poesía hondureña en resistencia

Mensaje desde Honduras: Con la poesía también construimos socialismo.

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Mensaje desde Honduras: Con la poesía también construimos socialismo.

por: Samuel Trigueros
Tegucigolpe, 18 de abril de 2011

Hace casi un año, mientras leía algunos poemas en la Casa del Alba Cultural, en el marco del XV Festival Internacional de Poesía de La Habana, las noticias que llegaban a la isla desde Honduras informaban del asesinato de más compañeros resistentes, caídos en la lucha contra los oscuros tentáculos del imperio salvaje. Recuerdo que en ese instante pedí un minuto de silencio para mis compañeros asesinados y leí el poema “Antes de la explosión” -del libro homónimo-, uno de cuyos versos dice: “He llevado a la colina una corona/ hecha con el perfume con que la belleza hiere, / mortal, / la iniquidad; / y he pregonado/ que muerta la injusticia/ se acaba la necesidad”.

Hoy, el estado de indefensión se mantiene en esta Honduras golpeada, pero también permanece la voluntad, el pensamiento y la acción de un pueblo que lucha por su liberación. En ese contexto, la poesía ocupa un lugar importante que otorga sentido simbólico, humanismo y profundidad sensible a la insurrección constante que acontece en las calles, en los barrios, en las universidades, en el campo, en todos los espacios donde libramos esta lucha. Con la poesía también construimos conciencia revolucionaria y unidad de lucha.

Los poetas hondureños que nos oponemos a la oligarquía criolla y al vasallaje del sistema capitalista de EEUU, hacemos poesía con palabras; pero no son sólo palabras lo que ponemos en juego en la lucha popular, sino la vida misma de hombres y mujeres que sostenemos la poesía con la coherencia de que cada poema, cada verso, cada palabra, cada signo, debe ser refrendado con la acción concreta. Nunca como ahora se ha demostrado en Honduras que la poesía no es un acto de onanismo intelectual, sino nuestra máquina de guerra. Porque estamos en guerra, compañeros; estamos en una guerra de siglos que Cuba sostiene y gana desde hace mucho tiempo contra el oscurantismo y voracidad del imperio y de la miseria humana y que ahora nos toca librar también a nosotros de manera frontal.

Hace cincuenta años, en Bahía Cochinos el imperio recibió su primera derrota latinoamericana; y las arenas de Playa Girón parecen extenderse en el tiempo y el espacio hasta ser el mismo territorio donde poetas hondureños, junto a un pueblo valiente, cansado de soportar la humillación, la expoliación y las cadenas esclavistas, lucha por su liberación. De repente, “Hay quien se despide en la arena”, pero nosotros permanecemos en ella defendiendo la libertad, la justicia, el derecho a soñar y construir una patria socialista.

Esta pequeña memoria de lucha es sólo una manera de saludarles, compañeros de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, compañeros de la Tertulia “El Hurón Azul”, compañeros del Festival Internacional de Poesía de La Habana, compañeros de la revolución cubana; es una manera de celebrar nuestras luchas y victorias, una manera de agradecerles por la lectura de nuestra poesía y también por su poesía viva, “ese misterio que nos acompaña”.

¡Viva la Revolución cubana!
¡Viva la construcción de la patria socialista!
¡Vivan los hombres que pueblan el Playa Girón!
¡Viva la resistencia hondureña!
¡Viva la Poesía y los poetas de la Revolución!
¡Hasta la victoria siempre!

Dossier:

CONSIGNA DE LOS VIENTOS

Poesía hondureña en resistencia ante el golpe de Estado

(Periódico de Poesía) de la UNAM; México. Dirige: Fabricio Estrada

**Samuel Trigueros
**(Tegucigalpa, 1967)

Oh Fortuna, emperatriz del mundo
A los mártires de la Resistencia

_

Sí, sin duda somos los más dichosos
-los afortunados.

