la poética de julia gil
(Yolanda Ricardo, Cuba)

(Yolanda Ricardo, Cuba)
De Tenerife, la isla que vio nacer a la madre de José Martí, el Héroe Nacional de Cuba, el intelectual revolucionario de talla universal, es también una poetisa muy especial: Julia Gil López. Si con pocas palabras -lo que es bien difícil en materia poética- pudiera caracterizarse de modo abarcador el arte de Julia Gil, habría que referirse ineludiblemente a su emotividad como modo de decir y a la solidaridad entre sus temas prioritarios. Sus inquietudes humanistas despegan desde la adolescencia, pero será en la década de los noventa, cuando ya en la madurez comienza a publicar sus textos, que el ímpetu de justicia social la convertirá en una escritora militante de la lucha por la paz y en la defensa solidaria de los pueblos y de los seres humanos: inmigrantes que se lanzan al mar en busca de destinos inciertos, el pueblo saharaui, el palestino, el yugoslavo, el cubano. Asimismo, otros temas dimensionan su humanismo desde su irrupción poética hasta sus libros más recientes: el de relatos que tituló Once trapecios al trasluz (2010) y su último poemario Remando travesía hacia la paz (2011).
Los poetas con el paso del tiempo vuelven sobre sus primeros versos. Y con frecuencia quieren rehacerlos o no verlos de nuevo. Con Julia Gil esto no podría pasar, porque su poemario Tiempo de pasión. Tiempo de destrucción (1999), con el que inicia sus publicaciones, es absolutamente definidor. De él partirán líneas que marcarán el paso de su poética en pleno compromiso con los que padecen la injusticia de cualquier modo, y en particular los que son las eternas víctimas de la explotación o de los rejuegos de la política de los hegemonismos. En esto no falta su crítica acerba contra el consumismo que aniquila voluntades y personalidades a la vez que llena los bolsillos de los poderosos.
Resulta revelador que “Tiempo de pasión”, la primera parte de este poemario, encuentre su imaginario en una Semana Santa sevillana cuando los clamores de la religiosidad popular se mezclaban con las inquietudes líricas, allí donde “La luna llena tiñe plateada/ la cabellera suelta de esta ciudad descalza/”. Reaparecerá entonces su coincidencia emotiva y poética con los condenados todos de este planeta, avasallados por el poder del dinero. En el poema “La peregrinación entre las llamas” acusa sin equívocos posibles: “los tremendos ladrones,/ los refinados asesinos/ no están aquí./ Están cerca del reino de los cielos./” . Y en otro poema más adelante remarca: “El verdugo es el oro del Poder”/ o cuando dice “y ni siquiera apenas se distingue/ al mismísimo diablo/ siempre en campaña electoral”.
Y el condenado sigue condenado. No queda más que repetir con la poetisa: “Padre, ¿por qué? ¿no existes?”/
Es la guerra desatada contra Yugoslavia, como confiesa la propia creadora en el final del poemario, la triste inspiradora de la segunda parte: “Tiempo de destrucción”. Se suceden las pesadillas con las miradas desde dentro ante tanta arbitrariedad militarista porque en su decir “Los que mandan, mandan”. Contra la desinformación –o por qué no la indiferencia egoísta de los poseedores de riquezas- claman los versos que con estilo coloquial denuncian: “Nuestro país está en la guerra/ pero nosotros no nos enteramos/”. Cierra el poema un verso alertador: “Hasta que vengan por nosotros mismos”/. Es una realidad inapelable en la que se queman los sueños y hasta la destrucción se convierte en negocio, como afirma la propia poetisa.
Varios otros títulos integran la trayectoria de Julia Gil, quien alterna versos con narraciones: novelas, cuentos, poemas de vuelo mayor. Una suerte de relato autobiográfico en versos es su libro del 2000 Grabados en mi infancia. La cotidianidad exige su espacio y va apareciendo poetizada en sucesos, remembranzas, todo el mundo interior de la creadora desde la inspiración que le trasmiten sus recuerdos de infancia, etapa que le permitió gozar y retener “la aventura de escapar”, quizás, a veces, en forma de “paloma salvaje”, liberada, liberadora. Se van sucediendo las imágenes: la del padre que retorna de la guerra y que más tarde la acompaña a las estrellas y le presenta las constelaciones; Agustinillo, el loco de “estirpe pescadora”; los burros cascabeleando; un perro amado; un caballo inolvidable; la estancia enriquecedora en Candelaria; el despertar al erotismo.
Es un acento poético distinto al anterior. Así, fluye de forma recreada una realidad que se vive de modo diferente, con nuevas fuerzas y con un sentido mágico renovado, el de la memoria no el de la vida en su tiempo real, el que existió en otro momento, pero vida en sí misma, como en cada confín del universo en que la sensibilidad rige los destinos para convertirse en versos. En todo el poemario la sencillez lingüística de Julia Gil preside la expresión y entrega en una dimensión original lo que es común al ser humano, no importa la latitud de su existencia.
En 2003 volverá a la memoria autobiográfica en idas y venidas de mujer insular, viaje y retorno con una larga estancia en la región feérica de La Laguna. Es su obra Vuelo, posada, remanso. La confidencia más íntima se ofrece como para descifrar sus enigmas en los tres momentos que define el título: el vuelo, la posada y el remanso. Su vuelo parece arropar un deseo: integrarse al amor de la niña -¿una de sus hijas?- de tal forma que comparta su propia infancia y sus sueños. Este deseo se hará omnipresente en otro poemario posterior aún inédito, que dedicará a una de sus nietas con una ternura que recuerda al Ismaelillo de José Martí.
