ante la muerte de fernando martínez heredia

Estimados colegas de la Asociación de Escritores:

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Estimados colegas de la Asociación de Escritores:

Hemos  sabido del fallecimiento del destacado pensador marxista cubano Fernando Martínez Heredia.

Su ejecutoria intelectual es insustituible en la hora actual de Cuba.

Su vocación guevarista lo dotó de una gran riqueza  y hondura en su quehacer teórico y su acción revolucionaria.

Él como nadie entre nosotros pudo interpretar la enormidad del legado del pensamiento de Fidel y el Che en el ensanchamiento de la práctica revolucionaria en las condiciones de Cuba.

Esta mañana hemos leído un conmovedor texto de Omar Valiño.

Sus palabras expresan el estupor y el duelo que nos embarga.

Lo compartimos con nuestros colegas “como testimonio de nuestro dolor y la admiración ante la muerte de Fernando Martínez Heredia”.

Mañana martes a las 2 de la tarde podremos rendirle honores a nuestro eminente camarada, en la funeraria de Calzada y K, en el Vedado.

Le llegue a sus familiares y amigos el hondo pesar de los escritores cubanos.

Presidencia de la Asociación de Escritores.

Fernando, el centro en el rojo.

Por: Omar Valiño.

El sms de mi compañera me atraviesa el corazón, me resisto a creer la noticia. Tengo abiertos todos los sitios digitales que reviso cada mañana y no la encuentro. El dolor me empaña los ojos y veo peor. Me esperanzo en un error. Pero llamo a un amigo y me confirma que “es dolorosamente cierta”. Ha muerto Fernando Martínez Heredia.

A lo largo de muchos años conversamos, intercambiamos en eventos, juntos viajamos alguna vez. Ello solo puede explicarse por la absoluta naturalidad de Fernando, por la altísima valoración que daba a la comunión de ideas, sin importar edad, origen, pertenencia. Bromeaba siempre sobre nuestro común origen villareño. Nunca supo cuánto lo admiré, cuánto lo quise. O quizás sí, tal vez lo vio en mi mirada, lo percibió en mi energía, en esas formas de comunicación que huyen de las palabras.

En 2011, escribí:

Escuchando a Fernando Martínez Heredia en el hermoso acto que la Asociación Hermanos Saíz nos regaló el pasado 18 de octubre por su 25 aniversario, tomé conciencia de un texto que he dejado involuntariamente en el tintero (…)

Aunque versa sobre la última edición de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa, en realidad se inserta en las mismas preocupaciones enunciadas de manera formidable por Martínez Heredia en el discurso con que agradeció, en nombre de seis premiados, la justísima entrega a ellos de la condición de Maestros de Juventudes.

No pretendo, en lo absoluto, competir con Fernando, a quien originalmente ya había dedicado, junto a otros, dicho texto y cuya extraordinaria coherencia intelectual y política, acompañada de la visión más integral sobre la futuridad de Cuba, son para mí una brújula diaria.

Ante su muerte, poco tengo que agregar a ese último párrafo, con excepción de unas palabras suyas  –leídas precisamente en estos días–, que lo retratan tanto como él describió a su amigo François Houtart, fallecido hace poco, y enuncian el centro vital de su comprometida lucha intelectual:

(…) François posee una sencillez y modestia verdaderas, rasgo admirable en quien ha descollado tanto por sus labores intelectuales.

Cuando asumamos de verdad el desarrollo y la socialización de las ciencias sociales y el pensamiento social, esa tarea tan urgente que no debe seguir siendo pospuesta, la obra de Houtart será uno de los aportes señeros que más podrá ayudarnos, en cuanto al acierto en la elección de los temas de investigación, la sabia utilización de los más diversos instrumentos para indagar, una transdisciplinariedad verdadera, una epistemología marxista eficaz y ajena a los dogmas, resultados concretos de enorme valor para el conocimiento, férrea unión de ciencia y conciencia, servicio a las causas populares y un compromiso consecuente de militancia y de crítica al mismo tiempo.

Su muerte es temprana, no tanto por edad y por una existencia cumplida, como por la renovada luz de sus ideas que no tendremos en medio de las álgidas discusiones y definiciones de hoy. Marxista de veras, martiano y fidelista, revolucionario hasta el tuétano, de fe, palabra y obra, su prédica deberá ser mejor aprovechada que lo que, siento, lo aprovechamos a él en vida. Sea ese el mejor legado de su sobrevida.

Honor a Fernando Martínez.

Por: Julio Carranza.

Falleció Fernando Martínez!!!! que noticia más impactante, inesperada y triste!!!, hace un par de días leí su texto sobre F. Houtart, como imaginar que íbamos a recibir esta noticia ahora!

Muchas de las cosas que con mucha razón Fernando dice allí sobre Houtart, sobre su compromiso social y político, sobre su honestidad intelectual, sobre la importancia de su obra valen ahora para sí mismo, de esa estirpe era también Fernando…..gran vacío!

A Fernando lo conocí en Managua, Nicaragua en 1982, por aquel entonces él era Consejero cultural de Cuba, responsabilidad dese la cual realizó un importante trabajo. Al poco tiempo de su estancia allí más que un diplomático era un importante integrante de la comunidad intelectual revolucionaria nicaragüense e internacional que se reunió por aquellos años en ese país para apoyar a la naciente Revolución Sandinista a la vez que estudiar su historia, características, contradicciones y desafíos (como el mismo explica fue en esa ocasión que conoció a F. Houtart) .