_

Reinaldo Arenas
Nosotros todavía usamos gafas en los días soleados
para soportar el resplandor
de la vida
Nosotros todavía
maldecimos bajito en nuestro pequeño auto de tercera o cuarta
durante el congestionamiento de las siete de la mañana
o entre dientes en el micro (por aquello
de no ofender los amanecidos restos rancios
del dios que todavía cargamos en el alma)
Nosotros todavía buscamos un trabajo
entre los escombros del día o de la noche
para llevar la maravilla del pan a nuestros hijos
Nosotros aún somos capaces de correr
–sentir la sangre a borbotones, sudar como caballos solares,
jadear como una reluciente máquina, sentir el rojo corazón –
cuando nos siguen los soldados
y luego, en el refugio, reír, asegurar que ya
nos hacía falta un poco
de lacrimógena vencida del Perú
Nosotros todavía buscamos los paraguas cuando
la tetona de CNN anuncia la vaguada
Nosotros todavía soñamos elevar cometas
en el aire de octubre cuando todo haya pasado
Nosotros todavía
planificamos llevar nuestra bandera, el bote con vinagre,
pañoleta, gorra con estrella y ardientes consignas en el pecho
el día de la marcha
Nosotros aún
leemos, escribimos, hacemos la pancarta,
conspiramos,
queremos ver la era del poder en nuestras manos
Nosotros –se los digo, hermanos,
hermanas, compañeros-
somos los afortunados

Los demás se han ido sin dejarnos,
duermen
(desorganizados,
desmovilizados
por la muerte y su peso reprimidos)
bajo siete cuartas
en la eternidad del polvo y las estrellas
deseando
silenciosamente deseando
estar a nuestro lado
en la rugiente luz
de la vida y la batalla.

Fragmento VII

TE HABLO DESDE LA SOBERANÍA DE UN GRITO que antes fue una cadenita de suspiros, un rosario de gemidos inútiles apenas válidos para quitar del pecho un poco de presión insana. Te hablo así, desde el derecho cósmico que me otorga el segundo de mi existencia sobre la Tierra yerma. Escúchame. Acaso no sea tan profundo el abismo que han levantado entre nosotros; tal vez haya un mal cálculo en la suma de distancias desde los puertos de tus mercaderes y los arrecifes de mi sueño. Han lanzado sondas, sputniks y voyagers, cohetes con letras cirílicas para investigar si es posible todavía unir la órbita mecánica de tu corazón con la olorosa almendra que llevo en el costado. El eco de la soledad vibra bajo los discursos de los que anuncian un nuevo orden construido sobre los viejos cimientos carcomidos. No los escuches. El eco de la soledad es un señor cetrino que cruza un hall interminable con dos cubos de hielo en la bandeja plateada de la tarde. Por eso insisto en que me escuches, que salgas de tu cáscara insonora y me escuches. Vuelve tus ojos hacia las estrellas moribundas de mi barrio, desde donde surge mi voz, y enternécete por un segundo. Sólo entonces se encenderá el geranio que hace un siglo coloqué en tu mano; y la muerte, incinerados sus pezones, se irá en silencio a amamantar su olvido.


Luis Méndez(Honduras, 1969)

Estación cero

En la estación cero
atragantado de tanta noche
Nadie se niega el mirar del sol.
Compañero Manuel
Nadie se sienta a la mesa,
amanece y no es primavera.

Llueve salitre
en la desnuda piel
desde un 28 de junio.
amortajados días
de incienso disperso
extraños amaneceres.

Noches son los días
donde la muerte arrecia
por campos y ciudades.

En las calles

un verso distendido

llora a sus muertos.
Mientras,
nuncios premonitorios
en las fauces contaminadas
de un Cardenal Rodríguez
anuncian la barbarie.

Mares embravecidos
arrecian contra puertos
donde murallas en rojo
levantan cantos incólumes
de la victoria.

Compa Manuel,

Hermano,
desde aquí
hasta allá
te decimos que
en la batalla nadie se rinde,
que somos patria
al frente
con el frente
Venceremos.

Oscar Deigonet López(San Pedro, 1964; vive en Villanueva)

La marcha de los caídos
De madrugada
surgen niños de sueños azules.
Sus manos al cielo,
quieren alcanzar
la justicia de los duendes.
Sus rostros, la máscara del
reclamo.
Sus cuerpos olor a campesino
olor a maestro, olor a la patria.
Sus voces,
truenos de la exigencia
en plena calle de la vida
pájaros que cantan
en todas partes,
lloran en todas partes.
Con sus gargantas de oro
cuentan los gritos
y cuentan sus muertos

Diana Vallejo

Yo MaS a Yo MaS a

Y ando esas calles con la nube de cansancio en la boca
con los tropiezos en esas lunas profundas
repletas de hijos, dolores, protestas,
hoy más insondables…

Al paso
veo esas espinas de ramas fusil
poniendo rosas rojas al cuerpo vivo y total…

Así la piel de la ciudad se carboniza
en ese azar tóxico de farsas…
no hay más rozo cocodrilos, el pantano se secó…!

