navarro luna, poeta de su tiempo y de su pueblo
Por: Rolando López del Amo.

Fuente: CUBARTE
El pasado viernes se cumplieron ciento veinte años del natalicio del poeta Manuel Navarro Luna. Con motivo de la ocasión la Asociación de Escritores organizó un encuentro en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC para presentar un libro de la Colección Sur, que dirige el poeta Alex Pausides, con el título de Obra poética, que recoge, en medio millar de páginas, la poesía de Navarro Luna. La presentación del libro estuvo a cargo de su editor quien, en la actualidad, preside la Asociación de Escritores de nuestro país.
Tras la presentación, el investigador y profesor Juan Nicolás Padrón, leyó un documentado trabajo sobre la obra poética de Navarro Luna con una mirada que destaca aspectos de la misma hasta ahora inadvertidos. Seguramente los lectores de Cubarte tendrán la posibilidad de encontrar en este sitio el muy útil escrito de Padrón quien, por cierto, prepara un curso con frecuencia semanal sobre la poesía cubana que se impartirá en el Centro Dulce María Loynaz a partir del cinco de septiembre.
Los que adquieran el libro presentado el pasado viernes toparán, en primera instancia, con unas palabras de Roberto Fernández Retamar sobre Navarro Luna tituladas “Rebelión de la poesía”. Esas palabras fueron pronunciadas el 1ro de julio de 1972 al final de una jornada de homenaje a Navarro Luna en ocasión del traslado de sus restos a Manzanillo, la ciudad en la que Navarro residió y produjo su obra la mayor parte de su vida.
Retamar califica a Navarro como un poeta enorme, en el sentido de romper normas. Recuerda el delicado intimismo inicial de su libro, Refugio (1927), y luego, un “violento cambio de forma” en el siguiente libro: Surco (1929). El poema que da título al primer libro, “Refugio”, es un poema de amor que comienza diciendo “En torno de mi puerta/ oigo las mismas voces de otro tiempo”, para cerrar “Que se alejen las voces que me llaman/ cuando tu voz, con apacible acento/ exclame desde el íntimo refugio/ “él no puede salir, está durmiendo”.
Pasando a Surco, encontraremos un poema titulado “El Apóstol”, dedicado a Jorge Mañach, autor de Martí, el apóstol, que reproduzco a continuación:
Apareció en la nube
con un ramo
de antorchas.
La obscura marejada
se encrespaba y rompía
su cólera
en las piedras.
¡Bajad…! ¡Bajad…! Clamaban
Y sus brazos
eran espadas
y banderas.
Él se arrojó al tumulto
iluminándolo
¡Y aquellos hombres
para robarle las antorchas
lo despedazaron!
¡Aún la lengua del tiempo está lamiendo
su sangre…!
Una dolorosa visión que reflejaba la crisis de aquellos años. Aunque hay una ruptura formal con la poesía anterior y se busca un verso más libre, se conserva un ritmo de combinaciones métricas y pausas que mantienen la eufonía de lo que se dice.
Acierta Retamar al calificar a Navarro como apasionado. Esa pasión caracteriza no solo su poesía, sino al hombre. Su pasión por la justicia lo hizo un militante comunista que arrostró todos los peligros que esa condición imponía en aquellos años de lucha desigual. Camino distinto al de Mañach, perdido en el acomodo derechista de los poderosos de aquel tiempo.
Retamar afirma que en Surco hay una rebelión de formas y de esencias. Después se refiere a un libro posterior, Pulso y Onda (1932) al que califica de“musculoso, extraño, ambicioso”. Ese libro fue prologado por Juan Marinello. El primer poema, “Canción
de la noche abrasada”, es una evocación vanguardista de Edgar Allan Poe. El avance de Navarro Luna hacia las posiciones de vanguardia ocurre tanto en el terreno literario como en el político. Así publicará La tierra herida (1936), que denuncia la situación del campesino en versos como este: “El bohío…/ Clava sus desamparos en las ramas yertas del hambre”.
En 1943 publicará Navarro sus Poemas mambises, de elevado sentimiento patriótico, donde se incluyen sus textos “El General Antonio” y “El Apóstol”, dedicados a Maceo y a Martí respectivamente.
