serafina, la mujer soneto

Por: Julieta García Ríos / Juventud Rebelde / 4 de septiembre de 2004. Yo vengo de estar a solas con el duende que me habita, mi sangre acudió a la...

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Serafina Nuñez

Por: Julieta García Ríos / Juventud Rebelde / 4 de septiembre de 2004.
Yo vengo de estar a solas
con el duende que me habita,
mi sangre acudió a la cita
con su dragón y sus olas.
Yo vengo de estar a solas.
Cancelo nombre y saeta;
vela mi fuego la quieta
noche del duende nombrado,
queden al tiempo ganado

la paz y la luz secreta.

Serafina Núñez. Poetisa cubana, es una de las voces femeninas más poderosas y representativas de la lírica cubana del siglo XX. Recibió en 1995 el Premio Nacional de la Crítica Literaria. Mercedes Serafina Núñez de Villavicencio y Ortiz nació en La Habana el 14 de agosto de 1913. Se graduó en estudios superiores de pedagogía, en la Universidad de La Habana en 1949. Su carrera literaria comenzó de la mano del poeta español Juan Ramón Jiménez, quien la incluyó en La poesía cubana en 1936 y trenzaría con ella una sincera amistad. Precisamente, él sufragaría los gastos del primer libro de Núñez, Mar Cautiva (1937), y prologaría Vigilia y secreto (1942). Después de más de 30 años sin publicar, en 1992 vio la luz el libro Los reinos sucesivos, edición homenaje a la autora. A partir de entonces se destacan las antologías En las serenas márgenes (1998), Tierra de secreta transparencia (2004), y Sonetos escogidos, en edición póstuma. Falleció en La Habana el 14 de junio de 2006.

A Serafina Núñez le ha pasado como a esos seres a los que de súbito le talan su paisaje y no saben qué hacer, cómo inspirarse. “Aquí yo no he podido escribir. No me siento en la unificación de mi desvelo. Es en el secreto de mi casa, de mi cuarto, de mi misterio donde puedo crear”, me confiesa esta mujer de 91 años que ahora habita la casa de su hija, a donde ha ido para ser cuidada después de haberse caído de sus propios pies. Serafina transmite paz. Una paz inmensa. Quince minutos de conversación bastan para tener la sensación de que a ella se le conoce desde siempre. Es agradable conversar con esta mujer que desprende un olor tenue y recuerda la insistencia olorosa de la flores nocturnas. Tumbada en el sofá de la sala de su hija Mercedes, busca en su memoria.

  • ¿Cómo se inició en la poesía?

Con la llegada de Juan Ramón Jiménez a Cuba. Él convocó a todos aquellos que escribían versos, que trataban de ser o creían ser poetas, porque él tenía el propósito de iniciar una antología de poesía cubana.

“En el proyecto participaban Camila Henríquez Ureña y el doctor José María Chacón y Calvo, ambos ayudados por la Institución Hispanocubana de Cultura que dirigía Don Fernando Ortiz.
“Yo tenía algunos poemas hechos y presenté siete de ellos. Cuando nos reunimos con Juan Ramón en el Liceo de La Habana, él me dijo: ‘Usted es poeta, Serafina y le voy a llevar sus siete poemas a la Antología de poesía cubana que vamos a hacer’.

“En la terracita del Hotel Vedado, donde se alojaba él, conversábamos sin que nunca asumiera poses de profesor. Eran diálogos amigables. Hablábamos de España, de poesía.

“Luego vino la publicación de mi primer libro en 1937, Mar cautiva, un libro pequeño, no muy profuso, y para el cual mis amigos me ayudaron, sobre todo Juan Ramón, quien puso de su peculio que en aquel momento era escaso.

“En 1938 llegó a Cuba Gabriela Mistral. Yo asistí a recibirla con todas las personas interesadas en encontrarse con ella y con su poesía. Recuerdo que en la cubierta del barco que la trajo a la Isla estaban las periodistas y poetisas destacadas, con una obra reconocida, y yo me mantuve un poco alejada porque me parecía que aún no tenía trayectoria como para ponerme a conversar con Gabriela.