Y yo masa anónima,
deterioro mis suelas, mi peso, mi vida
para quitarme la paciencia y dejarlos atrás…

Te cuelgo mis mendrugos de oro
Mis abrigos de cartón periódico
Te dejo a los pies los sollozos funerarios
Los besos no depositados por falta de familia…

Les dejo mi cáscara aterida de invierno
Y empapada de lodo en ese edredón caliente
que abrigará tu no alma…

Y a tus hijos e hijas les devuelvo los juguetes de chapas
Las barbies sin ojos y esos amigos de patadas y puños
del fondo del vertedero.

Ya no quiero deambular
ni ser mercancía de tus hoteles
y boquitas de caviar…déjame en paz…

Y yo masa de país…
de mujeres, de viejos, de hijos y de ustedes malparidos
que soy completa e inconclusa
Te prohíbo la muerte
La idiota política
Y el desdén de tus ínfulas rateras.

Te dejo en ese techo frágil todos mis complejos
pero ya no quiero
tropezar con mi niña miserable y arropada de colitas y sin pan
o con mi niño saltando del asco a la cárcel
olvidando sus juegos y la risa.

Y arriba en mis yemas
Me voy colocando uno a uno
Los trofeos de tus dientes, que ya no me mastican.

Sacudo a mi alegría
de ese filo que adquirió tu culpa
del odio que abanderan sus nombres, sus entrañas vaciadas
esos desprecios frívolos
de sus no memorias…

Pero aquí estoy yo masa
Yo gente de las avenidas
Yo covacha y palo de limón
Yo en las calles
Yo en el fondo de las botellas
Yo en la escuela
Yo en la consciencia
Yo labriego
Yo la chusma curtida de labores
Yo la madre fuerte
Yo la tortilla caliente
Yo el enajenado
Yo masa pasión
Yo corazón común
Yo vida
Te leo la Historia que despega de esos carteles
y me cercioro de las planas
de encontrar que allí regando el campo y el polvo
corren los ríos de mi sangre
bajo el tiro de tus desalmadas gracias

Y reescribo los muertos con el no olvido
Con la caja de luces
Para espantarte sátrapa de mi casa.

Soy todos los nombres los apodos, los sin nacer
total de voluntad, de rebeldía
la voz interrumpida
pero no callada…

y les puedo asegurar
hoy se van…

**Mayra Oyuela
**(Tegucigalpa, 1982)

**Nos compromete el grito
**
Buenos días sindicatos, buenos días socialistas,
buenos días trotskistas y seguidores de Gramsci.
Buenos días populistas y proletariado.
Buenos días campesinos, buenos días campesinas,
buenos días científicos, intelectuales,
lideres, zapateros, ebanistas, y poetas.
Buenos días amas de casa, anarquistas,
historiadores, niños, niñas,
buenos días marxistas, emos y punks.
Buenos días dramaturgos, actores, músicos, y orejas.
Buenos días docentes, buenos días artistas
buenos días estudiantes, feministas, taxistas
escultores, camareros e incrédulos.
Bienvenidas ratas, bienvenido sol,
bienvenida piedra, zanates, seudo derechos humanos
garrotes e infiltrados:
Estamos todos reunidos aquí
porque en casa presidencial
hoy amaneció gobernando una cucaracha.
Camaradas puristas del lenguaje,
no pediré disculpas por el panfleto
porque desde los estercoleros de New York
se promueve la sangre,
residimos en el lugar que habita el hombre,
convivimos en el lugar donde lapidan al hombre
y no queremos más hijos para llorar,
nos compromete el grito,
nos compromete la luz que se dispara
desde los fusiles de nuestras gargantas
desde la gallardía de sabernos todos hijos de la carne,
dioses de carne.
Pedimos pan y nos dan hambre,
pedimos respeto y nos proveen soborno.
No doblaremos las rodillas,
no es tiempo de orar,
no esperaremos que crucifiquen nuestra opinión
para que resuciten nuevas democracias,
en nuestras manos la esperanza de levantar la vida
y honrar la sangre de los que hundieron
el anhelo como anzuelo a la tierra,
aferrados al consuelo de devolvernos la esperanza.
Los que custodiamos los sueños en las noches baldías
no instigaremos en el llanto de las madres que hacen patria
con los nombres de sus hijos muertos.
¿Quién amará al hombre con su destello verduzco de azufre?
humanoides mercenarios de humanos,
líderes de un sol que no sabe alumbrar,
melodías tristes son las marchas tras sus pasos
con la furia incesante en cada pie,
con la madrugada reciclada en los ojos
y un ataúd de paisajes por derribar.

