para un canto al comandante

Artículo recuperado del archivo histórico.

··2 min de lectura

¡Viva la Humanidad!

FIDEL CASTRO RUZ

Facultad de Derecho, 2003

Habría de algún modo que juntar

todas las noches,

las despedidas, los ayunos;

también los insomnios, las grietas

y las fiebres,

acuerdos, desacuerdos, pero,

por sobre todo,

el nervio y la pureza de quienes

estos años largos

dieron todo y no pidieron nada

–sólo acaso una brisa, para que

la hora

no quedara en agua de borrajas

o en olvido–.

Toda la savia, los ojos, las

miradas,

cuando apuntaron con claridad

al horizonte

cerrado, herido,

o confuso.

Y aun más: el ondular, cavilar

y tronar

de nuestros ríos,

y toda la fuerza de mil brazos,

un mar de brazos,

en su destino y su oleaje,

y todos los bordes y fondos

espesos de desdicha,

y los viejos, legendarios caminos

–Tupac, Simón,

Martí…–

y los que también ya son aire

común y son historia

–Sierra Maestra, La Habana,

Playa Girón, el Che…–,

y los caminos nuevos, y los que

ahora mismo,

paso a paso, se estarán haciendo

sobre el arduo desierto

o la subida,

y pensar, enhebrar, así

como sentimos,

respiramos,

un canto al Comandante,

un canto silvestre,

con las ramas, hojas y flores de

las horas,

con todos los brillos de la vida

y de la historia

que nos tienen de pie

por un mundo

de aire soleado

y de belleza. Un canto de hecho,

que a veces siento ya fue escrito

en los años

y todos guardan y saben de

memoria.

Eduardo Dalter,

Buenos Aires, abril de 2006

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