Yo tenía entonces 23 años y recién comenzaba a trabajar en el CEA, ya para entonces Fernando tenía una trayectoria y un prestigio que le daban un lugar de primer orden en las ciencias sociales cubanas. Ya sabía yo, a pesar de toda la incomprensión y silencio que durante años hubo sobre eso, de la tremenda importancia que había tenido el Departamento de Filosofía de la Universidad de la Habana y su revista Pensamiento Critico y el muy destacado papel que Fernando había tenido en ella.

Durante aquellas estancias en Managua conversé mucho con Fernando, quizás porque el reconocía que yo venía de una institución donde estaban sus viejos amigos y compañeros del Departamento de Filosofía Juan Valdés, Ilia Villar, Rafael Hernandez, Aurelio Alonso aún no estaba en el CEA, pero era entonces un amigo muy cercano a quien yo ya apreciaba mucho que estaba en el Centro de Estudios de Europa Occidental (lugar donde también había estado Fernando) los dos Centros compartían entonces dos alas diferentes de un mismo edificio en la Calle 3ra de Miramar.

Un par de años después Fernando regresó de esa misión y fue a trabajar también al CEA, quizás porque ese era entonces su lugar natural, estudiamos America (que también era su pasión) y allí estaban sus viejos amigos de tantas batallas, de tanta confianza, de tantas alegrías y de tantas tensiones (después vendrían otras que pasamos juntos).

En el CEA Fernando se convirtió rápidamente en uno de sus referentes, con él las numerosas sesiones de trabajo se volvieron aún más cultas y más intensas, para la nueva generación que estábamos allí esa fue una gran escuela, después llegaron Aurelio (luego de una misión diplomática en

Francia) y finalmente el queridísimo e inolvidable Hugo Azcuy. Lo que somos hoy todos esos ya no tan jóvenes (Alfredo Prieto, Pedro Monreal, Luis Gutierrez, Lourdes Regueiro, Alfredo González, Ernesto Rodriguez, yo mismo,

etc) que tuvimos la suerte de estar entonces en esa institución, se lo debemos en gran medida a estos entrañables y brillantes compañeros y compañeras, entre ellos Fernando Martínez!

A mediados de los 80 ya todos estábamos allí, Luis Suarez era el Director labor que realizó con una dedicación absoluta. Fue la época del proceso de rectificación, etapa que levantó esperanzas, dudas, polémicas y horas y horas de debate, la nueva situación en Cuba, las tensiones de la economía y el desafío que llegaría inmediatamente después con la desaparición de la URSS y el campo socialista colocó el tema de Cuba en el centro de la atención de la  institución,  en un momento de tal complejidad como aquel, no podía ser de otra manera para un grupo de académicos sensibles y comprometidos con su país con su historia y con su futuro. Creo que fue una época intelectualmente muy fecunda, no todos pensábamos igual acerca de cómo interpretar y enfrentar la nueva situación y tremendos desafíos que se le presentaban a la Revolución esto animaba, profundizaba y hasta tensaba los debates entre nosotros (los diferentes puntos de vista se pueden apreciar en los textos que escribimos y publicamos todos en aquellos años) pero sí compartíamos el mismo compromiso con el socialismo y lealtad política a la Revolución. Fernando fue un notable impulsor de aquellos debates, los alimentaba con su erudición, con su pasión, con su afecto. De esa etapa es su importante obra sobre el Che uno de cuyos títulos recibió muy merecidamente el Premio Casa de las Américas.

En esa época decidieron unir su vida Fernando y una entrañable amiga y también gran intelectual Esther Perez, creo que esa relación los enriqueció mucho a los dos.

Después con el CEA vino lo que vino (eso merecería otras reflexiones pendientes), todos nos fuimos a otras instituciones, la figura de Fernando creció más aún como referente del pensamiento académico y político cubano, no importa desde que instituciones lo hizo, ya entonces Fernando estaba por encima de las instituciones, aunque tengo las referencias de que hizo un gran trabajo en el Centro  Juan Marinello y de su continua dedicación a la formación de jóvenes.

Hace pocos años se le reconoció con el Premio Nacional de Ciencias Sociales, como después a Aurelio y a Juan!, (me atrevo a decir que tal vez después venga Rafael) nombres que prestigian mucho a Cuba y que llenan de orgullo a los que con toda razón nos podemos llamar sus alumnos!, y más que sus alumnos sus hermanos “ciencia y conciencia” diría Fernando!

En estos últimos años vi más esporádicamente a Fernando pero siempre seguí su trayectoria. Hace un tiempo conversamos mucho en la Ciudad de México, aprecié mucho la intimidad y el afecto del diálogo, me comentó que había estado enfermo pero que ya estaba recuperado, hablamos de Cuba, de América Latina, de las familias, de los amigos de nuestra historia común, fueron varios días de diálogo muy grato, como siempre que hablaba con él aprendí nuevas cosas, lo sentí muy motivado con todo lo que estaba haciendo y escribiendo entonces. Nunca imaginé que era el último diálogo extenso que tendría con él, después lo encontré  varias veces en La Habana pero fueron encuentros breves, sin que faltara el abrazo cómplice y fraterno.

Con mucho dolor he recibido esta noticia, siento no estar en estos días con todos sus (mis) amigas y amigos ahí.

De Fernando queda su obra y su ejemplo, a los que fuimos sus amigos y compañeros de trabajo nos quedan además mil anécdotas y el recuerdo de un hermano.

Gracias Fernando y como dirías tú “hasta siempre”.

Julio Carranza.

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