¿Quién habitará a este hombre?
Selva de carne atravesada por la desgracia de lo insuficiente
licántropo de ciudades hundidas bajo sus huellas
ave fénix que la muerte vencerá
ante la desgracia de llevar a cuestas un precio.

¿Quién pereció en este hombre?
¿La bondad, la esperanza en lo verdadero?
Avanza con armas el humanoide, animal de vértigos
criatura extraña y rebelde,
domesticada por el lujo, por la avaricia,
por el poder y el descaro.

Rigoberto Paredes

(Honduras, 1948)

Frente en 3D

I

Las aulas al aire libre, sin puertas ni ventanas.
Las pizarras de ladrillo y cemento,
pintadas unas, con buen o mal gusto,
y otras sin pintar, bien o mal repelladas.
La luz es del solazo de mediodía,
y la oscurana, de la medianoche:
todo el mundo ojo-al-Cristo,
juntos y revueltos
como profesores, como alumnos
enseñando-aprendiendo por igual
las primeras letras
en los cursos intensivos de la Resistencia,
esta gran campaña nacional de alfabetización.

II

Quien tenga oídos, que oiga, ¡escuche!:
porque estas primeras letras
también entran con música.
Karla y los Pavel, Polache y el de Mezapa
se tercian sus guitarras,
afinan sus gargantas
y, mano en la clavija, apuntan
y el mejor tono da certeramente así:
la nota en do de pechos consonantes
y en re de sostenida Resistencia.
La segunda descarga
sale de la báquica flauta de Mariano
y del violín de Sergio.
Y esos allá, detrás de su armadura militar,
esos allá con su música de balas,
y nosotros aquí, cantando
nos tienen miedo porque no tenemos miedo

III

Ah, y las mujeres, todas, todas
avanzando a carterazo limpio
entre fusiles y toletes,
gritando a voz en cuello
sus canciones de cuna a la Resistencia.
Unas, con sus hijos de pan en mano,
otras, olorosas a limpio o a nido de amor,
y aquellas, las muy entradas en años,
las abuelas, nietas legítimas
de doña Josefa y la profe Visitación.
Ah, las mujeres, ellas
las de antes y después del veintiocho.

Letra para un himno
De algo que bien pudiera llegar a ser un país;
de un país que no puede ser, todavía,
estoy hablando.

Falta mucho, todo
lo que un país quiere tener:
un nombre, un nombre propio de país;
tierras, mares y cielos del país;
muertos, vivos por un país;
belleza, poetas y animalitos
a salvo en su país.

Un país que no duela sin querer.
Un país que no duela.
Otro país.

Un país que no puede ser, todavía,
es mi país.

**
**(Honduras, 1974)

Presentación

_
A Suyapa, quien inspiró este poema_
Soy este cuerpo dibujado a golpes
Que camina día tras día bajo el sol,
bajo este cielo incierto de máquinas aladas,
en medio de ráfagas de humo y
el sonido de fusiles
Soy infinidad de rostros:
el de un chico asesinado,
el de la abuela que camina
el de la gente lenca armada de una paciencia infinita
El de la pintora de mantas,
El de la chica de las muletas
Que se enfrentan de a pedazos o en conjunto
A las murallas verde olivo cargadas de violencia

Puedo decir que de mi cuerpo salen muchos olores
El de la montuca fresca
El de la tortilla y los frijoles
El de manos sudadas y cuerpos cansados,
pero también
el olor de sangre derramada
el de gas y pólvora
el olor a muerte y a miedo.

Mi garganta
está poblada de voces:
Estoy en las discusiones acaloradas de las asambleas
en el grito de la maestra
En el relato de la joven violada,
En la protesta de los golpeados, de las torturadas
En la voz que canta en las calles

Soy miles de sombreros y
cientos de palabras,
soy abrazos, lágrimas,
ternura, carcajadas.
Estoy llena de
sonrisas que iluminan el día
colores que vienen de todas partes
tengo alegría, ganas de bailar,
tengo esperanza.

