecha de futuras batallas, que en realidad vinieron. Una vez graduada siguió la inquietud por la escritura, ahora menos disfrazada que antes, cuando los planes de estudio permitían pocas libertades. Me acerqué a jóvenes que tenían las mismas inquietudes y tratamos de mirar un poco más allá. Leer y estudiar toda poesía que estuviera bien escrita, no importa de dónde viniera.
En cuanto a cómo percibimos la generación nuestra que emergía, y qué preguntas o ideas de la poesía impulsamos, puedo decir que nos libramos un poco de aquella preceptiva que reza que un poeta debe conocer al dedillo en primer lugar o únicamente la literatura de su lengua materna, la de los autores españoles que tanta prosapia han derramado a lo largo de los siglos. Nos interesaba toda literatura, toda poesía que estuviera bien escrita. Pertenezco a un grupo generacional que comenzó a publicar en la década de los 90, cuando se recrudeció la falta de papel, y que debido a esta eventualidad pudo madurar, pulir más lo que ya tenía escrito y quería publicar. Es decir, hubo una decantación. Involuntaria o por fuerza del azar, pero la hubo. Fueron años de intensas lecturas donde nos unimos todos y nos convertimos en una especie de agenciadores de libros para un grupo. Lecturas tensas en la Biblioteca Nacional. Recuerdo que algunas veces copiábamos libros de poemas y los mecanografiábamos, haciendo curiosas ediciones que circulábamos entre los amigos escritores del grupo. Teníamos un deseo profundo, hacernos de una biblioteca prodigiosa, pues, como dijo Karl Marx, tus libros son tus guerreros, y como tal hay que acudir a alguno de ellos en cualquier momento. Es decir, que miramos a un tiempo la tradición y la contemporaneidad de tu país y de tu lengua, y la tradición y contemporaneidad de la literatura toda. Esto nos permitió distinguirnos más claramente de la generación anterior. Fue innegable, como ha dicho el crítico Enrique Saínz, el diálogo con la poesía de todas las latitudes coetáneas o anteriores y con ideas de la Postmodernidad que entre los poetas cubanos tuvo una curiosa asimilación sin tener que ver nada con aquello del fin de la historia, sino con una profunda indagación sobre el acto/hecho de la escritura, sus causas y consecuencias. Reaccionamos contra la grafomanía, contra la palabrería y un tanto contra el conversacionalismo. Nos caracterizó un anhelo de búsqueda aún más arduo, acaso tensar por igual inteligencia y sensibilidad, todo inflamado por un cambio brusco en la realidad social: la caída del campo socialista, serias restricciones económicas. Dimos rienda suelta a la exploración del lenguaje, y establecimos cierta «consonancia entre la fractura y la coherencia de un pensamiento en perpetua interpretación de su propia realidad y dimensión». Es muy ilustrativo recordar aquí el enjuiciamiento de Enrique Saínz cuando abordaba las rupturas radicales dentro de la generación: «Estos autores se propusieron, ciertamente, romper con la cosmovisión de aquellos maestros, negación que implica una relectura de nuestra historia y del paisaje, de la gran tradición que delimitó y conformó las respectivas poéticas de aquellos y, en no menor medida, de sus diálogos con la cotidianidad y con el porvenir».
Recuerdo tres libros que marcaron definitivamente mi acercamiento y devoción hacia la poesía, la lectura de ellos. Y fueron: Los pequeños poemas en prosa de Charles Baudelaire, que me pareció más impactante que Las flores del mal, tan pregonado en mi experiencia universitaria; El Gaspar de la Noche de Aloysius Bertrand y Aurelia de Gerard de Nerval. Quizá de aquel éxtasis provenga mi devoción por el poema en prosa.
Aprovecho el conocimiento que tienes de la obra de José Martí para preguntarte si consideras que puede establecerse alguna relación entre su obra y/o sus ideas y la poesía escrita por los «hijos de la revolución» (o con ustedes mismos —los posicionamientos y actitudes de ustedes—) en el período 1980-2000.
Existe. Más en unos que en otros, pero existe. Una prueba es la poesía de Ángel Escobar, que tiene muchos arranques de Versos libres, tamizados por alientos borgianos. Silvio y Pablo Milanés lo han reconocido públicamente. Sobre todo Silvio Rodríguez le debe en su manera de metaforizar, de emplear la dicotomía sombra-luz. José Martí dijo en un poema «Sólo el amor engendra la maravilla» y Silvio en una canción «Sólo el amor engendra melodías». En el hecho de ser originales, de no parecernos a otros lo hemos sin duda y para bien imitado. Muchos releen a Martí en secreto, no lo confiesan en público, porque es también una figura política y absurdamente se acomplejan.
Víctor Fowler Calzada señala que a diferencia de autoras como Reina María Rodríguez o Marilyn Bobes, «en las que “lo femenino” se muestra en el contenido expreso de su decir», en tu caso «lo hallamos rastreando en lo no dicho, inmerso en las junturas de lo dicho». Y vincula ese discurso de género de «complejidad tropológica» que hay en tu obra con una praxis posmoderna, «poesía como experiencia de la escritura» que ya enunció Rolando Sánchez Mejías en su Mapa imaginario como una de las variantes de la lírica de finales del siglo xx. ¿Hay un trabajo consciente en tu poesía de esa combinación género-posmodernidad (ideológica/formal)?
Creo que lo que ha escrito Leyla Leyva en Granma sobre La sucesión, contesta en parte esta pregunta: «Los seguidores de la poesía de Caridad Atencio, más centrada en la exploración del lenguaje y menos evocativa, se llevarán una sorpresa con La sucesión […] que anuncia, ya en sus páginas iniciales, una vocación de género como no era evidente, o por lo menos de manera explícita, en sus anteriores libros […] La poesía de La sucesión, enraizada en esa peculiar capacidad de la autora para expresarse desde la pesquisa e interpretación de la escritura, aparece aquí en un contexto objetivo, tanto como la vida de alguien con una existencia familiar, con sus criaturas, dudas y memorias concretas. “Todo hombre tiene una novela dentro”, escribe la Atencio a modo de preámbulo de este volumen […] La sucesión, no solo va a los “sitios extraños” y personales que son parte del mundo afectivo de la Atencio mujer, sino que se instala allí, provocativa, para organizar un diálogo privado, factible, sin regalar al coloquialismo y sin renunciar a la plática fecunda con la palabra».
Yo llego a lo femenino como una esencia y eso supone disímiles caminos de enfoque, acercamiento, distancia. Dejo que la poesía me sorprenda y no la sorprendo yo. Sin abandonar en algunos casos la complejidad tropológica trato de acercarme a la vida. Como dice Martí, el objetivo supremo de la literatura es acercarse a la vida.
Jorge Cabezas Miranda
Caridad Atencio. 1963, La Habana, Cuba.
Poeta, ensayista e investigadora. Posee diversas publicaciones como los poemarios Los poemas desnudos del año 1995, el libro de ensayo Recepción de Versos sencillos: poesía del metatexto en el año 2000. Integra el Consejo Científico del Centro de Estudios Martianos.
Ver poemas y biografía de Caridad Atencio en Palabradelmundo[/palabralink]
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