“Ella me vio y me dijo: ‘Venga acá mi niña; ¿por qué se me retira tanto?’. Tenía en mis manos mi segundo libro que acababa de publicar, Isla en el sueño. Ella lo tomó y me ofreció la dirección de la casa de huéspedes cerca de la Punta, donde iba a estar alojada.

“Gabriela me tomó afecto. Quería que la visitara todos los días. Me escribió una carta que se publicó en la revista Ella en el año 1939. Era una carta que exaltaba, me decía tantas cosas buenas sobre mi poesía, que me sentí muy optimista con lo que estaba haciendo. Ya me sentía segura con la opinión de Juan Ramón. Cierta vez Gabriela me pidió que la acompañara a visitar a Juan Ramón. Él nos recibió, sobre todo a ella, con un abrazo muy cariñoso. Ella le ofreció para los niños huérfanos de la guerra todos los derechos que le dieran por su libro Tala, próximo a publicar. A él se le aguaron hasta los ojos. Ellos fueron muy cordiales en su relación pese a la leyenda que corría la gente de que ellos no se trataban.

“Como es natural yo iba aprendiendo, me iba sintiendo más segura. Después Juan Ramón me prologó mi nuevo libro: Vigilia y secreto (1941)”.

  • Ha expresado que comenzó a tenerle miedo al ambiente literario luego de su cuarto libro, pues la situación política del país propició una mala promoción.

El cuarto libro, Paisaje y Elegía, de 1956, con prólogo de Luis Alberto Sánchez, fue editado en México en las imprentas del periódico Excelsior.

“No era temor como tal lo que yo sentía. Más bien me daba cuenta de que todo el mundo estaba en una especie de riña. Todos estaban tratando de empujar, como aquel que dice, las mamparas de las editoriales.

“Ese ambiente no me gustaba. Seguí escribiendo pero lo hacía en el silencio de mi casa, desvelada, porque siempre he escrito de madrugada. Yo me despierto a media noche. Es cuando me vienen las ideas y escribo”.

  • ¿Cuál es el secreto que existe entre usted y la noche?

Yo siento como si me viniera una inmensa paz al mismo tiempo que se me van forjando en la mente las imágenes y los temas que van a conformar mi poesía.

  • En algún momento ha comentado que estuvo más vinculada a los pintores de su tiempo que a los poetas. ¿A qué se debió esto?

No es precisamente más vinculada sino que tenía más amigos pintores que poetas. Aunque yo era amiga de Florit y de Ballagas, y de Justo Rodríguez Santo, mis encuentros con los pintores eran más frecuentes. Yo visitaba el círculo de Bellas Artes donde ellos concurrían. Allí conversábamos sobre pintores, poetas y poesía.

  • ¿Cómo es su relación con Fina García Marruz y Cintio Vitier?

Desde que nos conocimos sentimos simpatía. La nuestra ha sido una amistad de siempre, porque supimos ajustarnos a las circunstancias que nos habían hecho integrar el grupo de amigos de Juan Ramón. Sin alabanzas ni fatuidades, pudiéramos decir que para mí Fina y Cintio son el matrimonio modelo del movimiento intelectual cubano. Ellos son dos en uno.

  • Tengo entendido que usted modeló para que Valderrama pintara una de las imágenes de los óvalos de la sala del Hemiciclo del Capitolio. ¿Es cierto?

Sí. Fue exactamente en el mismo círculo de Bellas Artes. Valderrama, relevante artista que dirigió la Academia de San Alejandro, trabajaba con mucha celeridad. Me pidió que quería pintarme el torso, más bien la cara.

“Después un pintor que decoraba las iglesias americanas de origen alemán, quien residía en el Hotel Inglaterra, también me pidió que le sirviera de modelo y acepté. Pero cometí la tontada de estar una semana sin preguntarle cuándo se marchaba, de modo que partió y no me dejó el retrato”.

  • ¿Qué encontraban en su rostro?

Bueno, decían que yo tenía el rostro de la cubana típica, de la clásica trigueña. No usaba espejuelos en aquella época…
Era presumida…
Sí, es verdad que era muy presumida. Puede que eso no sea bueno, pero lo fui.

  • ¿Lo sigue siendo?