Porque sin mí las calles
Se quedarían solas,
Porque sin mí las paredes no dirían nada
Porque soy tus manos, tus pies cansados,
Tu voz.
Yo soy la resistencia

**Waldina Mejía
**(Honduras, 1963)

En honra de Isis Obed Murillo Mencía, de 19 años, asesinado el 5 de julio
de 2009 por militares que dispararon a los manifestantes contra el golpe
militar-diputadil en Honduras concretado el 29 de junio y la restitución
del Presidente electo. Su padre declaró: “…nos duele su muerte, pero me siento
orgulloso que no muere por delincuente, ni por borracho,
sino por las causas que nos han reprimido”.

En honra de Tóger Iván Bados, Ramón Garcíam Noriga Fino, Wendy y tantos
compañeras y compañeros asesinados por estar en esta lucha.
Seguimos resistiendo también en su nombre.

NO hay modo
no hay ninguna manera de expresar
el dolor más cortante
la furia más eterna,
NO hay modo, no hay razones
sólo este llanto negro que nos hierve en el pecho
que se agolpa gritando con doscientas mil voces
por este hijo nuestro
asesinado.
Un hijo que nos costó crecer
con los ojos abiertos, muy abiertos
hacia la humanidad,
que no llegaba a veinte años
pero que acumulaba
siglos y siglos de aleteantes
esperanzas y sueños
por justicia y equidad y una vida digna
a todas las personas, aún la más débil y sencilla.
Un hijo con el pecho luminoso
como aquél, como ella
como tantos y miles
en contra de otro golpe militar
para que no sigan remachando
la horrorosa barbarie de la fuerza del bruto
en nuestros pobres pueblos expoliados.

Un hijo que no murió como un borracho, un ladrón y menos

un corrupto
sino como un valiente luchador del pueblo.

Un hijo y una bala y un francotirador.
En las filas abiertas y sin armas
de doscientos mil manifestantes
que huían por las ráfagas de balas explosivas
el francotirador de las filas cerradas de soldados
encontró un blanco fácil en el medio
apuntó sin dudar

al hijo nuestro

y le cerró los ojos llenos de humanidad
y le abrió la cabeza
y escaparon aleteando con fuerza
sus inmortales sueños
y el dolor y la furia como abono
para sembrarse aún más entre los pechos
de la multitud que aquí quedamos.
Cayó su cuerpo entre su sangre y sesos
¡Asesinos, asesinos, asesinos!
gritamos impotentes y furiosos
levantando los puños y los pechos.

Un muerto es demasiado
y ya son muchos, Honduras, tus muertos
para salvarte de tus secuestradores
que te esquilman y hacen morir de hambre
a la gran mayoría de tu pueblo,
golpistas del Estado cada vez que no les cuadra
su democracia de vitrina.
¡Asesinos, asesinos, asesinos!

Y NO hay modo, no hay forma de decir
este eterno dolor
que nos abisma, que nos enardece
por este hijo nuestro asesinado
por este hermano, hijo y padre nuestro
del cielo aquí en la Tierra.

La muerte verdadera

Endurecí mis ojos para que ya no vieran
más pobreza
acallé mis oídos para que ya no oyeran
más dolor
mutilé mi esperanza para que ya no hablara
más Justicia
emparedé mi alma para que ya no amara
la Verdad
y cuando así maté lo más hermoso
me hice duro caucho
que no sonrió, no amó, ni siquiera lloró
mi propia muerte
porque la merecía
para siempre.

Délmer López Moreno

(Trinidad, Santa Bárbara, 1972)

A esta patria

No se le libera
Ni con palabras de poetas
Ni con guitarras
A esta patria
Con balas
Si digo mentiras
que me parta un rayo
Ayer cayeron cinco
Mañana serán cien,
Luego mil
Y tú o yo
Jugando al escondite
A esta patria se libera
En igualdad de condiciones
Hay que apretar
A ellos, les entran.

**Jorge Martínez Mejía
**(Las Vegas, Santa Bárbara, 1964)

El mar de nuestros días
_
A Manuel Zelaya Rosales, Presidente de Honduras_
Vendremos intrincados, como simples instrumentos salidos del mar, sólo para volver a levantar las piezas de junco, para vernos, blancos o negros soldados, listos para la batalla, guarnecidos y con la mirada puesta en el ejército, en la mirada oficial, en la corona.