En el poema “Ladera”, uno de los de mayor aliento poético, sin abandonar el estilo coloquial y a veces apostrófico, parece producirse un diálogo con su otro yo, las múltiples vidas por vivir: Juana de Arco, la musa, la partisana, la bruja, la seductora, la princesa olvidadiza, “una muchacha en forma, un espíritu puro”. Un arcoíris de posibilidades que se verá coronado por un ideal: raíces en el surco y los cabellos en las nubes, tierra y sueños.
La sección “Posada” es el continuo retorno a lo cotidiano integrado a cada fibra del ser y del regocijo espiritual. Los objetos del hogar, los espacios públicos, la lluvia, el sol, la tormenta y la luna de ensueños que penetra cada rincón del vivir. En “Remanso” identifica por su nombre La Laguna y la convierte en un poema, breve, muy breve, pero sugerente que abre la sección en la que la ciudad y sus personajes protagonizan los momentos recreados por la poetisa entre lo plástico de sus visiones y sus inspiraciones.
En 2004 Julia retoma temas como el dolor y la solidaridad. Publica De olvidos y de existencias, obra surgida de sus angustias ante las vicisitudes y la muerte que padecen los inmigrantes que toman el camino del mar. Más que un libro de elegías por el desgarramiento humano -a veces de inspiración que recuerda a Vallejo- es un grito de impotencia, de denuncia que no pretende ser panfleto, sino que como diría el crítico Juan Cruz Ruiz, viene a ser un manifiesto. Se trata de una obra realmente plural en sus formas elocutivas. Tan pronto se reconoce al sujeto lírico con su dolor humano por tanta injusticia consustanciada a los inmigrantes de África que logran alcanzar suelo canario con alguna embarcación (“patera”), así también hablan las múltiples voces desde otros ángulos, las de los propios supervivientes que ven laceradas sus identidades de origen con el nuevo modo de vida que les impone la sociedad del capital. Son ellos precisamente quienes evocan con nostalgia sus bienes pasados: “He perdido mis montañas mágicas/ mis lagos misteriosos/mis cálidos mamíferos/ y hasta mis fieras/ Y todos ellos me han perdido a mí.”/ Tanto han dejado de ser cada uno de ellos y ellas, de tal modo les han enajenado su esencia, que se han perdido para sí mismos, ya no mueren porque no existen. El poemario cierra como exhortando a un mejor destino para todos.
Tras haber publicado en 2006 Como tú eres así, su primera novela, en la cual da continuidad al tema de la vida cotidiana, sale a la luz en 2007 con el coauspicio del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, el poemario Ciudad de espumas. La atmósfera citadina se adueña de nuevo de la inspiración de la poetisa. Emergen las evocaciones de otros tiempos, básicamente de su vida infantil, y la interiorización de la naturaleza, insular por encima de todo, con la omnipresencia del mar en su fuerza y su belleza. Desde el Puerto de la Cruz se multiplican sensaciones, reflexiones, emociones, convertidas en corpus literario a través de la descripción y el relato.
En 2009 publica su poemario Ruta de las setas. Su prologuista Félix J. Ríos, presenta el libro desde lo formal en cuanto a que la poetisa escogió el haiku japonés, la composición más corta usada en la poesía japonesa, con diecisiete sílabas agrupadas en tres versos alternos de cinco, siete y cinco sílabas. Ofrecer el mensaje poético en tan corto espacio constituyó un verdadero desafío. Pero Julia Gil lo logra y entrega sus imágenes y realizaciones poéticas como chispazos de estremecimientos, a la vez que provocadoras en lo reflexivo y en la dimensión ética. Es como una vuelta a temas anteriores: la naturaleza con predominio del mar y el viento, la vida cotidiana, la ciudad. Pero con un rigor en la innovación formal que llama la atención ineludiblemente, sin abandonar su compromiso frente al mundo, al ser humano, y su fuerte crítica frente a la ignominia que ese propio mundo le muestra. Por esa ruta ofrece poemas reveladores, los antibélicos y los que evidencian la fuerza del instante lírico como cuando dice “descifrar los calados/ de los silencios/. Y su ruta creativa evidencia el arribo a una indudable madurez poética en la que coinciden la expresión lírica y la sabiduría humanista.
Con Remando travesía hacia la paz, su última obra, Julia Gil subraya para todos los tiempos, desde sus posiciones antibélicas, su enérgica entrega a la justicia en defensa de los desamparados del planeta. Reúne, como ella bien dice, tres momentos: “Tiempo de destrucción”, de su primer libro (1999); el que recoge la voz de los palestinos en “Al otro lado del dolor” (2008-2009), sobre los bombardeos a Gaza; y el tercero, “Puntales y faros” (2010), dedicado a los saharauis víctimas de la represión marroquí. Para ella se hace realidad recurrente la que ya había anunciado en el poema XXXIII en De olvidos y de existencias: “Todos necesitamos encaminar el corazón”.
Julia Gil nos está tocando a la puerta con sus versos. Escuchémosla.
La Habana, 11de febrero 2012.
Seguir leyendo

falleció la poetisa cubana carilda oliver labra
Su cadáver será cremado y sus restos se expondrán en la casona de Tirry 81, escenario donde concibió su obra literaria y el sitio que conserva infi...

nuestra américa en la revista isla negra a través de sus poetas (agosto 2018)
http://revistaislanegra.wordpress.com

otras invitaciones de la asociación de escritores y ediciones unión
Estimados colegas