Se hace como una costumbre en uno…

  • Vivió más de tres décadas sin publicar a pesar de que nunca dejó de escribir. ¿Por qué?

Un poco de desaliento por problemas familiares y amorosos. Y otro poco porque el ambiente no me parecía propicio. No me gustaba cómo se estaban desarrollando las cosas. Después Luis Suardíaz tuvo el gesto de buscar mis poemas y hacer una pequeña antología publicada en 1992. Desde ese momento volví a incorporarme al mundo literario. Luego, cuando escribí Vitral del tiempo, me otorgaron el Premio Nacional de la Crítica en 1996.

  • ¿Qué significó eso para usted?

Darme cuenta de que efectivamente yo estaba con mi voz independiente en una buena ruta de poetas. Porque influencias siempre tuve de la época. Pero a pesar de eso mi voz es más bien diferente.”En cuanto al soneto, Fina dijo una vez: ‘Serafina es la mujer soneto’. La dedicación al soneto no es muy corriente”.

  • ¿Por qué dice eso?

El soneto es una cosa muy difícil. Hay que encerrar en los 14 versos un pensamiento y darle un acabado para no dejarlo abajo.

“Te pongo un ejemplo: cuando yo trabajaba en la escuela pública de Guanabacoa había un pozo. Estaba seco. En su brocal se paraba un pajarito que en mi mente yo me lo representaba como un ruiseñor. Y así le llamé. El ave miraba para mi aula y cantaba y cantaba. Así surgió en el desvelo de mi noche el soneto A un ruiseñor amaneciendo.

  • Volviendo a las casi cuatro décadas sin publicar. ¿Qué es el silencio para el poeta?

En realidad no sentí el silencio porque me expresaba aunque no fuera a publicarlo. Sabía que en algún momento podría compartirlo. Tenía esa esperanza.

  • Es Serafina una poetisa reconocida pero no muy conocida…

Soy persona de meditación más que de barullo.

  • ¿Cuál es su concepto de la poesía?

Es como el ala de un pájaro, muy suave, que nos toca la frente y nos hace sentir plenos.

  • ¿Y de los poetas?

Personas muy sensibles y muy admirativas de su Patria, de la luz, de lo hermoso de la vida. Aunque sufran muchos fraudes y muchas ilusiones se desvanezcan, y muchas heridas duelan.
¿Qué es la Patria para Serafina?
El lugar que no puedo olvidar nunca. Donde me siento participante de todos sus secretos, sus misterios y su lucha.

  • Cierta vez aconsejó a los poetas jóvenes que entraran en sí mismos…

No creo que en los alrededores puedan encontrar la fuerza que tiene que guardar la poesía. Si no te sientas un rato a pensar, a meditar, a estudiar tus sentimientos, lo que tú harías, cómo podrás seguir adelante.

  • Para usted los principales temas del hombre son el amor, la muerte y la vida en general. ¿Por qué?

El amor hace la vida grata porque da la sustancia que la vida necesita. La muerte es irremediable; no somos dueños de nuestra vida, Dios dispone y en un instante la perdemos. “La vida de cada Hombre es un precioso recinto que guarda el secreto que a veces no concebimos que puede ser belleza, bondad, inteligencia, creación…”.

  • ¿A la altura de sus 91 años puede decirnos cuál es la mejor manera de llevar la vida?

Teniendo comprensión para todos, creyendo en nuestras propias fuerzas, y tratando de ejercer una influencia benéfica sobre los demás.

  • ¿Si preguntara quién es Serafina Núñez, qué me diría?

Una mujer soñadora que vivió soñando y sigue soñando.

A un ruiseñor amaneciendo

Dulce señor del reino que enamora
inventando la estatua del desvelo
por el agua sin fin donde ya es vuelo
la partida granada de su aurora.

_

¿Para la alcoba de qué dios implora
el herido diamante de ese cielo
goteando en tu garganta?…¿Qué alto
tu canto muda en brasa, y fluye y dora,

alba perfecta en música inaudita,
y sostiene las ideas del rocío
y detiene la muerte a su albedrío?

_

Un ángel en tu voz alza su coro
y en las serenas márgenes habita,
en pura nieve derramado oro.

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