Sin rodillas nacimos, y más ángeles se nos juntaron después de la cárcel. Después de miles de horas nacimos hechos ya árboles con frutos, ya calaveras revestidas de sueño, ya sin máscara. Ellos eran el hacha en el cráneo y jugaban con nuestros cadáveres como dados y se disputaban nuestras humildes vestiduras de manaca y hojas de eucalipto. Ellos reptaban por las paredes de nuestra cédula celeste, en el acuario, como antiguas tortugas, y se adherían a la sangre y a la sed que no había muerto, que solamente sufría en silencio el tajo limpio de sus empuñaduras.

Pero volvimos intrincados y sabios en el rastrojo, en el naufragio, en el músculo molusco de los ríos, en el cordón umbilical de la miel y las abejas. El amor es una bruma, nos dijo nuestro Lázaro, pero también es el fuego oculto en la ceniza. En el hirviente verano de aquel año, su manto fantasma forjado en solitario, encontró la forma de metal y de tenaza.

Yo, el vil poeta, también forjé mis imágenes para hacerlas rugir en la guerra, y ahuyenté a las hienas con mi sangre jactanciosa, con mi profundidad, con mis descalabrados dioses.

Volvimos, intrincados y sabios, dispuestos para el mar de nuestros días.

**La convicción del invicto
**
Ellos eran burdos para matarnos, pero nosotros demasiado mansos para morir. No teníamos justicia ni descanso. Sólo nuestra libertad profanada y un derrotero de rebaño habituado a marchar silencioso por el oscuro valle. “¡Oh patria, nos sentimos demasiado tristes y cansados para seguir muriendo!”, dijo un poeta mustio tirado en la hierba. Nuestra mansedumbre fue símbolo del escarnio y de nuestro orgullo extraño. Prisioneros y dóciles ambulamos miles de noches y miles de días infinitos. Por las tardes nos vimos marchando en la inmensa caravana contemplando los pies heridos de los ancianos y las lágrimas en los niños. Nada poseía nuestra gente más que los viejos y raídos sombreros. Las mujeres, acostumbradas a la sumisión y al llanto, no lloraban, su altivez y una inusitada valentía eran la señal más clara de nuestra humilde gesta. ¡Yo vi a nuestro pueblo victorioso en toda su derrota! ¡Le vi andar con un solo pie, descalzo, y vi su casa desvencijada y su cielo claro, y vi su llanto contenido, escondido en sus manos! Nos mataban nuestros mismos hermanos por la vileza del dinero, eran burdos para asesinarnos; pero nosotros demasiado mansos. Un maestro dijo que nuestro pueblo era sabio, que sabría alcanzar su libertad. Y nuestro pueblo luchaba en mansedumbre, sin odio, con la invicta convicción de un viejo árbol.

**Fabricio Estrada
**(Sabanagrande, Francisco Morazán, 1974)

La poesía en resistencia ha levantado en todo el territorio hondureño, un vendaval de versos que confluyen en un solo grito de dignidad herida, pero también, ha llegado como una transparencia que hace flamear, limpiamente, las banderas y las consignas fundadoras de una nación diferente a la conocida hasta entonces.

Pocas visiones han sido superiores en nuestra tierra que aquella donde las palabras emergieron de entre las grietas, sobre los muros, como hormigas furiosas. Pocas veces hubo entre nosotros la necesidad manifiesta de crearle un lenguaje a la mudez histórica, al murmullo y al trepidante morse de los dientes apretados por la furia.

La brutalidad del Golpe de Estado en Honduras no pudo ser mayor. Desde las primeras horas del domingo 28 de junio 2009, el país fue castrado en todas sus comunicaciones y relaciones cotidianas. Se sacaron del aire todos los medios que denunciaban lo ocurrido y se instauró un culto al civismo a ultranza y al folclor como identidad. Las instituciones culturales estatales fueron usurpadas bajo esta visión, al igual que ocurría en todas las manifestaciones de nuestra ciudadanía. La represión señoreó sobre las aguas, pero la poesía se negó a callar.

El pueblo se empoderó del lenguaje poético y lo empuñó para expresarse a través de los pocos medios radiales que aguantaban la embestida. Cuando se opinaba, se hablaba en verso y cuando se quería llorar por el terror, se cantaba. El pueblo hondureño con sus formones, encontró en la poesía su aliento y andamio, se dio cuenta de que su oralidad siempre fue poesía a la hora de reclamar dignidad.

