¿somos surrealistas los cubanos?

(A propósito de un documental).

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(A propósito de un documental).

Por: Pedro López Cerviño.

” Para poder descubrir América, Colón
tuvo que iniciar el viaje en compañía de locos”.

André Breton.

Manifiesto Surrealista 1924.

Introducción.

(O sea, penetración del tema).
El año en que Breton da a conocer su Manifiesto pudo haber sido decidido en el cartucho de Tristán Tzara cortados sus dígitos uno a uno. Pues fue en 1492 cuando suele convenirse por las oficialidades seculares el año del “descubrimiento”. Protagonista del hecho: Cristhoforo Colombo Fontanarrosa, de quien se dice y discute, como buen surrealista al fin, que bien pudo nacer en Génova, Catalunya, Mallorca, Jerusalén, Gaza, Galicia, Castilla, Extremadura, Córcega, Francia, Inglaterra, Grecia o Suiza…

Fueron entonces 90 locos los que los hermanos Pinzón le reclutaron, a saber, en los más diversos manicomios para que pasaran a hacer psicoterapia entre jarcias, mástiles y trinquetes, proas y popas, estribores y babores.

Tal vez lo que quiero decir es que desde la misma conquista y desde antes, el espíritu del archipiélago cubano, conquistado sí, pero jamás descubierto por nao alguna española, ha estado signado por aquello que es doblez de lo real. ¿O qué cosa son si no los extraños círculos concéntricos de la Capilla Sixtina del Caribe (así llamada por los dibujos rupestres de las Cuevas de Punta del este en Isla de Pinos) cuando los rayos del sol filtrados en apretado haz por la hendidura marcan una dimensión cósmica?

André Breton, el precursor del ismo, fue su defensor acérrimo, el trazador de cánones, el que descorrió el manto de un espíritu cobijado en el hombre desde su mismo devenir y dijo: …los peces solubles… luzca el cielo o esté negro el cielo, jamás dormiremos… un diario blanco del azar… (1)

(1) Del Manifiesto Surrealista.

Supuestamente así, iniciaba un movimiento artístico literario que prescindiría de cualquier idea lógica, estética o moral en la expresión de pensamientos o sentimientos.

Desarrollo.

(Es decir, entrando en materia).

Lo surreal es consustancial al ser humano. En una profunda cueva, en el mismo firme del macizo montañoso del Rosario, de la zona occidental de Cuba, una jutía gigantesca se apresta a ser cazada por un hombrecillo, hecho de rascaduras de buril, en las paredes frías de la gruta. Esta antiquísima pintura rupestre nos da la vocación dimensional del hombre y sus ancestros por el sueño cubano. La otredad. El doble filo. Lo que es y no es al mismo tiempo. Lo dual.

La cubanía, la cubanidad, lo cubano, como queramos llamarle a ese proceso dinámico e inacabado, en constante cambio -adiciones, sustracciones-, es algo así como el espíritu de la gente común. Aquello que signa y nos distingue como gente en el amplio concierto de caracteres e idiosincrasias.

Alguien me contó cómo se hizo la escultura de Ubre Blanca, aquella famosa vaca lechera de la comunidad de La Victoria en Isla de Pinos, proclamada a la sazón como triunfo inobjetable de la biogenética cubana en los años ochenta, que daba más de cien litros de leche diarios y que tenía un veterinario, al que decían doctor Yoyi, las venticuatro horas solo a su servicio. Estatuas parecidas no faltan en el mundo, ya sea la un perro que cuidó la tumba de su amo hasta la muerte o la de la mítica sirenita de Andersen. Qué hay de surreal en hacer la estatua de un animal o de un medio animal.

Pero quizás más sorprendente que el cincelado en mármol a manos de Abelardo Hechavarría y Luis Ruz, sea el hecho de las visitas reiteradas a la res del entonces presidente cubano, aquel que hizo llorar con su sinceridad proverbial a los pobladores de la provincia de Cienfuegos cuando anunció que la construcción de la Central Electronuclear quedaba interrumpida para siempre.

Un recorrido por la Cuba Profunda alejado de los circuítos turísticos nos mostraría una especie de cultura cubana de la resistencia que explicaría de algún modo la invulnerabilidad al sometimiento global tan tangible en estos tiempos.

Esta excursión –o más bien incursión- por las venas mismas de la nación nos llevaría a un viaje que, más que surreal, yo calificaría como real-maravilloso. A bordo de una ortopédica, destartalada y poco victoriosa guagua (aunque lleve el simbólico nombre de Girón) en vez del confortable Marco Polo refrigerado, veríamos gentes luchando por la sobrevivencia, que trascienden lo que comúnmente llamamos realidad, como un modus operandi en el que les va la vida.

Pero sería pernicioso en tal proyecto mostrarnos a los cubanos pintoresca y folclóricamente, como pequeños animalitos de raza, bien domesticados para servir de grupa a turistas buscadores de exóticas motivaciones. O sencillamente surrealistas a ultranza. Después de todo somos reales-maravillosos. Eso quiere decir algo así como los ingredientes del sustancioso ajiaco que somos los cubanos culturalmente hablando.

Conclusiones.

(Algo así como: esto se está acabando).

Muchas son las circunstancias reales en las que se desenvuelve el cubano: un médico subyugado por la antropología que guarda una momia en su casa ante el peligro que se pierda tal pieza de valor patrimonial, un agente de seguridad que, bajo sol, lluvia y sereno de la noche, cuida no roben otra vez las gafas a la estatua del beatle John Lennon, un domador de bueyes que se gana la vida con los turistas haciendo que se hagan los muertos ante la voz de mando o, sencillamente, la práctica de las religiones populares que trascienden lo místico y entroncan en lo filosófico. El cubano se las agencia para sobrevivir, y en esa cuerda floja asume roles impredecibles en el duro oficio de vivir asaetado por las pasiones, los sueños, las premoniciones.

Pero, ¿es que carece de idea lógica, estética o moral la construcción de lo cubano? ¿Somos surrealistas los cubanos por haber consignado en la aduana la entrada al país de una momia egipcia como carne salada ante la tozudez de un funcionario colonial? ¿Lo somos por el ejercicio del espiritismo Kardecsiano, cruzado o de cordón? ¿Por unos bueyes amaestrados? ¿una termonuclear abandonada? ¿un viejecillo guardián que cuida a Lennon?

Entonces lo son también los pueblos que se diseminan por la faz del planeta. Y así es. Nada universal nos es ajeno. Somos surrealistas si de eso se trata. Hermanos menores del viejo André.

Pero luchando por nuestros sueños.

Que así sea.

[palabralink]Pedro López Cerviño

Poeta, y promotor cultural, Santiago de Cuba 1955. Miembro de la UNEAC.

Es miembro del Comité Organizador del Festival Internacional de Poesía y miembro del Consejo Editorial de Colección Sur. Guionista del programa televisivo Para Leer Mañana del Canal Educativo.

Ver poemas y biografía de Pedro López Cerviño en Palabradelmundo[/palabralink]

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