Seis años después publicará Décimas, demostración de que el poeta es capaz de manejar los registros más disímiles. En una de ellas, hablándole a su hijo le advierte:
“No tires tu tiempo al río/ ni lo tires a la mar”. Son consejos, le dice al hijo, “para que deje tu vida/ sobre la vida, tu huella”. Y en ese mismo 1949 aparecen Así es y Tres cantos a la vida, seguidos en 1950 por Los poemas del padre;y en 1951, la elegía Doña Martina, dedicada a su madre, para la que utilizó la muy cubana, por adopción, asimilación y permanencia, décima. Esta elegía recibió comentarios muy favorables de escritores tan diversos como Pablo Neruda, Emilio Ballagas, José María Chacón y Calvo y Juan Marinello e investigadores y críticos más jóvenes como Virgilio López Lemus.
El 28 de enero de 1953, año del centenario del natalicio de José Martí, Navarro Luna le dedicó un poema titulado “Padre nuestro”. Así se refiere Navarro a la situación de Cuba entonces, a menos de un año del golpe de estado batistiano del 10 de marzo de 1952:
…La patria nuestra
traicionada, agoniza en el madero;
pero sabe que tú no la has abandonado
y que tu propia voz y tu propio denuedo
están en la batalla final, mientras tus sienes
delirantes alumbran el redentor sendero.
¡Padre
Padre nuestro!
Es un poema lleno de fuerza y esperanza.
De 1955 son las Serenatas, delicados poemas con temas más íntimos y trabajados con formas tradicionales de la lírica castellana y cargados de ternura.
En 1959, año del triunfo de la revolución cubana el primero de enero, aparecen Los poemas mambises, continuadores de aquellos anteriores, que le cantarán a Mariana Grajales y a José Maceo, a Ignacio Agramonte, pero también a temas de los mambises del siglo XX, a Santiago de Cuba, a la gesta de la Sierra Maestra, a Fidel. Son poemas de aliento épico.
Odas mambisas verá la luz en 1961 y recogerá poemas escritos en los años treinta, como el que dedica a Rubén Martínez Villena al visitarlo en su lecho de muerte, o el que dedica a Pablo de la Torriente Brau, Comisario Político de las fuerzas de la República durante la guerra civil en España. Otros poemas son ya posteriores al triunfo revolucionario, como el que dedica a Camilo Cienfuegos, o a la expedición del Granma; y otros poemas que fueron como himnos de nuestras milicias en los primeros tiempos de lucha contra bandidos y la invasión mercenaria derrotada en Playa Girón. Esos poemas tienen los títulos de nuestras consignas de entonces: Patria o Muerte y Venceremos. El primero incluye una suerte de estribillo que dice: “Echada está la suerte/ Patria o Muerte”.Habrá que añadir después lasOdas milicianas, con temas de la gesta de esos tempranos años sesenta.
Realmente hay que agradecer a Alex Pausides que nos regrese a Manuel Navarro Luna, uno de los grandes poetas cubanos del siglo XX con una obra inolvidable, abarcadora, que transita, siempre al unísono, entre el lirismo y la épica del más levantado espíritu humano.
Personalidades de diferentes generaciones valoraron la obra de Navarro Luna. El poeta Bonifacio Byrne, citado por el Comandante Camilo Cienfuegos en histórico y emotivo discurso en momentos cruciales de la revolución, saluda la entrada al mundo de la poesía del joven Navarro Luna y lo califica ya como “un poeta de los buenos” por sus alientos y elquid divinum sin el que es imposible ser un poeta. Otra opinión temprana es la del gran Agustín Acosta, el poeta que puso en versos admirables el fenómeno del dominio yanqui en nuestra industria azucarera. Acosta le asegura que, en breve tiempo, será un gran poeta.
Comentando Surco, Raúl Roa García escribe que hay que situar a Navarro en la cumbre de nuestra poesía de vanguardia. León Felipe lo considera “un gran y hondo poeta”. Rafael Alberti lo califica como “uno de los más auténticos valores de esa tierra de los grandes hombres que es Cuba”. Juan Ramón Jiménez expresa: “Gran poesía la suya, donde la increíble riqueza de imágenes corre pareja con una musicalidad augusta y resonante”. El profesor Juan Chabás consideraba a Navarro, en 1945, “uno de los más fuertes y mejores poetas de la América de hoy”. Y Cintio Vitier resumía así su valoración sobre Navarro Luna: “Cuba está íntegra en su palabra y su gesto de gran poeta”.
Manuel Navarro Luna es, sin dudas, uno de los imprescindibles de la poesía cubana.
En tiempos como los presentes, donde se mezclan y revuelven las aguas más puras y los inevitables residuos de la vía que a su paso se abre, obras como la de Manuel Navarro Luna son una compañía deseada para compartir sentimientos nobles y despertar el alma dormida.
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