Y fue por ello que las paredes hablaron sin tapujos por medio de grafitis. La procacidad, el exabrupto y las palabras que se hundían como cinceles dieron el tono, la métrica, los pies quebrados, las dulces redondillas del insulto frontal y la piel quemada por el sol de las gigantescas marchas…. No era tiempo para exquisiteces: la palabra iba delante de los y las poetas y había que alcanzarla. Honduras era el poema, su dolor; y nosotros, la letra que se reordenaba sobre el papel manchado, el alfabeto que deletreaba el pueblo con su lengua recién nacida.

**Consigna de los vientos
**
Nada en el mundo
pudo enseñarnos mejor
que la amarga intuición de la herida.

Así es como aprendimos
a saber de la justicia antes que de la ley,
del mar extendido
antes que del río manso que socava nuestras casas.

Preferimos por lo tanto
abrazarnos a las olas
y señalar de frente a los asesinos.

No somos los hambrientos
que se rompen los dientes
con el pan duro de la filantropía,
ni los sedientos
que se atragantan
con la empozada saliva de los discursos.

Hemos llevado las espigas
a las tierras donde todo alimento se multiplica
y donde sobran manos para esculpir la cosecha.
No llegamos hasta las cumbres
para caer de pronto
llenos del vértigo de los cobardes;
no somos quiénes,
no.

A un paso del camino se yergue
el destino que nuestra propia sombra ha señalado.
Como enjambre de nubes, llegamos
al punto
donde todos los inviernos
revientan
en un millón de pájaros
insurrectos.

**Fundación del paraíso
**
Sucede que estamos en inventario.
Estamos desmontando un mundo, estamos desmontando el artificio.
Ocurre que estamos borrando el número de serie y volviéndonos artesanos, llenos del barro de los días, amasados por el golpe, nos estamos haciendo irrepetibles.
Cada cosa, cada concepto es devuelto a una categoría básica y sustanciosa.
Trilobites, sílabas unicelulares: piedra, grito, alma.
Sucede que Eva sacó la cara y Adán la acompaña con su listado de novedades: esto es alegría, esto es tristeza, esto es mañana y esto olvido.
La mirada, los árboles, la hondonada de una herida brutal, ya son otros paraísos los que buscamos, nos hemos hartado de todos los frutales.
Esto es dolo, esto es ángel inverso, esto es flor y esto un hombre desollado.
Ocurre que estamos inventando el tiempo y el sueño debe esperar, con su capa rota el sueño, con sus brillos el sueño, con su descanso mortuorio el sueño.
Hemos abierto -de un solo tajo- el vientre pulposo del bien y el mal y lo entendemos frío, áspero, entendemos que el viento silba nuestros nombres y a él nos entregamos llenos de ramajes.
Sucede que nos sabemos nuevos
y estamos en inventario.

**Francesca Randazzo
**(Tegucigalpa, 1973)

Dónde está el calor
Ese ambiente ligero
Desenfadado
En el que navegabas poeta
Dónde quedó
Sin contratiempos entre el caos
Tu horizonte radiante y azul
Ahora el frío
Descubre los perros, los postes
Los muertos
Los guardias congelados
Cuidando la casa del amo
El hielo
De sus armas
En acecho
Una masa de policías
Levita y fermenta en la noche
Sin color sin palomas
Sin árboles
Sin casas sin esquinas sin callejones
Sólo añicos sólo golpes
Y un reloj
Que marca
El toque de queda

Tierra que se mueve

Perezosa
Tibia
Húmeda
Fuego que late
En la lejanía de los tiempos
Tierra compacta que es
Nuevamente
Espacio de siembra
Lugar de semilla
Imagen que centella
Inquieta
Al borde de la Salvación
Como un soplo
Enceguecedor
El tiempo de
Los dominadores
Relampaguea con su látigo
Hemos sido esperados
Hoy
Día del Juicio Final
Código genético
De un tiempo mesiánico
Gruta llanura
Símbolo que llamarás
Para llenar la ausencia
Presente susurrando
Aún
No
Me
Has
Perdido
Barro
Savia animal
De la historia
Cita permanente
Reclamada en su crónica
Curso marino
Golfo bahía
Corriente que rescatarás de la sombra
Y subirá por tu cuerpo
Y será entre nosotros
Signo de miradas
Lenguaje familiar
Resistencia

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